04/02/2020

Binomios: formas de elegirlos y posibilidades electorales

La destacada politóloga argentina Flavia Freidenberg subraya que “cada vez se vota más por personas que por programas”. Si aceptamos esta aseveración, debe admitirse que la selección de candidatos es un proceso, más o menos esmerado, que llevan a cabo las organizaciones políticas y la realizan en función de las siguientes preguntas: ¿cuál es el contexto de la elección de candidatos?, ¿quiénes pueden ser candidatos? y ¿quiénes eligen candidatos? El presente artículo pretende analizar las acciones asumidas por las organizaciones políticas en la elección de sus respectivos binomios en torno a dichas interrogantes y, a partir de tales decisiones, deducir la óptima o adversa posición en la que se encuentran para encarar la campaña electoral.

Observemos la cuestión referida a ¿cuál es el contexto de elección de candidatos? Dicha interrogante hace referencia al escenario electoral que distingue a las elecciones. En términos generales, este puede ser un escenario altamente propicio u hostil para la conquista de apoyo electoral. Tres rasgos distinguen este escenario electoral.

Veamos al MAS: Primero, “disponibilidad” de votos; no obstante los “logros” económicos de ese gobierno, en vísperas de un nuevo proceso electoral la “memoria colectiva” ciudadana parece recordar más los dolos que caracterizaron la gestión de Evo Morales en su prolongado gobierno. La “memoria colectiva” a largo plazo parece evocar los escandalosos actos de corrupción, el cínico e insolente autoritarismo, el descarado prebendalismo, el grosero nepotismo y el desvergonzado uso patrimonial de los bienes del Estado; y a corto plazo, el desacato al 21 F, la habilitación ilegal e ilegítima del binomio Morales/García y la consumación del monumental fraude electoral. Estos recuerdos parecen ser la hoguera donde se funde el voto duro del MAS que deriva en una enorme “disponibilidad” de votos prestos a fluir por otros cauces políticos. 

Segundo, emergencia de la ciudadanía; la agotada identidad indigenista, proclamada por el MAS durante 14 años, ha perdido el encanto que le permitía cautivar votos (en el propio MAS el rostro indígena fue relegado a un segundo plano); en sustitución, los principales partidos parecen celebrar el advenimiento de otras alternativas más incluyentes como la ciudadanía o la identidad boliviana. En semejante situación, la interpelación a partir del sujeto indigenista quizá resulte inútil y la apelación al ciudadano probablemente sea lo más efectivo electoralmente.  

Finalmente, advenimiento de otros candidatos; en el contexto electoral se percibe un considerable “vaciamiento” de los “mejores” y potenciales candidatos masistas: unos se encuentran en el forzado exilio; otros prófugos y en la clandestinidad; algunos detenidos y con procesos judiciales; y todos, sin posibilidades de postular a un cargo político. Este hecho ha brindado la posibilidad de emergencia de otras candidaturas en el MAS, sin duda, distantes del carisma del caudillo histórico y con limitadas posibilidades de triunfo; y entre los opositores a este partido, el surgimiento de nuevos binomios (aunque detrás se advierten viejos y desacreditados políticos) y recicladas candidaturas, algunas con serias posibilidades de ganar las elecciones y otras no tanto.

En dicho escenario, los candidatos opositores al MAS parecen disponer de un contexto propicio para lograr óptimos resultados electorales y, contrariamente, los postulantes masistas, sin demasiadas opciones, deben intentar la superación aquellas serias adversidades.

A continuación, corresponde considerar el asunto relacionado con ¿quiénes pueden ser candidatos? Las decisiones de los partidos políticos en torno a esta interrogante se extiende desde un amplio nivel de inclusión (puede ser candidato cualquier ciudadano) hasta un elevado nivel de exclusión (solo pueden ser candidatos los miembros del partido). En el MAS, la elección de Luis Arce Catacora y David Choquehuanca no fue tarea sencilla, conscientes de sus limitaciones, al principio intentaron ser inclusivos y buscaron candidatos en la ciudadanía, la invitación a Eduardo Rodríguez Veltzé fue un esfuerzo que no brindó los resultados esperados: Rodríguez rechazó el ofrecimiento.

