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Equidad| 08/07/2022

Bolivia y la deuda digital con las mujeres

Bolivia y la deuda digital con las mujeres

El acceso a las tecnologías digitales están profundizando las desigualdades en las sociedades latinoamericanas.

Visión Sostenible |08|07|2022|

En Latinoamérica, nuestras sociedades están desvencijadas por las desigualdades, así, en plural. Ya no solo tenemos diferencias de ingresos, sino que estamos surcados por múltiples brechas. Sí, ahora las hemos bautizado así y, de paso, las hemos convertido en motivos de polarización política.

Ser mujer, ser indígena o pertenecer a la comunidad de diversidades sexuales se ha sumado a las diferencias de clase social. Las formas en que se confrontan las dificultades de ingresar al mercado de trabajo, a los servicios de salud o a la educación para moverse de una clase social a otra se viven con mayor angustia si es que se pertenece a uno de estos grupos.

Hoy se ha sumado, además, el acceso a las tecnologías digitales, que está profundizando las desigualdades. Según un reporte reciente publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la brecha digital se manifiesta en el desigual acceso a dispositivos (computadoras, teléfonos inteligentes), a la conexión a Internet y a los usos, es decir, a las habilidades que requieren estas nuevas tecnologías.

A esta revolución tecnológica, las mujeres llegan con rezago y no les están permitiendo aprovechar el potencial de desarrollo y mejoramiento de su calidad de vida. En el reporte de la CEPAL, titulado “La digitalización de las mujeres”, se señala que “la intersección entre la pobreza, la brecha digital y la desigualdad de género socava las oportunidades que podrían tener las mujeres situadas en los primeros quintiles de ingresos como resultado de la aceleración de la economía digital”.

Esta aceleración de la transformación digital ha sido más pronunciada debido a los efectos de la pandemia del COVID-19. Antes de la emergencia sanitaria, el Banco Mundial estimaba que las mujeres constituían un 56% del total de personas excluidas financieramente de la economía digital.

Hoy, en algunos países de la región se han hecho estudios que muestran que, en empresas dirigidas por mujeres, el uso de tecnologías digitales básicas se incrementó exponencialmente, mientras que el uso de tecnologías avanzadas se duplicó durante el primer año de la pandemia. Esa es una buena señal; no obstante, la brecha continua y la diferencia de género todavía es un problema mayúsculo.

Bolivia tiene un panorama muy difícil en esta materia. El acceso a internet en los hogares pobres es apenas del 3%, según la CEPAL, lo que contrasta con Chile o Brasil, en los que el acceso a Internet de los hogares más pobres alcanza al 60%. En el área rural, más del 90% no tiene acceso a conexión de Internet. Si miramos al interior de estas desigualdades por ingreso, la situación de las mujeres es aún mucho peor.

Una propuesta interesante que elabora la CEPAL es la implementación de una canasta básica digital. Los Estados debieran proveer no sólo la conectividad y los dispositivos necesarios (computadora, tablet y teléfono inteligente), sino fundamentalmente el desarrollo de habilidades digitales. En el caso de las mujeres, además, se debiera generar incentivos para que se garantice la inclusión de más mujeres en los cursos y carreras tecnológicas, actualmente muy masculinizadas, para ampliar su participación laboral en la economía digital.

En el caso de Bolivia, la inversión para lograr una mayor inclusión digital de las mujeres implica un esfuerzo más significativo que otros países. De acuerdo con estos cálculos de este organismo, para llegar al 80% de mujeres beneficiadas (unas 4,6 millones) con una canasta básica digital (conexión a internet y dispositivos), se debe tener una inversión de 7,3% del PIB, lo que equivale alrededor de 3 mil millones de dólares.

Es un esfuerzo importante, que debe tener el compromiso del Gobierno nacional, gobiernos subnacionales, la cooperación internacional y el sector privado. Ello permitiría que la integración al mercado de las mujeres en mejores condiciones.