Reportajes | 18/12/2018

Institutos Luis Braille y Santa Cecilia, esperanza para no videntes

Institutos Luis Braille y Santa Cecilia, esperanza para no videntes

Charo, una persona que logró su rehabilitación gracias al instituto Luis Braille

Brújula Digital |17|12|18|

Maite Lemus

“El año 2002 me caí de nuca de la bicicleta, no le di importancia y poco tiempo después perdí la vista”, contó Inés Toroya Cruz. Inés recuerda que tres meses después del accidente comenzó a sentir un dolor intenso en los ojos. “Veía borroso y a veces normal, pero me tenía que aguantar el dolor porque mi jefa no me daba permiso para ir al médico”, relató.

En ese tiempo ella trabajaba como empleada doméstica en Oruro. Cuando finalmente pudo ir al oculista éste le dijo que tenía una infección y que necesitaba lentes de aumento. Sin embargo, poco después perdió la vista por completo. Su jefa aceptó que se quedara en la casa junto a su hija y allí aprendió a desenvolverse sola, en una muestra de tesón y de valor excepcionales. Siguió como trabajadora del hogar hasta 2017, cuando decidió viajar a La Paz.

Después de perder la vista “quería matar a mi bebé y luego matarme yo, pensaba que no iba a servir para nada, pero unos hermanos de la iglesia me han animado y ayudado”, contó. Tenía 22 años y su hija tenía seis.

Inés Toroya fue acogida en el Santa Cecilia.

En agosto de 2017, Inés llegó al Centro de Rehabilitación para mujeres Santa Cecilia y, por ser del interior del país y no tener una residencia en La Paz, fue aceptada como interna durante un año. Tras ello, volvió a Oruro, donde vive con su hija, que ahora tiene 22 años. Dice estar muy agradecida por el trato y las enseñanzas que recibió en el centro.

El centro Santa Cecilia (para mujeres), que queda ubicado en la avenida Armentia, y el centro de Rehabilitación Luis Braille (para varones), ubicado en la calle Genaro Sanjinés, ambos en La Paz, dependen del Instituto Boliviano de la Ceguera (IBC).

La persona que ha perdido la vista debe estar afiliada al IBC, que certificará que es efectivamente ciega, para ser beneficiada con uno de esos centros. Ambos reciben a estos discapacitados de dos maneras: como internos, si no viven en La Paz como fue el caso de Inés; y en un plan externo en el que asisten al centro con fines educativos y de socialización. El IBC es una dependencia del Ministerio de Salud.

Marina Guarachi, directora del instituto Braille, explicó que dos veces por semana los invidentes pasan clases en ese instituto. El programa está dividido en distintas áreas: enseñanza de Braille, actividades físicas, actividades de la vida diaria y manualidades.

“Las tres primeras son las materias troncales y van acompañadas del trabajo psicológico y social”, dijo Susana Chávez, rehabilitadora física y encargada de los programas de orientación, movilidad y educación física.

En el Santa Cecilia existe sólo una responsable que vela por la seguridad de las internas. Ésta les ayuda a las internas a realizar sus actividades diarias y las acompaña al Luis Braille a pasar clases. Una vez que ya pueden desenvolverse solas, ellas ya realizan sus actividades sin ayuda.

En el Centro Braille también hay un responsable que se encarga de ayudar a los internos en una primera etapa. En cuanto al personal multidisciplinario, existen siete profesionales técnicos en rehabilitación: dos en el área de manualidades, una en el área de Braille, otra rehabilitadora en actividades de la vida diaria y otro para actividades físicas. Además hay una psicóloga y una trabajadora social. En ambos centros, se desempeñan nueve personas en total.

En el área de actividad física se busca que los invidentes optimicen sus sentidos restantes, es decir, el oído, el olfato y el tacto. “Ello es muy importante para que puedan aprender a convivir y desenvolverse en su vida diaria”, añadió Chávez.

El centro recibe a personas mayores de 18 años de edad “tenemos hasta personas de 83 años”, dijo Guarachi.

Finalmente, la rehabilitadora del área física dijo que de lo que se trata es de integrar a esas personas a la sociedad.

Accidente o factor hereditario

El 70% de las personas que llega al centro es porque ha perdido la visión tras sufrir algún accidente que les golpeó la nuca, como el caso de Inés. Allí se encuentran, dentro del cerebro, las terminaciones que tienen relación con la capacidad de ver. Un 30% pierde la vista por un factor congénito o hereditario, dijo Guarachi a Brújula Digital.

En el primer semestre de la gestión 2018 se encontraban ocho mujeres internas y seis varones internos. Aparte, existen otros 25 ciegos que asisten a las clases, entre hombres y mujeres, en el programa externo.

Las clases son personalizadas, por lo que los estudiantes son divididos en grupos de tres personas cada uno.

“El tiempo mínimo que permanece la persona asistiendo a clases es entre cinco meses y dos años, esto depende del proceso de avance que tenga cada uno”, aseguró Guarachi.

Siete trasplantes de cornea

A diferencia de Inés, Charo asistió al centro a pasar clases de manera externa ya que ella vive en La Paz. A sus ocho años, tuvo un accidente en el colegio y perdió la visión del ojo derecho. “Yo con el ojo izquierdo me manejaba perfectamente”, dijo.
Lamentablemente, hace tres años tuvo cataratas en el ojo izquierdo y fue operada, exitosamente, pero luego sufrió un accidente doméstico que hizo que requiriera siete trasplantes de córnea. Ninguno de ellos ha tenido éxito y Charo es, ahora, invidente.

“Qué iba a sacar llorando, me iba a hacer más daño”, dijo. Contó que se sobrepuso a este problema entre otras razones para no afectar negativamente a su madre.

Una amiga de Charo conocía este centro y le recomendó que se inscribiera. Ésta, de 37 años, ingresó a las clases durante un año. Considera que el área más complicada del programa es el Braille. “Me ha costado mucho, no debo dejar de practicar”, comenta.

Charo al igual que Inés, salió del centro recientemente y extraña a sus amigas y a las rehabilitadoras porque asegura que la trataron muy bien.

La directora del centro contó que Inés no ha perdido el contacto con el centro. Ahora está al lado de su hija y está intentando abrir una tienda de abarrotes. Por otra parte, Charo está asistiendo a cursos de computación, dijo.



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