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06/04/2021
Con los pies en la tierra

Control de realidad a la estrategia de reactivación económica

Enrique Velazco R.
Enrique Velazco R.

El exministro de Justicia, Héctor Arce Zaconeta (La nueva base económica de la nación, Página Siete, 01.04.21), afirma que el Modelo Económico Social Comunitario Productivo (MESCP) “construyó una economía sólida y políticas de redistribución […] únicas en el continente y que sobrevivirán […] ya que son parte medular de la nueva sociedad boliviana más justa, inclusiva y redistributiva.”

La opinión del doctor Arce es, por supuesto, respetable, pero no la compartimos en absoluto. Desde hace más de una década, con base en datos oficiales sobre el desempeño económico, y habiendo tenido el cuidado de sugerir opciones para no quedar solo en la crítica, mostramos que el MESCP genera, para la gente, resultados diametralmente opuestos a los que ofrece.

Por ello, nos preocupa que el supuesto de haber “construido una economía sólida con políticas de redistribución” sea la base de los pilares para reestructurar la economía boliviana sobre los que se asienta la estrategia para la reactivación, presentada por el Ministro de Economía.

Para la “gente de a pie”, como nosotros, analizar cómo la economía afecta a las personas, es una tarea compleja porque vincula muchos temas, y especialmente porque la teoría y la política se esfuerzan en opacar la realidad. Se impone, entonces, plantear a quienes toman las decisiones, preguntas puntuales sobre temas claramente vinculados a los factores de bienestar que valora la gente, esperando que desde la política (y la academia) recibamos respuestas, también puntuales.

Por ello, tomando como criterios no lo que dice la teoría (“la inversión genera el crecimiento”), sino lo que la gente espera para vivir bien (“una economía con empleo digno para todos”), preguntamos ¿a quiénes benefició el crecimiento de la “economía sólida y justa construida desde 2006”?

En las economías que crecen de manera sostenida (y sostenible), “la gente” tiene la capacidad de consumo suficiente para absorber lo que ofrece el aparato productivo. Esas economías tienen el empleo como indicador básico: si el valor creado por el trabajo humano se distribuye en salarios justos a empleados y trabajadores conforme se lo genera en la producción, los hogares tienen la capacidad de consumo compatible con la capacidad productiva de la economía.

Con este marco de referencia, si entre 2006 y 2019 el MESCP hubiera construido una economía sólida, justa e inclusiva, los sectores con las mayores tasas de crecimiento, deberían ser los con mayor aporte a la generación de valor y de empleo (digno y productivo). Es decir, para cambiar socialmente la economía, no es suficiente que la economía crezca, sino que son determinantes qué crece y cómo se distribuyen los beneficios de ese crecimiento.

¿Qué realidad muestran los datos? El PIB a precios básicos (no incluye recaudaciones de impuestos) creció 84,2% (de 23.600 a 42.100 millones de bolivianos de 1990); incluyendo aranceles e impuestos, el PIB a precios de mercado, creció 89,2% (de 26.000 a 48.000 millones).

En relación a la tasa de crecimiento del PIBpb, la de la intermediación financiera fue 3,3 veces mayor; al contrario, la de los textiles, confecciones y cuero, sectores con alta relevancia social, es apenas un tercio de la del PIB (y la décima parte de la del sector financiero). La agricultura tradicional, y el sector madera y productos de madera, que aportaron significativamente al empleo y al valor agregado hasta 2005, solo crecieron con cerca de la mitad de la tasa del PIB. 


Como resultado, de los 22 mil millones de bolivianos en los que aumentó el PIBpm desde 2006, el 50% lo aporta el FAPI (establecimientos Financieros, Administración Pública e Impuestos): ninguno de los tres sectores genera valor a la economía (al contrario, “succionan” valor al aparato productivo) y aportan con menos del 5% al empleo. Añadiendo al grupo FAPI los aportes del sector extractivo (gas y minerales), de la construcción, y de la producción de cemento, se explica el 70% del aumento del PIB y un 15% del empleo. Es pues evidente una alta concentración del ingreso en el Estado y en el sector financiero, y muy poco en el grueso de la “economía real”: el resto de sectores de actividad económica, que genera el 85% del empleo, aporta solo 30% al aumento del PIB, sugiriendo que hay una amplia brecha entre la capacidad del aparato productivo y la de consumo de los hogares.

En síntesis, desde la mirada de la calle, los datos están muy lejos de corroborar la transición a una nueva economía que sea más justa, inclusiva y redistributiva. Al contrario, surgen nuevas preguntas en relación a la redistribución del ingreso, la sostenibilidad, la equidad y, en general, a la pertinencia de las prioridades, de las políticas, y de las acciones que propone la estrategia de reactivación de la economía, entre las que destaca la alta prioridad que se otorga a la intermediación financiera como el canal de la reactivación. Abordaremos estos aspectos en notas posteriores.

Por ahora, confiamos que las autoridades competentes nos explicarán, desde la perspectiva del MESCP, cómo interpretan los datos comentados, puntualizando, de ser el caso, los errores que pudiéramos haber cometido en nuestro análisis.

Enrique Velazco Reckling, todavía insiste en dejar un mejor país a sus nietos…



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