Mundo | 28/03/2020

“Lo peor está por venir”, dicen las autoridades en EEUU

“Lo peor está por venir”, dicen las autoridades en EEUU

Washington DC

Mario Cañipa Vargas, especial para Brújula Digital

Con más de 100.000 casos confirmados y casi 2.000 muertos por el coronavirus, Estados Unidos, convertido ahora en el país epicentro de esa pandemia a nivel mundial, se enfrenta aún a una dura e inexcusable realidad expuesta abiertamente durante la última semana por sus autoridades, médicos y académicos: lo peor aún no ha llegado.

El gobernador de Nueva York, Andrew Cuomo, cuya popularidad ha subido notablemente por la franqueza con la que habla sobre el tema, ha reportado 134 muertes producidas en las últimas 24 horas y un incremento de 7.737 casos en el mismo lapso en su estado, que es sin duda uno de los más afectados del país con un total de 319 muertes y más de 50.000 contagios.

“Esta es una bestia invisible. Es una bestia horrible”, dijo Cuomo al referirse al virus. “Esto va a durar semanas y semanas. Va a ser un tiempo largo, feo y triste”, agregó en uno de sus recientes informes a los periodistas, en tanto que el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, advirtió a mediados de semana que los equipos e insumos médicos para atender el COVID-19 alcanzarían sólo para unos 10 días más en su jurisdicción.

El presidente estadounidense Donald Trump anunció este sábado, contra la opinión de Cuomo, que analiza la emisión de una orden de cuarentena total por dos semanas a los estados de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut.

“Más de la mitad de los habitantes de la ciudad se infectará en última instancia”, ha dicho Di Blasio, mientras los hospitales de Nueva York, que hasta hace poco atendían mayormente a ancianos y hoy resisten una gigante avalancha de contagiados de entre 30 y 50 años, claman por un incremento de al menos 100.000 camas y al menos 20.000 respiradores.

Todo esto sucede mientras más de 100 millones de residentes en todo el país han acogido la instrucción de no salir de sus hogares a no ser para abastecerse y, en casos extremos, para prevenir la expansión del mal.

Otras ciudades y estados

Pero el clamor de material médico para atender la expansión del COVID-19 no es exclusiva de Nueva York u otros estados como California o Washington, donde la cantidad de casos confirmados y de fallecidos sube vertiginosamente y concentra por ahora la mayor atención de las autoridades, sino que emerge también, en la misma forma, en otros varios estados y ciudades.

Un prestigioso medio como el Washington Post ha publicado el viernes una encuesta realizada la semana pasada a alcaldes de 213 ciudades en 41 estados de la unión, cuyos resultados revelan que Estados Unidos se encuentra frente a una crisis médica de gran magnitud.

El 90% de los alcaldes encuestados han dicho que no dispone de suficientes mascarillas, equipos de prueba y otros insumos para hacer frente al coronavirus y el 85% de los mismos infirmó que los diferentes hospitales de sus jurisdicciones no cuentan con los suficientes respiradores para atender la demanda de contagiados que se espera muy pronto.

“Pese a sus mejores esfuerzos, la mayoría de las ciudades no tienen ni pueden obtener el equipo y los suministros adecuado y necesario para proteger a sus residentes” asegura el informe elaborado por la Conferencia de Alcaldes de Estados Unidos, una asociación no partidista que congrega a las autoridades ediles de este país.

A la crisis médica que vive Estados Unidos se suman las cada vez más conmovedoras advertencias de los expertos en economía, como también lo hacen los drásticos cambios que se han registrado en indicadores económicos tan sensibles como el de desempleo.

El Departamento de Empleo de Estados Unidos ha informado el jueves que un total de 3,28 millones de trabajadores presentaron solicitudes de ayuda por desempleo durante la semana previa. Esa cifra supera con creces la máxima alcanzada durante la última recesión que golpeó a este país en 2009 y cuadruplica el récord registrado en la crisis anterior de 1982.