La aceptación de Rodríguez Veltzé a candidatear habría representado un significativo acierto para esta organización política, le brindaba la posibilidad de mejorar su intención de voto pero, la negativa, obligó a restringir la elección de candidatos solo entre los miembros del partido. Al interior del MAS había cuatro facciones, cada quien con su propio candidato y, a fin de cohesionar al partido, seleccionaron el binomio combinando postulantes de una y otra facción. Ciertamente, limitar la elección de candidatos solo a militantes del partido y, peor aún, sin la complementariedad entre oriente y occidente, parece un enorme desacierto debido a que las personas elegidas tienen la aprobación de los miembros del partido, pero no necesariamente el consentimiento de la mayoría de ciudadanos bolivianos.

Por otro lado, la alianza JUNTOS (MDS, UN, SOL.bo, TODOS y UNIR) se articuló básicamente en torno al MDS (Demócratas) quienes, después del pésimo desempeño en las elecciones anuladas del pasado año con la coalición BDN, parecían desalentados para afrontar el próximo proceso electoral; empero, la designación de una de sus militantes en el cargo de presidenta de Bolivia, por sucesión constitucional, les colocó en una situación de considerable expectativa. Los Demócratas abrieron las puertas a uno de sus aliados al elegir a Samuel Doria Medina (UN) como candidato a la vicepresidencia. Esta determinación de abrir la postulación a una personalidad más o menos reconocida, más la vinculación de liderazgos de oriente y occidente, al parecer fue una decisión acertada asumida con la creencia de que dicho binomio les permitirá conquistar un buen resultado electoral. 

La coalición CC (FRI y algunas plataformas ciudadanas, después de que se desprendieron otros partidos) se remonta a las elecciones anuladas de octubre de 2020. En aquella oportunidad, un partido débil sin candidato (FRI) y un candidato fuerte sin partido (Carlos Mesa) acordaron fusionarse y complementarse. En aquel proceso electoral, el FRI superó sus estrechos límites organizativos y brindó cabida a la ciudadanía no militante; en este marco Mesa fue elegido candidato a la presidencia y, al parecer, en la lógica de presentar un binomio que cohesione al país, Mesa invitó al destacado intelectual de la región oriental, Gustavo Pedraza, como candidato a la vicepresidencia. Sin duda, fue un exitoso binomio proveniente de la ciudadanía.

¿Quién elige a los candidatos que participarán?

Ahora, conviene analizar el tema concerniente a ¿quiénes eligen candidatos?, el asunto hace referencia a la cantidad de personas involucradas en la selección del candidato. Esta responsabilidad puede abarcar desde un grado generosamente inclusivo (los potenciales votantes definen al candidato) hasta un grado sumamente exclusivo (el privilegio de elegir al candidato recae sobre una persona o un pequeño grupo de personas o todos los miembros del partido). En este ámbito de decisión, el MAS cometió el enorme error de otorgar a una sola persona la potestad de seleccionar al candidato: Evo Morales.

Este impuso el binomio Arce/Choquehuanca; los miembros del resto de las facciones aceptaron con resignación e impotencia tal imposición pero, con seguridad, no trabajarán en la campaña con el entusiasmo ni la iniciativa requeridas. La estructura autoritaria de esta organización política imposibilitó considerar la resolución del ampliado del Pacto de Unidad celebrado en la localidad de Huanuni (Oruro) que determino la postulación de David Choquehuanca y Andrónico Rodríguez; esta elección habría sido acertada, quizá las facciones que operan en el país se habrían sumado a la campaña con mucha fuerza.

