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Inclusión financiera| 08/08/2022

La inclusión digital de los adultos mayores desafía a la banca

La inclusión digital de los adultos mayores desafía a la banca

Visión Sostenible |08|08|22|

La digitalización de los servicios financieros no necesariamente es un rompecabezas imposible de armar para las personas mayores, más allá de que existan tecnicismos para descifrar y la necesidad de un manejo óptimo de las potencialidades de un celular inteligente o de una computadora.

En general, los bancos han asumido creativamente el desafío que supone la “alfabetización” digital del adulto mayor, sobre todo en tiempos en que los talleres presenciales suponen una amenaza para la salud de un grupo de riesgo.

Los avances tecnológicos, desde el teléfono hasta el fax y del fax al Internet han generado siempre brechas entre los que tienen mejor disposición y flexibilidad para aprender rápidamente, y aquellos a los que les cuesta más el aprendizaje porque no guarda ninguna relación con sus hábitos previos.

Sin embargo, cuando la necesidad aprieta y la ayuda de algún tutor paciente está presente, no es tan difícil que una persona mayor pueda dar, por ejemplo, un salto digital para realizar operaciones bancarias sin necesidad de desplazarse hacia un banco.

En Bolivia, los mayores de 64 años apenas representan poco más del 7% de la población total del país, mientras que los que tienen entre 15 y 64 años, según los mismos datos del Instituto Nacional de Estadística difundidos en 2021, son aproximadamente el 63%. En el país se considera adulto mayor a quien tiene 60 años o más, cinco años menos que en la mayoría de los países del mundo donde la tercera edad comienza a los 65.

“La idea es que las personas mayores pierdan el miedo a la tecnología. Para ello hemos diseñado talleres presenciales específicos para este grupo de edad que comenzarán en cuanto las condiciones sanitarias así lo permitan, ya que estamos hablando de un segmento muy vulnerable”, dice el sub Gerente Nacional Adjunto de RSE del Banco de Crédito BCP, Javier Espada.

En general, la bancarización va de la mano de las soluciones y canales digitales, mucho más después de la pandemia, que se convirtió en un laboratorio para la creación de productos que pudieran resolver el problema de realizar diverso tipo de transacciones desde la rigidez de la cuarentena. Gracias a ello, ciertos sectores de la economía pudieron mantenerse en movimiento y la gente pudo acceder a los servicios sin mayores inconvenientes.

Pero no todo es color de rosa cuando se suman varios factores, particularmente en Bolivia, donde los cambios tropiezan con barreras geográficas e incluso idiomáticas que, sumadas a la avanzada edad de los usuarios, configuran un escenario que demanda creatividad de la banca y un énfasis en la educación financiera.

Al respecto, Espada explica que se ha considerado la posibilidad de que los adultos mayores puedan asistir a estos talleres con una persona más joven, para que la enseñanza continúe con más tranquilidad en la casa. “En cuanto la pandemia lo permita pondremos en marcha esta iniciativa”.

Obviamente, los usuarios de la banca no están obligados a descubrir por sí mismos cómo se hacen las cosas. Las entidades financieras deben acomodarse a la realidad de sus clientes de mayor edad y buscar las maneras más eficaces e interactivas para que se familiaricen con los secretos de las nuevas tecnologías o, en definitiva, mantener líneas de atención personalizada para aquellos que prefieren los formatos tradicionales.