30/08/2020
Tinku Verbal

El candidato que puede ganar sin hacer casi nada

Andrés Gómez V.
Andrés Gómez V.

Si no se hubiesen anulado las elecciones de octubre pasado por fraude del MAS, Carlos Mesa Gisbert hubiese sido, en este momento, presidente de Bolivia.  Y si las elecciones nacionales se hubiesen realizado el 3 de mayo pasado y las circunstancias hubiesen sido normales, Luis Arce Catacora hubiera sido, en este momento, el presidente de Bolivia. Pero en la historia no sólo cuentan las voluntades, sino las circunstancias y los errores de los rivales. Aquellas y éstos hicieron un zigzag en favor de Mesa. 

A principios de año, ni sus aliados en las elecciones de octubre de 2019, Luis Revilla (SolBo) y Adrián Oliva (Todos), creían en el historiador y periodista. Lo abandonaron en enero y se fueron con Jeanine Añez, candidata a la presidencia por la alianza Juntos. Con el tiempo, la soledad favoreció a Mesa porque buena parte del electorado percibió aquella suma de grupos como una deslealtad y una alianza para repartirse, anticipadamente, las pegas.

En el programa “Así decidimos” de Unitel, realizado el 15 de marzo del presente año (cuando llegaba la pandemia a Bolivia), alerté que, en ese momento, además de los otros candidatos, había surgido un nuevo contrincante de Jeanine Añez: el coronavirus, y que el éxito o fracaso de la presidenta en las elecciones iba a depender de la gestión de crisis de salud. Cinco meses después, parte del electorado siente que ella fracasó y que hay más corrupción en su gobierno. En cambio, Mesa sumó algunos puntos sin atacarla ni defenderse.

En ese mismo momento, Arce tenía el 33% de intención de voto, frente al 18% de Mesa y 16,9% de Añez. Con una campaña positiva y propositiva, el candidato masista hubiera ganado en primera vuelta. Pero el coronavirus, la desesperación de su jefe de campaña, el odio acumulado y la falta de estrategia empujaron a los masistas unos meses después a recurrir otra vez a la violencia, traducida en el bloqueo de caminos, contra una sociedad cansada de esa medida y desesperada por el COVID-19 que por esos días causaba miles de muertos. Arce cayó de 33 a 23 en intención de voto. Mesa sumó algunos puntos sin atacarlo ni defenderse.   

El historiador y periodista no tenía mucho caudal electoral en marzo del año pasado, ahora tampoco lo tiene. Apenas el 15% del electorado puede ser considerado como su voto duro, radicado en la clase media que admira a un intelectual y desearía que en palacio se junten el poder y el saber. Pero la sociedad no vota por los más leídos ni por los que dicen que saben más, sino por el que les cae bien.

Entre marzo y agosto y luego de todas las circunstancias señaladas, Mesa apenas subió cinco puntos, lo que significa que la gente que no lo apoya, en este momento no lo ve como una solución para el país, pero tampoco lo percibe como un problema.

A estas alturas de la campaña electoral, cuando la mayoría de los candidatos cae en su tendencia de voto, ya es una virtud que Mesa se mantenga o suba como aquel anciano que trepa, lentamente, las gradas infinitas que unen Alto Chijini de La Paz con la Ceja de El Alto. No baja, se detiene y sube otra vez sin mucho esfuerzo.

Es poco probable que caiga porque solo caen los que hacen algo. Es poco probable que caiga porque es el candidato que menos resistencia tiene. Sobre la base de encuestas, calculo que un 30% (masistas fanáticos y otros grupos que lo ven como gonista y ultraderechistas que quieren venganza contra el MAS) nunca votaría por Mesa, lo que significa que en el 70% restante está su voto duro, sus votos posibles y votos menos difíciles.

Ahora mismo, miles de esos votos posibles están en las filas de los indecisos y entre los votos masistas que de duros pasaron a ser blandos, y quizá se manifiesten en la primera vuelta. Los votos difíciles pueden convertirse en posibles en la segunda vuelta. En cambio, Arce y Añez tiene más votos imposibles que posibles y más negativos que positivos.

Mesa no despierta pasión ni entusiasmo, pero está ahí esperando que los otros sigan cayendo y se sigan ocupando de él y no de la gente. Si en este momento una encuestadora preguntara si ve los videos de Mesa, que es lo único que hace, la mayoría diría que ni se enteró. La mayoría lo ve como a una persona lejana y fría y sin temas comunes de qué hablar.

Si Mesa fuera al menos a comprar pan a la tienda de la esquina de su casa (no digo a cosechar papas), quizá ganaría en primera vuelta y ahorraría la segunda. Si Mesa continúa como está sin hacer mucho y Arce y Añez siguen cometiendo errores, ganará en segunda vuelta y será el próximo presidente.

Andrés Gómez es periodista.