El carácter vertical de este partido tampoco le permitió tomar en cuenta la opinión de la ciudadanía que, mayoritariamente, expresó su intención de voto a favor de Andrónico Rodríguez; elegir a este joven político como candidato a la presidencia, habría sido la opción más acertada para el MAS, en última instancia, ni la opinión del caudillo ni el parecer de las facciones influyen más que la percepción ciudadana al momento de elegir al primer mandatario. 

En cuanto a la candidatura de JUNTOS, puede presumirse que la decisión de elegir a Jeanine Añez no la asumió una sola persona sino un conjunto de dirigentes de su partido y quizá de su gabinete que, aturdidos por la elevada aprobación ciudadana de su gestión, la reconocieron como una excelente candidata, se impregnaron de ilusiones y no dudaron en proclamarla como tal.

Quizá el razonamiento inexacto que prevaleció en esta elección, más o menos democrática, fue imaginar que el elogio de su gobierno implicaba el aplauso de su candidatura; lo evidente es que la postulación de Jeanine ha suscitado un generalizado reproche en las redes sociales y un masivo enfado en las conversaciones cotidianas, esto revela que dicha candidatura al parecer fue un equívoco. En cuanto a la elección del candidato a vicepresidente, la decisión posiblemente se realizó entre representantes del MDS y delegados de sus respectivos aliados.

La sesión más o menos inclusiva eligió a Samuel Doria Medina que, al parecer inspirados en una lógica imprecisa, entendieron que el importante apoyo electoral recibido por UN en las elecciones municipales de 2015 en la ciudad de El Alto se traducirá mecánicamente en votación a favor del frente JUNTOS; semejante razonamiento errado evita observar que en aquella ciudad ganó Soledad Chapetón y no UN. En consecuencia, los criterios considerados para la selección del binomio al parecer no son los más acertados.

Respecto del binomio ratificado de CC, Carlos Mesa y Gustavo Pedraza, la decisión fue asumida por un grupo reducido de miembros de esta alianza política, pero considerando el criterio ciudadano expresado no por ninguna encuesta ni grupo focal sino tomando en cuenta la importante votación expresada en el proceso electoral de octubre de 2019.

Si en aquellas elecciones recibieron el considerable apoyo electoral del 36,51% de los votos válidos; en este escenario más favorable es posible esperar similar o mejor desempeño electoral de estos candidatos que emergieron entre la ciudadanía. Puede argüirse la emergencia de otros binomios que pueden evitar un avance electoral de Mesa y Pedraza; sin embargo, debe admitirse que la disponibilidad de cautivar electores para los opositores al MAS es aún mayor que en el pasado inmediato.  

Formas incluyentes y excluyentes de elegir a los candidatos

Vemos primero los inclusivos: candidatos de CC elegidos entre la ciudadanía y seleccionados considerando la opinión de los electores; son los más cercanos a los votantes y los que probablemente logren excelentes resultados electorales. Segundo, los exclusivos, candidatos del MAS, JUNTOS, MTS y PAN-BOL, se trata de aquellos seleccionados solamente entre militantes y elegidos por una persona o grupo reducido de miembros del partido; son los más próximos a los miembros de la organización política y quizá su votación fluctúe entre un insignificante y moderado apoyo electoral. Y tercero, los mixtos, binomios de CREEMOS, FPV y LIBRE 21, elegidos conforme la combinación de elementos inclusivos y exclusivos que, según la aleación, es probable que su respaldo electoral también oscile entre una insignificante y moderada votación. 

Se ha descrito el escenario electoral, los aciertos y desaciertos en la selección de binomios y, a partir de aquella reseña, puede observase que algunas organizaciones políticas parecen dispuestas a encarar las elecciones en mejores condiciones que otras. Pero, las elecciones recién empiezan, la eficacia y efectividad de los partidos en la campaña electoral puede mejorar o deteriorar su desempeño electoral. Ciertamente las organizaciones políticas se hallan en situación de angustia existencial: están entre el ser y la nada.

Eduardo Leaño Román es sociólogo y docente universitario.