13/05/2020
Articulista Invitado

Un londinense en La Paz y el coronavirus

Felipe López A.
Felipe López A.

Hace un tiempo llegó a visitarnos a La Paz nuestro hijo político desde Londres, Inglaterra. Fanático del futbol, se hizo hincha del club Bolívar. Su llegada fue oportuna porque justo tenía que llevarse a cabo un partido importante y nos hizo conocer sus ganas de ir a ver a su nuevo equipo. Era un día soleado y el partido se llevó a cabo en horas de la tarde. Le pedimos que usara un buen bloqueador solar y una chamarra que lo protegiera de nuestro particular clima.

No quiso hacernos caso, el día se mostraba radiante, un sol a pleno y ni señales de lluvia. Nos convenció y salió de la casa acompañado de mi hijo, quien más conocedor del tema, sí llevaba la indispensable crema y un sombrero. Ganó el equipo y volvieron a la casa después de estar expuestos a más de tres horas de un radiante sol paceño.

Pasaron unas dos horas mi hija nos llamó desde su habitación y pudimos ver el problema: nuestro londinense yacía sentado sin poder moverse, más quemado que pan olvidado en el horno. Tenía un color rojizo tirando a marrón y dolía de solo verlo. Mi hija lo bañó en remedios caseros y pomadas para las quemaduras.

Dejemos a nuestro inglés con su experiencia ingrata y pasemos a otro tema que verán que viene al caso. ¿Qué está pasando en nuestro país a raíz de la pandemia? Mirando los datos de infectados y muertos, si hacemos una relación comparativa numérica simple entre La Paz y Santa Cruz, fácilmente podemos comprobar que, por cada infectado en la sede de gobierno se reportan cinco o más infectados en Santa Cruz y por cada fallecido en La Paz hay más de tres en el departamento oriental. Oruro también podría ser parte de este ejemplo, tiene muchos menos casos que el Beni, por ejemplo, con una diferencia de tres a uno. La situación de Potosí es todavía más positiva.

Retomemos la anécdota del amigo londinense. No durmió una noche debido a la silente energía de los rayos ultravioletas, mediante ese precioso sol paceño que nosotros los habitantes conocemos en su fuerza y peligrosidad, pese a que seguramente ya desarrollamos cierta capacidad de aguante.

Y por eso lado viene la pregunta. ¿No será efectivamente que la altura, la poca densidad del aire y la ferocidad de los rayos ultravioletas lo que nos está protegiendo de alguna manera? No tengo datos ni información científica a mano, nadie estudió eso todavía; pero los datos numéricos en nuestro país me llevan a pensar que debe estar ocurriendo algo. Y esa es una repuesta, tal vez también fácil y simple; pero, ¿veremos en estos días el pico o la explosión (que ojalá no se dé) que nos andan anotando muchos de nuestros especialistas?

Solo el tiempo nos dará o no la razón. Pero que nuestro clima y especialmente la ferocidad de nuestros rayos solares se ceban con todos los extranjeros que pisan nuestra tierra es muy cierto y todos tenemos una experiencia al respecto. Ojalá que “se lo esté cascando” al virus, como diría nuestro paceñísimo Papirri.