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20/07/2022
Sociología espontánea

Desigualdades económicas y etnicidad en Bolivia

Daniel Mollericona
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Hace unos días Pablo Velasquez, amigo del Facebook, publicó en su muro un escrito que denominó “‘Fausto’ Reinaga y su biblioteca”. Entre otros temas, Pablo comenta que el gran amauta del indianismo tuvo varios problemas económicos en medio de su éxito intelectual y cierto orgullo que tenía de “vivir de sus libros”. Pablo describe una carta enviada a una mujer del extranjero en la que el padre del indianismo escribe:

“El día de ayer se realizó un evento, los indios se juntaron para su liberación. Después de una proclama, fui levantado en hombros y me obsequiaron un cetro de plata por ser el amauta. El cetro es suyo si me envía dinero. No tengo que comer y mis hijos mueren de hambre y enfermos.”

Hasta la actualidad, los indianistas hacen una fuerte crítica por las condiciones en que los indios son “oprimidos” y “esclavizados”. Pero fuera del tono vivencial del “ensayismo indianista”, ¿cuánto sabemos en la actualidad acerca de cómo los indígenas son “oprimidos” y “esclavizados”, léase racializados?  

No tanto como muchos quisiéramos. Sin embargo, las ciencias sociales (particularmente la sociología) pueden aportar a un debate informado acerca de temas tan importantes como el racismo en Bolivia. Veamos un par de ejemplos.

En primer lugar, debemos mencionar el trabajo de Fernando Molina: Modos de privilegio: alta burguesía y alta gerencia en la Bolivia contemporánea (2019). El argumento central del autor es que hay una convergencia entre estatus de clase y estatus no indígena en la élite más exclusiva y poderosa económicamente de Bolivia: una élite blanca y blanqueada. Momento…, ¿pero acaso no vemos nuevos ricos, aymaras platudos, qamiris p. e.?

Si, si hay. Pero la élite mencionada, según Molina, se constituye y reproduce no sólo a partir del dinero, sino principalmente a partir de un mecanismo: la educación elitista (capital heredado). Claro está, influye luego un habitus de clase que invisibiliza la “diversidad”y apunta constantemente a la “homogeneidad” como grupo. El autor, con base en trabajo cualitativo, establece que no hay “indígenas o mestizos indigenizados” en la élite tratada. En resumen, el autor establece que hay una “barrera” que impide que indígenas logren ingresar a círculos con características económicas poderosas, pues estas dependen de capitales heredados que no tienen. La desigualdad por “origen étnico” se mantendría con este mecanismo.

Ahora bien, ¿es suficiente el trabajo de Molina? No, es un trabajo empírico importante, pero no es concluyente. Eso sí, podemos dar un argumento más. El economista Billy Woo Mora tiene un artículo denominado Unveiling the Cosmic Race: Racial Inequalities in Latin America (2021) que nos presenta un argumento de por más interesante: el color de piel afecta el ingreso de las personas generando y manteniendo pues desigualdades en Latinoamérica (incluida Bolivia). Con base en datos cuantitativos, el autor demuestra empíricamente que el color de piel afecta el ingreso individual: el tono de piel más oscuro tiene 6 por ciento menos ingreso mensual.

Los mecanismos de reproducción de las condiciones de posibilidad de una élite “no indígena” y la desigualdad de ingreso a partir del tono de piel son dos puntos claves que nos sirven para entender los mecanismos sobre los cuáles el racismo y la discriminación se asientan en Bolivia. Más allá de condenar opresión colonial pro Tiwanacu o escondernos detrás de muletillas como “todos somos mestizos”, una tarea importante para los bolivianos es comprender a profundidad los procesos que desencadena ese complejo “factor étnico” en Bolivia. Ahí tenemos una tarea pendiente. 



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