21/09/2020
Articulista Invitado

La guerra civil en Bolivia

Fernando Iturralde
Fernando Iturralde

Hacemos aquí alusión al célebre análisis de coyuntura que escribiera Marx tras los eventos de la no menos célebre Comuna de París. Aunque las condiciones son absolutamente distintas a las de nuestro país en la actualidad, es importante conocer a qué análisis remiten las obsesiones bélicas de la costra blancoide que hasta hace poco gobernó Bolivia. Es importante, también, porque la noción de “guerra civil” y la expresión misma son parte del “espíritu de la época” que nos tocó vivir en el país y, por lo tanto, son parte del imaginario de los bolivianos.

Es, pues, importante saber que la concepción de la guerra civil que han manipulado e instrumentalizado los miembros de la cúpula de poder masista (sobre todo su costra blancoide) corresponde a una lucha de clases, en primera instancia, pero que luego fue transformada en guerra étnica, en guerra racista. Así, cuando Álvaro García “me-casé-con-mujer-blancoide” Lineras habla de “guerra civil” y de “empate catastrófico” remite a este imaginario de un conflicto bélico en el seno de la población boliviana.

Nos preguntamos, entonces, ¿cuán antipatria y cuán obsesionado con la guerra se puede ser para proclamar que lo que más le conviene a la población boliviana es un enfrentamiento fratricida? ¿Cuánta ignorancia histórica y cuánto desprecio por las clases populares se requieren para postular por mero capricho de milico que Bolivia será un futuro Vietnam? ¿Cuán ególatra y asesino se puede ser para llamar a la formación de milicias armadas en Bolivia? Es crucial hacer conocer a todos nuestros compatriotas las nefastas intenciones de la cúpula del partido que hoy suma el 30 % del apoyo de la población en edad de votar.

Primero veamos las ideas y la trayectoria del que se casó con la mujer más blanca de la televisión boliviana. Este señor siempre se imaginó que la mejor salida al problema del racismo y lo colonial en Bolivia era la guerra civil. La guerra civil es simple y llanamente el enfrentamiento entre hermanxs de una misma nación. Puede deberse a cuestiones de clase, a cuestiones regionales, a cuestiones étnico-racistas, pero también puede deberse a razones ideológicas.

Es probablemente una guerra del último tipo la que tiene en mente el exgobernante. Lineras siempre pensó que la vía carnicera era la mejor para resolver el problema de la desigualdad en Bolivia. Lamentablemente para nosotros, él mismo decidió abandonar el fragor de la lucha armada y apoltronarse en un sillón de cuero para dedicarse a ser un intelectual sin títulos académicos. Aunque él quisiera presentarla como una guerra étnico-racista, la confrontación y la polarización actual en Bolivia es sobre todo ideológica, de pertenencia y apoyo al partido que revivió la práctica viciosa del fraude, la peor de todas en democracia.

En cuanto al delirante y desquiciado Juan “Camión” Quintana, basta con comunicar a nuestros compatriotas que Vietnam representa una guerra catastrófica para una población civil. La población civil del norte de Vietnam se enfrentó con valentía y patriotismo al mayor ejército del planeta. Si el orgullo vietnamita fue el de haber ganado esa guerra, el costo humano no cayó sobre los Estados Unidos. No solo muertos; gente que sufrió quemaduras por el napalm que usaban los norteamericanos para deshacerse de su mayor paranoia. Los miedos y las paranoias son muy peligrosas: hacen que satanicemos a nuestros enemigos y que deseemos exterminarlos sin compasión. Pues bien, parece que es exactamente eso lo que desea para Bolivia el “chulo cuerneador” y arrecho amazónico.

Concluyamos con el caso de quien llamó a la formación de milicias armadas en Bolivia. El faraón cornudo haría todo, pero todo, por quedarse siempre en el poder y, de hecho, por ser el único indígena en el poder. Esto es claramente un caso de racismo y de colonialismo interno: Morales Ayma desprecia a la población indígena del país. Este desprecio se puede ver en la forma en que instrumentalizó a esa población de forma suicida al ordenarles cercar las ciudades de Bolivia, a pesar de que en ese momento el país era en su 70% urbano. O sea, Morales Ayma no solo mandó a los campesinos a que arriesgaran sus vidas en un cerco contra las ciudades, sino que los envió a arriesgar sus vidas para amedrentar y asesinar a sus hermanos y familiares urbanos. Todo por el poder que al parecer no puede ni demostrar en la cama con las mujeres jóvenes que sus llunk’us le consiguen.

Como vemos, votar por el MAS es votar por la conflagración entre hermanos bolivianos, es votar por el peor destino que puede tener una población, la guerra civil. Por eso, es nuestro deber como patriotas bolivianos decirles a nuestros coterráneos que votar por el MAS significa votar por la guerra civil. Recuerde, lector, de cada diez bolivianos que usted vea de aquí hasta el 18 de octubre, estadísticamente habrá tres que piensan votar por el MAS. ¿Está usted a la altura de su deber patriótico, de convencer a esas tres personas de que votar por el MAS es votar por la guerra civil? 

Fernando Iturralde, docente bolivarista.