29/02/2020
Sin Máscaras

La “trama Pumari” y la campaña electoral

Gregorio Lanza
Gregorio Lanza

Seguramente la trama rocambolesca de publicidad a favor de Marco Pumari será usada en los cursos de estrategia electoral para enseñar lo que no se debe hacer en campaña: burlarse de las emociones de la gente. Su anuncio de que daría una información importante, realizado en medio de misterio y con una foto en la que aparecía con una mirada ensoñadora mirando hacia la ciudad de La Paz, logró captar la atención de la ciudadanía. Pasado el feriado de carnaval, la gente tomó asiento en sus butacas y esperaba la hora fijada para conocer el anuncio. Y llegaron las ocho de la noche.

El público casi quemó el teatro y no fueron devueltas las entradas.

Aquellos que añoraban que Pumari, candidato a la vicepresidencia junto a Fernando Camacho de Creemos, se bajara del carro electoral se vieron doblemente frustrados: primero, porque no se bajó y, segundo, en especial los del morbo a flor de piel, porque no corrió sangre, Pumari no prendió la dinamita para cobrarse revancha por la grabación impertinente que Camacho ordenó hacer de su candidatura.

Solamente los más sensibles, que ya quedan pocos, derramaron lágrimas de emoción por la fidelidad de Pumari con su candidato a la presidencia, fue un verdadero final de Hollywood en la gélida ciudad de El Alto (te quiero aunque me pegues).

Las campañas electorales –a su modo– son escenarios de teatro, donde los candidatos actúan para generar emociones que logren la adhesión del público; en todo caso, la puesta en escena de Pumari se trató del primer acto de campaña de ese frente político.

Pumari desplegó dos líneas discursivas: una, acerca la tensión entre los nuevo y lo viejo; otra, la necesidad de unir al país.

En el primer relato se muestra a los “políticos de siempre” como lo viejo, conservadores que representan un modo aristocrático de hacer política, enfrentados y no dejando surgir a los nuevos liderazgos surgidos en la resistencia al régimen autoritario: presencia en las calles, juventud y valor, lo que era, efectivamente, la fortaleza del binomio Camacho-Pumari. En este campo no lograron demasiados réditos puesto que la forma de su puesta en escena iba a contramano del discurso e hizo sombras hasta hacer desaparecer el contenido de “lo nuevo”.

La segunda línea discursiva es la necesidad de unir al país, tender puentes entre oriente y occidente; aminorar la tensión que también se expresa de manera evidente en el voto. Y justamente la unidad pregonada por el candidato a la Vicepresidencia se topó con las turbas –“dizque” masistas– que en la calle amenazaban al candidato. ¿Era también parte del espectáculo? o ¿fue una reacción espontánea de militantes masitas? ¿Se buscaba traer a la memoria las sucesivas llegadas de Camacho al aeropuerto de El Alto y el enfrentamiento entre jóvenes y turbas del partido de gobierno? O ¿hubo interesados que activaron la protesta violenta? Hay que recordar que los adherentes del MAS ni siquiera se movilizaron en respuesta a la decisión del TSE de inhabilitar la candidatura a Senador de Evo Morales.

Lo sucedido en El Alto talvez cohesione al electorado de Camacho en Santa Cruz y esa es la primera batalla que debe ganar: consolidar su voto donde es fuerte, lo que muestran las primeras encuestas de intención de voto.

En esa perspectiva, lo de Pumari fue lo que hace el telonero para que se presente el espectáculo; al día siguiente, al más puro estilo de Broadway, salieron las estrellas ¡Y comenzó la campaña de Creemos!

Una vez más se puede ver que es insuficiente gastar mucho dinero, traer empresas y asesores de EEUU a contextos étnico-culturales y políticos complejos y diferentes. El fracaso del “trama de Pumari” así lo demostró.

Gregorio Lanza es experto en políticas públicas.