26/06/2020
Articulista Invitado

Tres remedios contra el COVID-19 que todos deberían considerar

Ricardo Zelaya
Ricardo Zelaya

Mientras el Ministerio pasa todas las noches su terrorífico reporte de nuevos infectados, y los alcaldes y gobernadores hacen gala de creatividad con nuevas y cada vez más descabelladas formas de cuarentena, parece que a ninguno se le ha ocurrido hasta ahora la idea de dar respuesta al problema principal: ¿es posible curar el COVID-19?

Absortas en su entusiasmo por contar nuevos casos y ganarle tiempo al tiempo encerrando a la mayor cantidad de gente, las autoridades de todos los niveles no han hecho ningún esfuerzo serio por aplicar test masivos que permitan aislar el contagio ni les ha interesado impulsar la investigación de las posibles curas que circulan diariamente en internet.

Seguramente esperan que todo llegue de afuera algún día completamente hecho, y mejor si pueden hacer algún negocito o poner alguna traba burocrática cuando esto ocurra, como ya ocurrió con los famosos respiradores o los materiales de bioseguridad que llegaron de China y duermen hace buen rato en algún depósito aduanero, mientras la gente muere todos los días.

Tampoco la oposición escapa a esta mentalidad mezquina y colonizada: en lugar de proponer iniciativas o impulsar soluciones sanitarias de gran alcance, se masturba obsesivamente (y sueña con que todos lo hagamos) con la triste idea de que sólo las elecciones salvarán al país de todos sus males.

Entre tanto, médicos, bioquímicos y científicos no sólo de afuera, sino también de Bolivia, no dejan de investigar y descubrir nuevas y cada vez más efectivas curas contra el ataque del coronavirus, casi siempre enfrentados a la miopía de sus gobiernos, cuando no a las iras de la OMS y los grandes monopolios de la industria farmacéutica.

A esta altura de la pelea, tres de estas soluciones se han destacado tanto por su efectividad como por el menosprecio casi criminal con que han sido recibidas en los círculos oficiales.

1. El ibuprofeno

Desde El Salvador, la microbióloga María Barrientos, a la cabeza de un grupo de médicos de varias ciudades centroamericanas y estadounidenses, propuso al ibuprofeno y, en general, todos los desinflamantes, como la cura definitiva para el COVID-19.

Barrientos echó por tierra todos los protocolos de la OMS, al señalar que estos pasaron por alto que la principal característica clínica que provoca el coronavirus en el organismo es la inflamación.

En su primera etapa, el virus provoca la inflamación de los senos paranasales, que luego se extiende gradualmente a la faringe, la laringe, los bronquios y, finalmente, los pulmones, donde provoca la temida "tormenta de citoquinas", un mecanismo de defensa desesperada del organismo que por lo general termina en la muerte del infectado.

Mientras Barrientos señala que la mejor forma de acabar con el virus consiste en atacar la inflamación con el eficiente y barato ibuprofeno, científicos británicos demostraron en un estudio reciente que otro desinflamante, la dexametasona, aplicado a pacientes graves, reduce drásticamente la tasa de mortalidad. Seguramente si estos científicos hubiesen escuchado a la doctora salvadoreña antes de emprender su investigación, se hubieran ahorrado mucho tiempo, trabajo y dinero.

Naturalmente, en Bolivia, ninguna autoridad sanitaria prestó la menor atención a la propuesta de Barrientos, mucho más completa y accesible que la de sus colegas europeos, pero apenas se enteraron del estudio sobre la dexametasona, empezaron a repetirlo como loros e incluso el Ministerio de Salud instruyó la distribución del fármaco en algunas ciudades del interior para su empleo en las últimas fases de la enfermedad.

Si esta gente hubiera investigado un poquito más, sabría que, si bien la dexametasona es un buen desinflamante, la inflamación debe ser combatida desde el primer síntoma y que el Ibuprofeno, mucho más barato y accesible, cumple la misma función y ya ha salvado la vida de cientos de personas en El Salvador, Estados Unidos y otros países centroamericanos.

2. El MMS o dióxido de cloro

Otra respuesta  contundente al coronavirus ha llegado desde Suiza, donde el biofísico alemán Andreas Kalcker afirma que el dióxido de cloro (popularmente conocido como MMS) es la cura definitiva.

