13/05/2020
Articulista Invitado

Nuestro espacio liminal

Mauricio Ríos
Mauricio Ríos

Es posible que muchos de ustedes hayan intentado encontrar un concepto o una palabra precisa que les ayude a mejor comprender, descifrar y expresar los momentos que estamos viviendo a raíz de la pandemia del coronavirus.

Se habla mucho de una crisis global –tanto sanitaria como económica– que nos afecta a nivel país, ciudad, e incluso a nivel familiar o personal; también se habla que estamos viviendo una situación surreal, un estado de shock, y el fin de la “normalidad” como la conocíamos hasta antes que la pandemia empezara a expandirse a partir de enero de este año.

No hay nada de malo en estas apreciaciones. Todas tienen algo de cierto y aportan algún elemento de lo que estamos sintiendo y viviendo desde nuestras experiencias y perspectivas únicas ya que cada cual está también siendo afectado de una manera muy personal, y a la vez colectiva.  Pero todas estas apreciaciones son insuficientes, tal vez meramente descriptivas. No logran captar de manera integral las dimensiones físicas y espirituales que estamos experimentando.

Ante esta complejidad, fue grata mi sorpresa cuando recientemente me llegó un mensaje con una meditación del padre franciscano Richard Rohr, fundador del Centro de Acción y Contemplación en Alburquerque, Nuevo México. Rohr fundó ese centro porque vio una profunda necesidad de integrar la acción con la contemplación. La idea es simple: aunque recemos, nuestra fe no dará frutos si no actuamos con justicia. Y sin contemplación, incluso las acciones bien intencionadas pueden causar más daño que bien.

De esa manera, acción y contemplación son ambas vitales para generar un compromiso compasivo que nos ayude a enfrentar los desafíos que tenemos en frente. En ese sentido, en su meditación Rohr se refiere a la palabra liminal, y más concretamente al “espacio liminal” en el que nos encontramos en estos momentos del coronavirus.

El espacio liminal, según Rohr, puede ser un estado interno o una situación externa en la que podemos comenzar a pensar y actuar de nuevas maneras. Es el lugar donde estamos entre y después de haber dejado una etapa de la vida, pero sin haber ingresado a la siguiente etapa. Es como estar en el umbral de algo desconocido.

Ingresamos al espacio liminal cuando nuestra antigua forma de ser o de vivir se ve desafiada o cambiada, como está ocurriendo con la pandemia del coronavirus. Este espacio también se da por otros motivos más comunes, como cuando perdemos un trabajo o un ser querido, cuando enfrentamos una enfermedad mayor, o cuando nace un hijo, o nos mudamos a otra ciudad o país.

El espacio liminal, explica Rohr, ofrece un tiempo de gracia, pero a menudo uno no se siente "agraciado". Es más, en el espacio liminal no estamos seguros de nada ni tenemos el control de las cosas. Esta pandemia global es pues un excelente ejemplo de un inmenso espacio liminal colectivo.

La buena noticia es que este espacio liminal, aunque sea difícil aceptarlo o entenderlo, puede ser muy positivo para el crecimiento personal y de la sociedad en su conjunto.  Positivo porque la vulnerabilidad y la apertura del espacio liminal permiten que algo realmente nuevo suceda. Al estar más vacíos, receptivos, y humildes, también estamos más dispuestos a aprender algo esencial y nuevo. En breve, estamos dispuestos a cambiar.

Según Rohr, gigantes espirituales como San Francisco, Julián de Norwich, Dorothy Day y Mohandas Gandhi intentaron vivir toda su vida en la “liminalidad” permanente, en el límite o la periferia de la cultura dominante. Es en este lugar intermedio donde ellos estaban libres de ilusiones y de falsas recompensas. Esta “liminalidad” les invitaba a descubrir y vivir desde perspectivas más amplias y con una visión mucho más profunda.

“Me imagino que incluso si nunca habías escuchado la palabra liminal, es probable que tengas una idea de lo que estoy hablando,” escribe Rohr en su meditación.  “Sería difícil existir en este momento de crisis global y no sentirse atrapado entre al menos dos mundos, el que conocíamos y el que vendría. Nuestra conciencia y la de las generaciones futuras ha cambiado. No podemos volver a poner al genio en la botella.”

Creo que es fácil identificarse con las palabras y sentimientos de Rohr. Es más, la esperanza que debemos albergar hoy es que ojalá a nivel personal, a nivel país y a nivel mundial podamos realmente aprovechar las oportunidades de crecimiento que nos trae el espacio liminal de la cuarentena para efectuar los cambios transformadores que requerimos -tanto individual como colectivamente- para que vivamos en un mundo más justo, más compasivo, y más sostenible. 

En síntesis, el coronavirus nos está ofreciendo un espacio liminal único para que valoremos y encontremos el equilibrio entre la acción y la contemplación, y así enfrentemos nuestros desafíos con la necesaria compasión.  Ojalá que los líderes del mundo y nosotros mismos aprovechemos al máximo de esta oportunidad liminal, por nuestro propio bien y el de las generaciones futuras.

Mauricio O. Ríos es especialista en comunicación y resolución de conflictos.