19/05/2020
Articulista Invitado

Quitarnos los miedos

Adalid Contreras
Adalid Contreras

En un ambiente de destiempo histórico, de incertezas, de avivamiento de la memoria y de encrucijadas entre la posibilidad de caer en la depresión con incertidumbres de salubridad, sociales y económicas, o la posibilidad de cultivar sueños colectivos para seguir habitando el futuro, recupero el pensamiento del maestro de la pedagogía de la vida, don Paulo Freire, cuando afirma que lo más cercano a la muerte en vida es la cultura del silencio, que a su vez es producto de la expresión de una sociedad colonizada, que se preserva y reproduce precisamente con el silencio dominado por la legitimación de diferencias asimétricas. Salir de este estado de situación, dice, supone un acto de liberación.

Hablando del coronavirus, diríamos que la cultura de la incertidumbre es la expresión del silencio dominado por el miedo. Y el acto de construcción de alternativas consiste en saber quitarnos los miedos, para salir de las esferas en las que las incertidumbres bañadas de pesimismos y de temores, nos hacen seres vulnerables. Quitarnos los miedos viene a ser entonces un acto de liberación para encarrilarnos en la búsqueda individual y colectiva de certezas y de esperanzas.

Se trata de romper el silencio dominado por el miedo, lo que implica romper el miedo mismo sentipensando y organizando formas para transformar la cultura de la vulnerabilidad en la cultura de la vida. Entonces, así, de la quietud de los miedos será posible avanzar a la dinámica movilización de las esperanzas, con un derrotero que va –siguiendo la metodología liberadora de Freire– de la transición a la transformación, y de ahí al devenir u horizonte que será obra de las experiencias de solidaridad y de los pactos por la vida en los que participemos todos, sin exclusiones.

La clave para encaminar este proceso es el conocimiento, que también avanza desde su sentido común cotidiano, vivencial, hacia un pensamiento crítico, capaz de discernir los caminos para salir de los silencios y de los miedos a los de la esperanza. En realidad, es un sentipensamiento, de las emociones y las razones inseparables entre ellas y con las prácticas tranformadoras de la vida. En tiempos de coronavirus, estos sentipensamientos se construyen de la mano de las corresponsabilidades individuales y colectivas, junto con las solidaridades que hacen posible la contención de la pandemia.

Sí solidaridades. La historia nos ha demostrado que las distintas maneras de fragilidad vividas por nuestros pueblos las hemos combatido con experiencias comunitarias y sociales tejidas en las articulaciones de nuestras afectaciones con los hilos de nuestras utopías. Es preciso recuperar esta memoria colectiva y convencernos que no ha sido la competitividad sino la cooperación la que nos ha permitido quitarnos los miedos, convirtiendo la palabra silenciada en una forma de comunicación transformadora fabricando relatos para estar juntos, visibilizando y dándole identidad y protagonismos a las propuestas ciudadanas, poniendo en diálogo las distancias y aislamientos, recogiendo y narrando historias de solidaridades, e inventando formas de unión entre las dimensiones ciudadanas y gubernamentales para construirnos compromisos comunes por la vida.

La responsabilidad ciudadana, individual y social, se construye en medidas tan simples al mismo tiempo que trascendentales, como resulta en estos tiempos lavarse las manos, utilizar guantes y barbijo, guardar distancias adecuadas y quedarse en la casa, demostrándonos que las alternativas de solución están en gran medida en nosotros mismos, en nuestros grados de conciencia sobre la gravedad del problema, y en nuestra voluntad para enfrentar adecuadamente y en comunidad la pandemia.

Por otra parte, y en forma indesligable con la anterior dimensión, está la responsabilidad gubernamental, que tiene la obligación de otorgarles condiciones a los ciudadanos, con opción preferencial a los pobres, para que puedan acceder ejerciendo sus derechos, a la posibilidad de cumplir con las medidas de confinamiento sin hambre, sin miedo, sino con la ilusión real de un triunfo de la palabra liberadora sobre el silencio.

El camino de superación del silencio a la esperanza radica en el encuentro de las dos dimensiones: la responsabilidad ciudadana y la responsabilidad gubernamental, y se lo recorre quitándonos los miedos para tejer pactos por la vida.

Adalid Contreras Baspineiro es sociólogo y comunicólogo boliviano. Ex Secretario General de la CAN.