Y si bien el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, evitó causar preocupación al sostener que esos datos “no eran relevantes por el momento”, la realidad de los mercados en Estados Unidos, que registraron caídas pocas veces vistas en las bolsas del país, y una aciaga cadena de anuncios de cese o incluso cierre de operaciones de grandes, medianas y pequeñas compañías a lo largo del país, se encargaron de hacerlo.

El periódico Los Ángeles Times ha publicado recientemente un estudio de la escuela de negocios de posgrado de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA) que pronostica una caída considerable de los indicadores económicos de Estados Unidos si sus autoridades no logran contener el efecto del coronavirus muy pronto.

“El año comenzó con solidez, pero los rápidos efectos del virus en la economía podrían disminuir el crecimiento económico del primer trimestre a una tasa del 0,4%; determinar una contracción en la economía a una tasa del 6,5% en el segundo y de 1,9% en el tercero”, dice el documento.

Cuándo reabrir la economía

Es por eso que quizá Trump, cuya administración recibe duras críticas por no haber desarrollado una estrategia nacional única y coordinada para enfrentar a la pandemia, insiste en lo que denomina “reabrir el país” hasta el día 12 del mes de abril, con el pronto retorno de los trabajadores a sus fuentes laborales.

“Vamos a perder a más gente si llevamos al país a una recesión. Se puede destruir un país cerrándolo”, dijo Trump al anunciar su deseo el miércoles anterior.

Esa iniciativa de Trump, considerada como un dramático intento por salvar la economía nacional, ha recibido también muy duras críticas desde varios flancos políticos y principalmente académicos. El propio funcionario Anthony Fauci, que acompaña al mandatario en el búnker instalado en la Casa Blanca para monitorear la crisis del COVID-19, lo ha contradicho y le ha sugerido que estudie mejor su idea.

En una respuesta más dura, el exvicepresidente Joe Biden, postulante a la candidatura demócrata para las elecciones presidenciales previstas para septiembre próximo, le pidió al Presidente que atienda con más eficiencia las necesidades que emergen de la crisis del coronavirus.

“Sería catastrófico reabrir las cosas en el país sin un plan y que luego ocurra un aumento de casos de nuevo”, dijo. “No nos preocupemos por excedernos, el exceso no es un riesgo; el riesgo es tener poco, así que compren (equipos), fabríquenlos y envíenlos a los estados ya”, agregó Biden.

Y como telón de fondo, el presidente Trump ha promulgado este viernes una ley de ayuda de 2,3 trillones de dólares para apoyar a los estadounidenses y a la economía de su país que fue aprobada por el Senado horas antes tras largos días de reñida negociación entre congresistas demócratas y republicanos, que no lograban ponerse de acuerdo en el contenido de la misma.

La ley, que es la más grande en la historia de Estados Unidos para atender una emergencia, prevé el pago directo de 1.200 dólares a los estadounidenses que ganan menos de 75.000 dólares al año, un pago diferente de 500 dólares por niño a las parejas que tengan hijos y la ampliación del seguro de desempleo a cuatro meses.

La ley dispone la creación de fondos específicos para la otorgación de préstamos comerciales y garantías a millones de empresas grandes y pequeñas en todo el país para su recuperación en los meses siguientes, así como la entrega de ayuda económica a ciudades y condados que se han quedado sin recursos para la compra de equipos e insumos para hospitales.

Trump ha enfrentado ya algunos problemas por sus anuncios, como aquel que ha lanzado en su cuenta de Twitter sobre la cloroquina y sus posibles facultades curativas del coronavirus. Recibió críticas de familiares de pacientes que le hicieron caso y consumieron esa sustancia, pero que terminaron muriendo.

Y justamente saliendo de los problemas que le ha generado otro de sus anuncios sobre este tema, Trump ha invocado la ley de Producción de Defensa, una norma que Estados Unidos puso en marcha durante su guerra de Corea, para obligar a General Motors a fabricar respiradores para asistir a los contagiados de coronavirus.