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Cultura | 02/01/2022

No miren arriba: Película del siglo XXI

No miren arriba: Película del siglo XXI

Tres Tristes Críticos / Rodrigo Ayala Bluske

Hay películas que, por determinados motivos, generalmente por la forma de plantear el tema que tratan y el momento en que se estrenan, reflejan determinadas etapas de la evolución social. Tomando al vuelo algunos ejemplos harto conocidos, podríamos pensar en The Matrix (1999), que hace unos años, retrató la informatización creciente que había alcanzado la sociedad (y que no ha hecho más que acentuarse desde entonces), o yendo mucho más atrás en El Gabinete del Doctor Caligari (1920), de  Robert Wiene, película que a través de la narración de una historia truculenta, reflejaba las angustias de la Alemania de la post – primera guerra mundial, las que finalmente dieron lugar al encumbramiento del nazismo.

En algunas ocasiones dichas películas tienen una clara intencionalidad política. Si nos remitimos al cine norteamericano podemos recordar cintas como Regreso sin Gloria (1978) de Hal Ashby, o Apocalipsis Now (1979) de Francis Coppola, que reflejaron el desencanto del público norteamericano con la guerra de Vietnam. En nuestro país El Coraje del Pueblo (1971) de Sanjines tuvo la virtud de reflejar el crecimiento ideológico que había alcanzado la izquierda en el post – 52, narrando la historia de las luchas mineras, que constituyeron el punto nodal de ese proceso.

Don’t Look Up, del realizador norteamericano Adam Mckay, estrenada hace unos días en Netflix, es notable por la extraordinaria pertinencia y claridad política, con la que plantea los problemas a los que se enfrenta el conjunto de la humanidad en estos momentos, los que, sin ningún tipo de exageración ni tremendismo, tienen que ver con la supervivencia de nuestra especie. Lo interesante de la película además es que, para hacerlo, no lo recurre a los mecanismos del cine “político” y menos aún del cine “militante”, sino que más bien lo hace bajo la forma de una comedia de humor caricaturesco.

Dos científicos descubren que un meteorito chocará con el planeta en seis meses, destruyendo a la humanidad. Se contactan con un científico del gobierno norteamericano que entiende la gravedad de la situación. A partir de ahí el trio empieza una larga peregrinación: tratan de convencer a la presidente de Estados Unidos (excelente representación femenina de Trump, encarnada por Meryl Streep), pero ella minimiza el hecho pensando en sus intereses electorales. A continuación, el grupo intenta denunciar la gravedad del tema en los medios de comunicación, pero son vencidos por la frivolidad de la televisión basura, potenciada por las redes sociales (nadie quiere hablar de temas desagradables o que contravengan su visión de la vida). Abrumada por las evidencias, finalmente la presidenta de Estados Unidos, decide hacer frente al tema, pero en lugar de ponerle fin, influenciada por las grandes multinacionales, decide ir por una opción peligrosa, que implica explotar la potencialidad “económica” (minera) del asteroide. Finalmente, el planeta es destruido.

¿Tiene algo de exagerada la situación que McKay describe en la película?, los científicos del mundo saben que no. Lo que han hecho los guionistas y el productor, ha sido simplemente representar la problemática del cambio climático, trasladándola a la del meteorito. ¿Cuál es la diferencia?, nada más que tiempo; lo que en la película ocurre en seis meses, en nuestro planeta ocurrirá, con certeza, en treinta o cuarenta años.

Vivimos en un mundo en que la comunidad científica vive alertando que el cambio climático es un peligro real y latente, que se está dando, que estamos prácticamente en el límite, y que de no modificarse radicalmente la estructura financiera del planeta (lo que implica modificar el patrón de acumulación de riqueza) en poco tiempo las condiciones de vida serán imposibles (la actividad humana tendrá que trasladarse a la noche por el calor, las ciudades costeras serán inundadas provocando migraciones masivas como nunca antes se vio, el derretimiento de los polos traerá una inestabilidad climática extrema, etc.). Sin embargo, ni las dirigencias estatales, ni los medios de comunicación, reflejan la problemática. Una a una se van sucediendo cumbres climáticas, donde prácticamente no se resuelve nada, y como si se tratara de un destino inevitable la humanidad va camino a su destrucción. ¿Qué hay detrás de esto?, pues ni más ni menos que lo que Don’t Look Up, señala con una claridad sorprendente: el interés de las grandes compañías, y el sistema financiero internacional, las que no quieren/pueden cambiar sus sistemas de comercialización (un ejemplo palpable de esto se encuentra en la negativa de las grandes compañías, a liberar las patentes de las vacunas para acabar con la pandemia, a pesar de que líderes como Biden lo han sugerido). 

Don’t Look Up (no mires para arriba), el título de la película, tiene dos acepciones. Por una parte, alude a la actitud negacionista de gran parte de la sociedad que caracteriza esta época: no veas el meteorito que se acerca para destruirnos y que ya se puede visualizar en el cielo, no veas el cambio climático, aunque sea evidente de las más diversas formas, no admitas la pertinencia de las vacunas a pesar de que día a día se comprueba que los muertos en los hospitales son los no vacunados.

Por otro lado, la frase Don’t Look Up, por la forma en que esta pronunciada en la película,nos hace recuerdo al eslogan “Construye el muro” que caracterizò el ascenso político de Trump. “Construye el muro” a pesar de que se sepa que los problemas económicos de Estados Unidos no tienen que ver con la migración. Un instrumento poderoso para la negación de la verdad, es el del fomento del odio. Y es que, frente a la racionalidad y el conocimiento, la única oposición posible es la de líderes extremos, cínicos e ignorantes; Trump, Bolsonaro, Jhonson, y un largo etc., etc.

Don’t Look Up es una película efectiva, no es casual la discusión que ha generado a su alrededor tras su estreno. No tiene la intención de ser una obra maestra, pero logra perfectamente lo que se propone. Existen pocos precedentes de un cine de estas características; si quisiéramos forzar la memoria podríamos pensar en Doctor Strangelove (1964) de Kubrick; pero lo que allí era una posibilidad, la destrucción del planeta debido a la guerra nuclear, en este caso es una certeza, la destrucción de la humanidad debido al cambio climático. Quizás por eso es que la historia de Don’t Look Up se decanta por lo didáctico. De ahí también que su importancia trascienda en mucho, lo estrictamente cinematográfico. 





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