06/11/2019
Afuera de la caverna

El fraude hubo, claro que sí, vamos a segunda vuelta

Diego Ayo
Diego Ayo

El gobierno del MAS ha hecho fraude. Es difícil comprobarlo pero no por ese motivo significa que el fraude no ha existido. Los bolivianos teníamos el derecho de ir a la segunda vuelta. El gobierno quiere una explicación científica y se jacta de los bolivianos al decir que no hay ni podría existir esa posibilidad. ¿Es cierto eso? 

A ver señores, seamos sensatos. Evo Morales ha vencido con un 10,5% de los votos al candidato Carlos Mesa. ¿Qué significa esto? Que el 10% está demás y lo que en verdad importa es ese 0,5% de votos que exigen que haya una segunda vuelta. Cabe repetirlo: se requiere lograr que ese 0,5% desaparezca para lograr que haya esa segunda vuelta. O, para decirlo del lado opositor, se requiere entender que no hubo segunda vuelta porque el MAS nos ganó…¡por un 0,5% de los votos! ¿Cuánto es eso?

A ver, si ustedes tienen una hoja en sus manos e imaginan que la hoja reúne los 7 millones y pico de votos, ¿qué cabe hacer? Pues dóblenla e imaginen que la mitad de la hoja significan 3 millones y medio de votos. ¿Se requiere esa cantidad de votos para ir a segunda vuelta? No, para nada pues ese porcentaje es del 50% y sólo se necesita de un 0,5% de los votos. Por favor, vuelvan a doblar la hoja y dejen en evidencia que 1.750.000 de votos son el 25% del total. Y, claro, no sirve, aún es mucho. Téngase en cuenta que sólo se necesita el 0,5% de los votos para ir a la deseada segunda vuelta. Vuelvan a doblarla a la mitad, casi 900 mil votos, el 12 y pico por ciento que claramente no se requiere para ir a la segunda vuelta. ¿Otra vez la mitad? Pues sí y esta vez con un resultado de 400 mil votos. ¿Es eso lo que se requería para ir a la famosa segunda vuelta? No, esta cantidad de votos son del 6% más o menos. Vuelvan por favor a doblar esa hoja. ¿Qué queda? Pues 200 mil votos de diferencia entre el primero y el segundo. Sólo 200 mil. ¿Se requiere de esa cantidad de votos para ir a segunda vuelta? No, para nada, esa cifra es todavía del 3%. Vuelvan a doblarla por favor y entiendan que los 100 mil votos es lo que se requiere. ¿Sí? No, para nada, esos son el 1,5% del total de votos. Una vez más por favor: 50 mil votos con un porcentaje del 0,75%. ¿Suficiente para ir a la segunda vuelta? Pues no, se requiere menos. La cosa es aún menor: 40 mil o 30 mil votos. ¿Han visto como les quedó la hoja? Pues no queda nada para doblar y solo vemos ese minúsculo pedacito junto a nosotros.

Disculpen la aburrida tarea matemática que tuvieron que hacer. Lo cierto es que se requería sólo de ese minúsculo pedacito de la hoja para ir a una segunda vuelta. ¿Qué supone ello? Es difícil negarlo: el MAS hizo trampa. Por ejemplo, de un ánfora de 3000 votos, ¿cuántos votos son el 0,5% del total mencionado? Pues 15. Sólo 15 votos. Ello significa que el MAS pudo haber sido transparente con el 99,5% de los votos, es decir con 2,985 votos de los 3.000 exigidos e impedir ir a la segunda vuelta. ¡Sólo 15 votos debieron ser adulterados! Sólo 15 de este inmenso universo de votantes.

¿Ello facilitó la trampa? Claro, la hace relativamente simple. Pero incluso así se detectó un sinfín de casos irregulares. Insisto: fue fácil hacer trampa y terminar con una diferencia del… ¡0,5%! Qué capos, ¡nos ganaron por 10,5%! Pudo ser 10,1 y el caso sería aún peor de resolver. Requeriría un fraude de poco más de 10 mil votos. Empero, aún si el fraude fuese del 1% y Evo hubiese ganado con ese “masivo” porcentaje (es decir, con una diferencia del 11%), ¿qué supondría? Supondría una diferencia de 75 mil votos. ¿Posible? Seguro que sí, pero muy al borde y, por tanto, poco creíble.

Afortunadamente tenemos los estudios de Mateo Urquizo, Edgar Villegas (el más completo, sin dudas), Rodolfo Salinas, Carlos Alarcón (de Comunidad Ciudadana), David Mendoza (del Comité Cívico de Santa Cruz) o Rómulo Chumacero, entre otros que señalan, de distintas maneras, la existencia del fraude. Una felicitación especial a estos ciudadanos.

Es casi inimaginable esconder lo obvio: hubo fraude, claro que sí. ¿O nos vamos a creer la tesis de que aproximadamente 30 mil bolivianos impidieron ir a la segunda vuelta? Tengamos en cuenta que el gobierno puso toda la plata para lograr este propósito. Nunca, absolutamente nunca vinos una elección tan groseramente asimétrica. Eso es motivo de otra reflexión. Mientras tanto, comprendamos que requerimos una nueva elección. Claro que sí.  

Diego Ayo es cientista político.