Kalcker, quien viene realizando pruebas y estudios con MMS hace 14 años para el tratamiento de diversas enfermedades, explica que este compuesto químico de una molécula de cloro unida a dos de oxígeno, tiene la propiedad de disociarse en el estómago de quien lo toma, liberando una gran cantidad de oxígeno que recorre todo el organismo a través del torrente sanguíneo.

Además de oxigenar la sangre y diversos órganos, este "oxígeno de refuerzo"  ataca directamente al corona virus y otros agentes patógenos del organismo, oxidándolos hasta aniquilarlos.

Los detractores del científico alemán (entre ellos la OMS y la FDA estadounidense) han cuestionado la toxicidad del MMS, llegando incluso a compararlo con la lejía o lavandina. Pero Kalcker ha explicado que se trata de acusaciones infundadas y malintencionadas, pues se trata de compuestos químicamente distintos, y afirma que hasta ahora no existe un solo estudio científico que haya demostrado esa presunta toxicidad.

En Bolivia, la reconocida traumatóloga Patricia Callisperis, directora de la Clínica del Sur de La Paz, junto a un grupo de médicos paceños y benianos, comenzó el tratamiento del Covid 19 con aplicaciones de MMS en decenas de pacientes en el departamento de Beni.

Según la especialista boliviana, el resultado del tratamiento es contundente: “No estamos haciendo pruebas o experimentos con un nuevo medicamento. Estamos aplicando la cura definitiva contra el corona virus”, dijo Callisperis en un programa televisivo al periodista Jhon Arandia.

En otra entrevista realizada por la periodista Miriam Claros, de la red Bolivisión, el gerente de la farmacéutica Laboratorios Alcos, Fernando Liendo, reveló que su empresa solicitó al gobierno boliviano la autorización para producir y distribuir MMS en todo el país.

Liendo dijo que la solicitud fue presentada directamente a la presidente Jeanine Añez, en marzo pasado, y sucesivamente a los tres ministros de salud que tuvo su gobierno en medio de la epidemia, pero que, lamentablemente, ninguna de estas autoridades respondió hasta ahora.

Según el empresario farmacéutico, el país pierde cada día tiempo precioso para enfrentar y vencer al Covid19, y es posible que la autorización llegue "cuando ya nadie la necesite".

3. La ivermectina

A finales de abril pasado, el director de la clínica cruceña Santa Rafaela, Rafael Quinteros, informó a los medios de comunicación que personal de ese establecimiento había puesto en práctica un tratamiento efectivo para el coronavirus, sobre todo en sus etapas iniciales: la ivermectina, un antiparasitario de uso animal que ya había sido probado con éxito en humanos para la cura de otras enfermedades virales.

El descubrimiento, originalmente atribuido a la universidad australiana de Mosha, demostró que el fármaco actúa como un "extraordinario antiviral", capaz de reducir la carga del virus a su mínima expresión, explicó el nefrólogo e intensivista Herland Vacadiez, uno de los médicos más respetados de la ciudad de Santa Cruz, quien, luego de realizar sus propios tratamientos, se sumó de inmediato a los partidarios de la ivermectina.

La nueva medicina fue recibida en principio con hostilidad de parte de las autoridades: en un comunicado, la Agencia Estatal de Medicamentos y Tecnologías en Salud (Agemed) dijo que "no está autorizada para el uso en infecciones por Covid19", aunque, días después, el Ministerio de Salud aceptó incluirla en la lista oficial de medicamentos empleados por los hospitales del Estado.

La autorización, emitida más por presión de los médicos y población cruceños que por convencimiento propio, prohibió al mismo tiempo la venta del fármaco sin receta médica y dijo que, para obtenerla, el paciente interesado debía firmar un documento que eximiera de responsabilidad a su médico tratante.

Semanas después, tanto el director de la clínica Santa Rafaela como el doctor Vacadiez denunciaron que, pese a sus esfuerzos individuales y la autorización vigente, las autoridades de salud bloquearon el uso sistemático del medicamento.

En el plano internacional, la ivermectina ha sido empleada a fondo en algunos países, como Australia o República Dominicana, y últimamente aceptada por la FDA estadounidense en su lista de fármacos anti-covid. 

Ricardo Zelaya es comunicador social.