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Cultura | 12/06/2022

El hombre del norte

El hombre del norte
Por: Rodrigo Ayala Bluske/ Tres Tristes Críticos

Son varias las razones que motivan que El Hombre del Norte, la cinta de aventuras del director Robert Eggers, estrenada este año, haya llamado de atención. Una de ellas, la más “liviana”, es que temáticamente se enmarca en el “rescate” de la popular cultura nórdica, practicado con éxito por algunas series de televisión, especialmente Vikingos (2013 – 2022), que realmente tiene un desarrollo notable, por lo menos en sus primeras temporadas, y luego la secuela denominada Vikingos Valhalla, estrenada en Netflix este año.  
Pero la razón de fondo, creemos, se encuentra en que intenta diferenciarse de lo que podríamos denominar los “modelos” vigentes del cine de aventuras, los que de manera gruesa podríamos dividir en dos segmentos: aquel ajustado al desarrollo de lo que se han denominado los “blockbusters”, y luego el de las historias de tinte épico - edulcorado que tienen a cintas como Gladiador (2000), de Rydley Scott, como una de sus representaciones modélicas.
El Hombre del Norte utiliza tres elementos para tratar de construir una “personalidad propia”: en primer lugar, implementa un tratamiento duro, violento, de la historia, con algunas pinceladas que lo acercan al “slasher” (cuchilladas impactantes, carne rebanada, etc.). En segundo lugar, añade un componente místico, en la que el personaje principal trasciende a momentos los límites de su propia realidad, con algunas pinceladas surrealistas.
Y, sin embargo, en el momento de describir la realidad cotidiana, más bien hay un esfuerzo marcado por dar a la ambientación un carácter realista: la mayor parte de la trama sucede en Islandia, con una construcción que seguramente se asemeja la realidad de aquellos tiempos: casuchas en lugar de palacios, cercas precarias de madera en lugar de grandes muros de piedra, y reyes que cotidianamente debían hacer tareas atribuibles a las de algún carpintero. Esa elaboración formal se complementa con la introducción de elementos folclóricos (¿islandeses?, ¿nórdicos en general?), expresados en las danzas, rituales, canciones, etc., que retratan una sociedad más primitiva que la que generalmente podemos visualizar en las obras enmarcadas en la temática. 
Gracias a los elementos mencionados El Hombre del Norte es una película interesante, aunque carezca de la consistencia necesaria para llegar a ser memorable. ¿Cuáles son las deficiencias la propuesta?; centralmente la falta de desarrollo de sus personajes, lo que a su vez conduce a una trama sin profundidad emocional. Amleth, el protagonista es portador de un ánimo de venganza absolutamente monocorde. 
La rabia es un elemento que puede motivar la atención del espectador, ahora, si se expresa a través de las mismas expresiones faciales en los 136 minutos de la trama, pierde prácticamente todo efecto. Así como el ambiente está trabajado en detalle en la cinta, en general los caracteres de los personajes son básicos, por lo que inclusive los giros en el guion, resultan poco creíbles (la dramática y detallada confesión de la madre en los primeros dos minutos de reencuentro con un hijo al que no había visto en los últimos quince o veinte años).Es verdad que las grandes cintas de aventuras, en general, son memorables tanto por los paisajes en los que se desvuelven ( desiertos áridos, llanuras inacabables, etc.) como por las escenas de acción elaboradas y un suspenso bien manejado, pero sin duda el elemento clave se encuentra en personajes a veces complejos o  contradictorios, pero siempre entrañables; el Lawrence de Arabia de David Lean de 1962, o el mago Merlín y especialmente el rey Arturo de Excalibur (1981) de John Boorman, probablemente la última “gran” película de aventuras de las últimas décadas, por ejemplo. Las “viejas” películas de aventuras hacían hincapié en la amistad y la camaradería, podemos mencionar a Sahara (1943) de Zoltan Corda y Hatari (1962) de Howard Hawks (si el amable lector es amante del cine y no vio alguno de los últimos títulos que acabo de reseñar, le aconsejo que corra inmediatamente a la tienda de películas y la encargue). 
En la década de los ochenta Spielberg relanzo el género con la saga de Indiana Jones (1981-1989) y Robert Zemeckis lo siguió con Dos bribones tras la esmeralda perdida (1984) y La Joya del Nilo (1985), pero lamentablemente el impulso duró poco en la medida en que el fenómeno “Blockbuster” (crecimiento del mercado mundial con inversiones cada vez mayores en las películas de “punta”), generalmente condicionó  este tipo de cine a esquemas narrativos casi sin variaciones, para garantizar en mayor la mayor medida posible, el retorno de la inversión.
Eggers es un director que ha hecho cintas interesantes como La bruja (2015) y El faro (2019), que se han destacado justamente por el estilo crudo, pero también por construir personajes complejos. En esa línea El hombre del norte se puede visualizar como un retroceso. Habrá que estar atentos en el futuro a las propuestas que nos vaya presentando el autor. 

Rodrigo Ayala Bluske es cineasta y ensayista



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