08/01/2019
Informe Especial

¿Qué pasó con la izquierda iberoamericana que ahora defiende dictaduras?

Amalia Pando
Amalia Pando
En los 70 y 80 la derecha de la región se encaramó en el poder a través de dictaduras militares. La fórmula era sencilla: corrupción, absolutismo y violación de derechos humanos.
Cualquier persona que era etiquetada como enemiga de las dictaduras podía desaparecer. Las etiquetas más usadas eran: “comunista” y “guerrillero”, pero había otras. En Argentina se produjeron 30.000 desapariciones, cientos de jóvenes fueron lanzados al mar. En España se registraron 40 años de dictadura. En ese entonces, el soporte de todas estas dictaduras era el Gobierno de EEUU mientras la dictadura cubana no parecía dictadura.

Soy parte de la generación que pidió amnistía, libertad por los presos políticos, que vio a madres y abuelas que destinaron sus vidas a la búsqueda de sus hijos y nietos. Esa es la izquierda en la que me eduqué y valoró los derechos humanos. Esa larga noche pasó, pero dejó una grave crisis económica y con una secuela que barrió las conquistas históricas y para recuperarnos –como región– pasaron décadas y nació una democracia imperfecta en la que los derechos humanos se convirtieron en cimientos de la sociedad.

Claro, hubo violaciones de los derechos humanos, pero como una excepción, y cuando ocurrieron, pedimos castigo por ello.

Ya en democracia, aparecieron en Bolivia y en la región los gobiernos de derecha, que eran privatizadores, neoliberales; se pasó a la venta de empresas estatales. Luego vino la izquierda, con una nueva esperanza. Ahora, una década después, estos gobiernos degeneraron y se convirtieron en tan opresores como los de la década de los 80, basados en la corrupción y el poder militar.

Si antes los gobiernos justificaban sus crímenes por la lucha contra el comunismo, ahora lo justifican por la lucha contra el imperialismo. Sigo pensando en el estudiante de la UPEA, Jhonatan Condori, que murió por el impacto de un proyectil, no sabrá si esa arma era de izquierda o derecha. Las torturas, matanzas y opresión son iguales a las dictaduras del pasado.

En Uruguay, donde la dictadura militar fue terrible, colgaron un cartel en el aeropuerto de Montevideo que decía “el último apague la luz”. Lo mismo sucede ahora en Venezuela y se estima que cinco millones de personas dejaron su país. Abandonan su tierra para no morirse de hambre o por la falta de medicinas y con la desilusión de un Gobierno que era la esperanza de todos.

Este jueves Maduro iniciará su segundo periodo en la presidencia, ahora como dictador. Morales y Ortega irán a aplaudirlo. Ya da asco la izquierda española, sin dar ni una frase de censura a los crímenes del gobierno de Venezuela. Mientras mataban en 2017 a centenares de jóvenes venezolanos, Rodríguez Zapatero llamaba a la reconciliación. El papa Francisco pidió reconciliación en Nicaragua y no dijo nada sobre iglesias quemadas u obispos perseguidos. Unos 8.000 asesinatos en Venezuela y el Papa no dijo nada, 20 presidentes de la región le pidieron que censure y no lo hace.

Los presidentes Lula y Cristina no masacraron a nadie, pero son cómplices por omisión y además dieron un apoyo expreso a los crímenes. Ahora Manuel López Obrador, presidente de México, se retiró del grupo de Lima para no criticar a Venezuela.

No deja de ser irónico que la derecha, sostén de las dictaduras, ahora defienda los derechos humanos. Me causa desconfianza, pero aplaudo su accionar. En cambio, la izquierda, de ser víctima de los dictadores, ahora son los perseguidores. El abrazo de Evo con los dictadores de Venezuela y Nicaragua nos da a entender que ese es su proyecto. No lo dice, pero ese es su proyecto y por ello va a Venezuela a abrazar a Maduro, a una dictadura que se basa en la corrupción y opresión. Morales no dudará en usar los mismos medios para oprimir el país.

Lo que no sabe es que lo sacaremos con los votos, pero no es improbable que pese a ello haga algo para quedarse. Empleará la represión pare desconocer los resultados electorales y se convertirá en dictador. No podrá entrar ni a Perú, porque ese país publicó una lista de autoridades de Venezuela que no pueden ingresar a ese país; y tampoco podrá renegociar la venta de gas al Brasil.

Evo dictador será odiado por el pueblo y caerá igual como lo hicieron otros dictadores.



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