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28/08/2021
Con los pies en la tierra

Bolivia necesita transformación, no reanimar zombis

Enrique Velazco R.
Enrique Velazco R.

El Ministro de Economía ha ofrecido un rápido esbozo de su concepto sobre “la reconstrucción económica que Bolivia necesita” (P7, 24.08.21). En coincidencia con los lineamientos liderados por el PNUD, plantea aprovechar las tecnologías del reciclaje y las amigables ambientalmente –tanto productivas como para generar energía, buscando mitigar el cambio climático en un paulatino tránsito hacia una economía que genere producción y valor agregado.

Dada nuestra realidad, la pertinencia y suficiencia de estas razonables proposiciones, caen bajo un velo de inviabilidad y duda. De inicio, en el contexto del Siglo XXI, insistir que el medio sería “industrializar nuestras materias primas” –condición anclada en las visiones de mediados del Siglo XX, sería un paso para “reconstruir” aquella economía que, pese a los pendulares cambios en los discursos políticos de los últimos setenta años, condenó a Bolivia a la cola entre las economías de América Latina.

Esa economía privatiza los réditos del crecimiento en pocos, mientras que socializa, en el resto, los costos de los errores, fracasos e irresponsabilidades de los mercaderes del poder. Bolivia no debe reanimar esa economía. La tarea es transformar el Estado para construir la nueva economía que, efectivamente, busque el desarrollo sostenible, con bienestar para todos.

Semejante desafío requiere realismo, claridad y compromiso. Los silogismos a los que recurre el Ministro, como “si logramos un crecimiento del PIB real cercano al x%, una inflación de y%, y hay mejores precios de materias primas, entonces es posible que el PIB por persona crezca al z%” nos suenan, a las personas de a pie, a lenguaje esotérico, propio de solo quienes entienden economía. Son proposiciones condicionales que nos sugieren que, el crecimiento, es cuestión de suerte, y que la ciudadanía no tiene “vela en el entierro”; por lo tanto, la falta de empleos dignos, o la persistencia de pobreza y desigualdad, serían designios (imperiales o divinos), y no la consecuencia de los 200 años de incapacidad de los políticos para gobernar con el bien común como meta. 

Al creciente uso de indicadores y números, Yves Smith llama “el amor por las cifras” y nota que, cada vez más, es una adicción entre economistas académicos y políticos: las cifras sirven para analizar, justificar y comunicar; pero son esencialmente abstracciones. Cuando se asigna a los números realidad propia, independiente de la realidad que representan, la adicción tiene consecuencias en el mundo real. Matematizar indicadores económicos o sociales, presupone que las situaciones son ordenadas, predecibles y racionales; pero en situaciones caóticas, no lineales, o vulnerables a presiones, en la mente de las personas y grupos interesados en ciertos resultados, la fe en la “santidad de los números” tiende a imponerse sobre la realidad.

Este es el caso del fetichismo por el crecimiento: si bien en los últimos 20 años aumentaron las cifras del crecimiento del PIB y del PIB por persona, el bienestar de la sociedad no mejoró: la realidad es que aumentaron la informalidad, la precariedad del empleo-ingreso, y el impacto ambiental: hoy, entre 65% y 85% de la población está condenada a la auto-explotación laboral en empleos precarios, pero hemos quemado más bosques, contaminado más ríos, y explotado más hidrocarburos que nunca antes en otros 20 años de nuestra historia. Significa que, el crecimiento, puede ser –y ha sido, empobrecedor; y que la salud de la economía, no se mide por la tasa de crecimiento, sino por su capacidad de responder, de manera sostenible, a las necesidades de bienestar de la sociedad.

De ahí que no debemos “reconstruir” esa economía, sino construir una de pleno empleo, que conciba al esfuerzo y a la creatividad humana –no a los recursos naturales o al capital, como las fuentes de creación de valor; y a las personas –no al Estado, los dueños del capital o a los políticos, como las destinatarias directas y finales de los beneficios del crecimiento. Recién, bajo estas premisas, las opciones que plantea el amigo Ministro serían viables.

Confío en que, consecuente con su visión estratégica, antes que a reanimar zombis, él preferirá desafiarse a iniciar el difícil camino de transformar.

Enrique Velazco Reckling, Ph.D., es investigador en desarrollo productivo



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