INASET | 09/02/2019

Una mirada inquisitiva a 13 años de estabilidad y crecimiento

Dice el dicho que “conocer el problema es 90% de la solución”. En relación a la economía, la postura oficial es que el “Modelo económico social comunitario productivo” adoptado en 2006 permitirá a Bolivia superar la pobreza y encaminarla definitivamente al desarrollo sostenible. Varios indicadores muestran que, efectivamente, Bolivia ha tenido avances importantes respecto a los niveles de referencia de hace 10 o más años, siendo los más frecuentemente citados, los de reducción de la pobreza extrema (NBI), de la desigualdad y, sin duda, las altas tasas de crecimiento logradas.

Pero quienes no comparten el optimismo oficial cuestionan la calidad de los métodos para medir la pobreza, la desigualdad, o las propias bases del crecimiento al puntualizar que, en el contexto regional y global, otros países han logrado los mismos o mayores avances con enfoques y políticas muy diversas.

Si bien las tasas de crecimiento de los últimos 12 años están en un rango relativamente alto a nivel mundial, no son las mayores registradas en la historia económica boliviana; la mayor tasa de crecimiento del PIB desde 2006 fue 6,8% en 2013, nivel superado ya en 1967 con un crecimiento de 6,9%, con el 8% en 1972 y con el 7,3% en 1975. En todo caso, el auge del crecimiento boliviano (2008 a 2015) no ha modificado las tendencias generales sobre las que Bolivia se desplaza desde 1950 ni tampoco ha mejorado su posición relativa en la región.

La economía boliviana sigue dentro de las tendencias de crecimiento de las 5 menores economías de Hispanoamérica, y los organismos multinacionales empiezan matizar sus apreciaciones inicialmente optimistas: la CEPAL muestra que al 2017 Bolivia no ha cerrado la brecha en el ingreso por habitante respecto al promedio regional y mantiene su ubicación de último lugar en Sudamérica; en el mismo sentido, el Banco Mundial informa que “Bolivia lidera el ranking del hambre” en América Latina por ser el país con la mayor incidencia (20%) de población sub alimentada, y la mayor incidencia de anemia.

A las evaluaciones específicas se suma también el estancamiento o retroceso que Bolivia muestra en los “rankings” sobre indicadores cualitativos, como al ambiente de negocios, calidad de la institucionalidad, criminalidad, percepción de la corrupción, informalidad, la calidad (productividad) del empleo y los índices del poder adquisitivo del salario real. En relación a estos dos últimos indicadores, el gasto en consumo de los hogares en términos per cápita y de paridad de poder adquisitivo en Bolivia (PPA US$ 3.524) es casi la tercera parte del gasto en consumo en los otros 6 países de su vecindario inmediato (PPA US$ 9.365; Sudamérica sin Argentina, Brasil ni Venezuela).

Frente a sus vecinos que gastan casi en iguales proporciones en necesidades de vida básicas (53% en alimentación, vivienda y transporte), y en los “satisfactores” (47% en ropa y calzados, salud, educación, acceso a otros bienes y servicios, y en gastos en cultura y recreación) los hogares en Bolivia destinan tres cuartas partes a gastos de vida básicos y solo una cuarta parte a “satisfactores”. Es particularmente marcada la diferencia en cultura y recreación, rubro en el que los ciudadanos de las otras seis economías gastan, en promedio, 16 veces más que los bolivianos: los chilenos gastan en cultura 30 veces más, y peruanos, colombianos y uruguayos, unas 15 veces más que los bolivianos. Esta enorme diferencia de gasto en cultura y recreación es un poderoso indicador que refleja las diferencias en la calidad de vida. 

Finalmente, el Ensayo estima la velocidad con la que Bolivia podría converger al nivel de las economías de su vecindario. Si Bolivia y sus vecinos mantuvieran sistemáticamente las tasas de crecimiento del PIB del reciente período de auge (la mayor del grupo, 5%, para Bolivia), le tomaría 51 años alcanzar al PIB del Uruguay, 68 años alcanzar a Ecuador, 105 años a Chile y 172 años para alcanzar a Colombia. Para igualar el PIB per cápita de los vecinos le tomaría entre 40 y 100 años.

En síntesis, el alto crecimiento reportado para el período de auge resulta ser insuficiente para que la economía boliviana converja a los valores de nuestros vecinos inmediatos en las próximas 2 generaciones. Pero, considerando del conjunto de indicadores revisados y sus tendencias, los actuales niveles de crecimiento no parecen ser sostenibles, por lo que los plazos de las expectativas de convergencia, pueden ser incluso muy optimistas dada la debilidad de la estructura institucional, jurídica, laboral y productiva.

Todos estos indicadores sugieren que el proceso actual no ha modificado los aspectos estructurales e institucionales que son parte de las condiciones necesarias para el desarrollo productivo, sostenible y con inclusión. Pero, dado el valor nominal de las tasas de crecimiento que Bolivia registra en los últimos trece años, es necesario analizar la estructura, los aportes y las consecuencias de los factores que determinan esos valores. Estos son los temas de los siguientes Ensayos para el debate de la Serie.



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