29/10/2019
Articulista invitado

Avances en el rastreo del fraude electoral

Gonzalo Colque
Gonzalo Colque
Hasta ahora, varios entendidos en números diseccionaron la base de datos del TREP y del cómputo oficial con la finalidad de encontrar indicios de fraude electoral. El trabajo de Edgar Villegas es el más difundido por los medios de comunicación y ha develado bastantes errores e inconsistencias. Sin mucho éxito, un funcionario de la ANH intentó contrarrestar las dudas planteadas. Otros esfuerzos como los mostrados por Carlos Alarcón de CC, se centraron en contrastar los registros digitales con las actas fotografiadas y presentar varias anomalías específicas. En cualquiera de estos casos, los resultados no se pueden considerar variables testeables y probatorias. Como Villegas indicó, se trata de avances con carácter exploratorio.

En términos metodológicos, el camino es espinoso si se pretende revisar los 6,46 millones de votos emitidos para encontrar la diferencia que amplía los 10 puntos porcentuales. Es decir, para encontrar los votos fraudulentos que existirían, se debe identificar el grupo o los grupos de actas contaminadas. Haciendo una analogía, el total de votos es como una jarra de limonada que, según las sospechas, contiene dos cucharillas extras de azúcar. Asumiendo que esta jarra está compuesta por varios vasos, la idea es dar con el vaso o los vasos que contienen el elemento distorsionador de forma certera.

Para esto es clave tener en cuenta un hecho: las actas contaminadas deberían estar entre las computadas después de la suspensión del TREP el día de las elecciones a horas 19:40, al 83,7% de avance. No exclusivamente, ya que el fraude pudo haberse dado también durante el conteo rápido y antes. Todas las actas no incluidas en el primer TREP son sospechosas porque fueron ocultadas por una decisión política, no técnica, y develadas solo después de 23 horas. Son 5.580 actas que representando solo el 16,3% del total, torcieron la tendencia dominante.

Los últimos peritajes están teniendo más éxitos y en mucho porque los analistas han comenzado a separar grupos de actas y contrastar con la tendencia general marcada por el TREP antes de su suspensión. El video publicado en Youtube por el usuario Pez Morado, “Explicación de análisis de datos al fraude electoral Bolivia 2019”, identifica cuatro métodos de manipulación en 2901 actas con irregularidades y concluye que CC perdió más de 66 mil votos, el MAS ganó 29 mil votos y la diferencia real hubiera sido 8,8 puntos porcentuales.

Otros cálculos que circulan muestran el aumento masivo de la participación del MAS en la votación reportada en las actas faltantes al primer TREP y las últimas actas registradas en el cómputo oficial. El gobierno atribuyó su crecimiento al voto rural y campesino; sin embargo, es fácil constatar que las actas que estaban pendientes en el conteo rápido apenas varían en cuanto a la participación del voto rural o de recintos no incluidos al inicio. Esto no significa que en el cómputo oficial hayan registrado de forma premeditada al final miles de votos rurales.

Rómulo Chumacero, firma otro trabajo que tiene aportes metodológicos nuevos. El texto “El camaleón, el mutante y Houdini: resultados de las elecciones en Bolivia”, concluye que las diferencias, pequeñas y que parecen inofensivas entre una y otra versión de datos, no tienen un patrón aleatorio sino sistemático. Es decir, contaminan el resultado y cada cambio está dirigido a inclinar la balanza a favor del MAS. Expone varias posibilidades de manipulación, no solo de votos válidos sino de los blancos y nulos para conseguir el mayor efecto posible con menores cambios posibles.

Hasta ahora, no conozco trabajos parecidos que apoyen la versión de los ganadores o del Tribunal Supremo Electoral de que no hubo fraude electoral. Los avances en la investigación no solo debilitan la versión oficialista, sino que lanzan dudas sobre la autenticidad de las actas computadas. El argumento de que los delegados de mesa tienen copias se cae solo porque ni el MAS tuvo delegados en el 100% de las mesas. En estas circunstancias, las evidencias como los registros digitalizados de ViaCiencia, la única empresa autorizada para conteo rápido, cobran una importancia inusitada.

El seguir rastreando el fraude electoral a contrarreloj puede dar una salida al conflicto social y político que crece cada día, pero, sobre todo, podría develar el mayor golpe que podría estar gestándose a la democracia boliviana.