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Equidad| 05/05/2022

Pandemia: de la inequidad digital al aprendizaje forzoso de las madres

Pandemia: de la inequidad digital al aprendizaje forzoso de las madres

Con la llegada del Covid-19, muchas mujeres tuvieron que incursionar en el mundo tecnológico.

Visión Sostenible |05|05|2022|

En Bolivia, las familias de estratos económicos desfavorecidos se han visto en una situación de desventaja al no contar con equipos de computación y celulares para que sus hijas y/o hijos accedan a las plataformas de educación virtual. A esto se suma las dificultades de acceso a internet fijo y estable y, ante todo, las carencias de conocimiento y capacitación tecnológica en muchos profesores y profesoras. Estas inequidades se reflejan con más fuerza en zonas rurales y en familias cuyos padres tienen bajos niveles de instrucción.

Un reciente estudio publicado por la organización sin fines de lucro Promundo, sobre masculinidades e igualdad de género, resalta entre sus resultados la posición del padre de familia dentro de las labores de casa y cuidado de los hijos. Un 47% reporta estar al margen de la crianza cotidiana, relegando la responsabilidad a la madre y/o cuidadora del hogar; sin embargo, de ese porcentaje, un alto número manifiesta que sí realiza actividades de esparcimiento con sus niños y los ayuda con las tareas escolares.

Si bien, antes de la pandemia, gran parte de las madres acumulaban la carga laboral con los deberes de casa y cuidado, su rol se vio más vulnerado con la llegada del Covid-19 y las clases virtuales; porque, además, puso en evidencia las brechas tecnológicas en todo el país.

Las competencias digitales se han convertido en una carga más de los hogares, donde el sistema educativo delegó directamente la gran responsabilidad de acompañar la educción escolar de los hijos a los progenitores, a los que sumó el temor a los contagios y la incertidumbre laboral y económica.

Muchas madres han tenido que afrontar de un día al otro el rol de maestras de la mano con la tecnología, haciendo casi magia para dividir el tiempo entre el cuidado de los niños, el arreglo de la casa, la preparación de alimentos, la división de un equipo o celular para que más de un hijo pase clases y, en muchos casos, la carga laboral, ya sea formal e informal.

Una publicación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) refleja el malestar elevado entre las madres de niños de 0 a 7 años, que han llevado la carga de apoyar la educación a distancia. Un 84% de las madres acumula este estrés y se evidencia una brecha de género en la salud mental con índices de tristeza, inapetencia, malestar general, miedo, cansancio e insomnio. Es más, cerca de 2% de las madres reportaron luchar con la educación a distancia y requerir asistencia, y cabe apuntar que quienes lo hacen solas incrementan más su estrés.

El apoyo estatal e institucional

Para dar respuesta a esta problemática, el Estado, desde el Ministerio de Educación promovió espacios y encuentros para apoyar a estudiantes, docentes y padres y madres en este proceso de transición, desarrollando capacidades y haciéndolos parte de esta nueva responsabilidad, ser profesores para sus hijos.

Por otro lado, varias universidades, como la Unifranz, en coordinación con autoridades de la ciudad de El Alto capacitaron a madres en el uso de las plataformas más comunes utilizadas en educación virtual, como Zoom, Meets y Teams.

Asimismo, organizaciones como Aldeas Infantiles SOS dieron un paso más en reducir brechas, ya que dotaron a nivel nacional tablets a las familias con las que trabajan en procesos de fortalecimiento que coadyuvan para desarrollar capacidades en padres, madres y cuidadores para que asuman la responsabilidad de garantizar el desarrollo integral de sus hijos desde el hogar.

A las entregas de equipos se sumaron procesos de capacitación, donde las madres aprendieron sobre el uso del equipo y cómo apoyar en la educación de sus hijos, de igual manera, con la dotación del servicio de internet a cada casa.

La adopción de lo tecnológico en la cotidianeidad

Además de capacitaciones, tuvo lugar la transmisión de conocimientos por parte de un familiar cercano, como un hijo mayor u otro, a los padres y/o madres. Esto ha permitido que muchas madres se conviertan en expertas en el uso de las tecnologías, sumando la actividad de “maestra o profesora” a sus actividades cotidianas y, además, aprovechar las tecnologías para otros fines como el laboral y el de capacitación.

Si bien la pandemia y el verse de un día al otro encerrado y con la obligación de adecuarse a lo tecnológico ha generado sobrecarga y daño a la salud mental, muchas mujeres están sacándole beneficio propio.