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25/01/2021
Posición Adelantada

La patada voladora de Joe Biden

Antonio Saravia
Antonio Saravia

Joe Biden empezó su gobierno con una patada voladora. ¡En solo tres días firmó 30 órdenes ejecutivas o decretos! Un record histórico que muestra la urgencia de la nueva administración no solo por atacar las crisis de salud y economía, sino también por marcar una clara diferencia con el gobierno anterior.

El Plan de Rescate Americano, como lo ha bautizado el presidente Biden, parte con un número enorme: 1,9 trillones de dólares (cifra en inglés que corresponde a millón de millones). Ese es el costo del ambicioso programa de estímulo del nuevo presidente. Esta suma representa más o menos un 9% del PIB de los Estados Unidos, un 60% del déficit fiscal registrado por ese país el año pasado y más de dos veces el programa de rescate que aprobó el presidente Obama para enfrentar la crisis del 2008 (es además algo así como ¡47 veces el PIB de Bolivia!). En resumen, un montón de plata.

Aproximadamente la mitad del paquete se utilizará para darle a las familias estadounidenses un cheque de 1.400 dólares que, sumados a los 600 dólares ya aprobados por la previa administración, resultan en un cheque o bono de 2.000 dólares. El resto de la plata tiene varios objetivos. Además de apoyar la distribución de vacunas, el plan propone extender el seguro de desempleo de emergencia hasta septiembre de este año (y aumentarlo de 300 dólares a 400 dólares semanales), dedicar 25 billones (mil millones) de dólares para subsidiar alquileres, cinco billones para que las familias cubran sus facturas de luz y agua, 5 billones para asistir a indigentes, 130 billones para que muchas escuelas puedan reabrir esta primavera, y 400 billones para apoyar a alcaldías y otros gobiernos locales.

Todo muy lindo hasta que uno hace la pregunta clave: ¿de dónde sale tanta plata? Desafortunadamente, la respuesta es la misma de previos programas de rescate: de deuda. Así es, estos 1,9 trillones de dólares no saldrán de recortar o reacomodar el presupuesto de otras áreas, sino exclusivamente de acumular déficit y deuda. Esto es preocupante porque la deuda de Estados Unidos ya va pasando de castaño a oscuro. A la fecha, la deuda fiscal acumulada es de 27 trillones de dólares, es decir, un 126% del PIB. El problema, por supuesto, es que toda esta deuda se tiene que pagar en algún momento. Y para eso hay dos opciones: o se suben los impuestos o se recurre a más emisión monetaria. Y ambas opciones son peligrosas, sino ahora, en el mediano o largo plazos.

Muchos analistas dicen que la deuda de Estados Unidos no supone un problema. Su confianza reside en que ese país atrae mucho ahorro del resto del mundo y controla la moneda que todos quieren tener. Pero nada dura para siempre. La enorme deuda está haciendo cambiar lentamente las expectativas sobre las finanzas de Estados Unidos y la masiva política monetaria expansiva ya está generando inflación en activos financieros y el mercado inmobiliario. Al contrario de lo que decía el presidente Arce, ninguna economía está blindada, y acumular deuda año tras año tiene consecuencias.

Pero el plan de Biden no solo involucra más deuda. Entre otras cosas, también se propone incrementar el salario mínimo a nivel federal de 7,5 a 15 dólares la hora, incrementar los impuestos para las empresas de 21 a 28%, extender la moratoria de desalojos para inquilinos que no paguen su alquiler, perdonar las deudas de graduados universitarios y fortalecer a los sindicatos. Si alguien se preguntaba cuan fuerte iba a ser la influencia del ala más izquierdista del partido demócrata en el nuevo gobierno, ahí tiene su respuesta.

Subir el salario mínimo a 15 dólares la hora (que es el salario medio en varios estados) simplemente creará desempleo (y mucho). No hay donde perderse. Si hacemos a los trabajadores más del doble de caros por ley, las empresas contratarán menos. Si a eso le sumamos que estas pagarán siete puntos porcentuales más de impuesto respecto a lo que pagaban en la administración anterior, y que además enfrentarán sindicatos fortalecidos, pues les estamos haciendo una invitación muy tentadora a dejar el país y mudarse a destinos que regulen menos. Uno no entiende como el caso de Tesla, que se acaba de mudar de California a Texas precisamente por los altos impuestos y el alto salario mínimo que enfrentaba, no le da una pista a la nueva administración de lo que puede llegar a pasar.

Me temo, por tanto, que estas políticas tendrán el efecto contrario al esperado. Ni siquiera el cheque de 2.000 dólares logrará lo que los economistas keynesianos de la nueva administración esperan: que incremente el consumo. Como ya sabemos gracias a Milton Friedman y la teoría del ingreso permanente, o a Gary Becker y la teoría del ciclo de vida, o a David Ricardo y la equivalencia impositiva intertemporal, dado que el incremento en el ingreso es solo circunstancial, los consumidores no cambiarán demasiado sus patrones de consumo. Lo más seguro es que ahorren más y paguen deudas. Y aunque esto normalmente empujaría la tasa de interés hacia abajo, en este momento, dada la fuerte política monetaria expansiva, ya no se la puede reducir más.

Empezar con patadas voladoras no siempre es la estrategia ganadora. Es de esperar que el Congreso calme las aguas y se enfríen los instintos de noquear los problemas a punta de deuda y redistribución.

Antonio Saravia es PhD en economía (Twitter: @tufisaravia).



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