Reportajes | 06/11/2019

El déficit favorece a la muerte

El déficit favorece a la muerte

Brújula Digital |6|11|19|

Fernando Cantoral / ANF

En Bolivia hay 33 hospitales públicos de Tercer Nivel, llamados así por ser de máxima resolución y especialidad. De estos, solo 23 tienen terapia intensiva, y excepcionalmente uno de Segundo Nivel en La Paz: el Boliviano Holandés. Las camas de terapia intensiva solo se instalan en estos hospitales porque requieren de la asistencia y colaboración de especialistas en neurología, cardiología, neumología, entre otras subespecialidades, que no existen en un hospital de Segundo Nivel. De los 23 hospitales con terapia intensiva, solo cinco cumplen con la norma de tener el 10% de camas críticas respecto a sus camas de internación en sala.

Las camas de terapia intensiva suman 220, de acuerdo a la información recogida de los directores de hospitales y jefes de las unidades críticas, en los 23 centros. El Ministerio de Salud, pese a las reiteradas solicitudes, no entregó información.

La literatura médica internacional señala que el 10% de las camas de los hospitales de Tercer Nivel debe estar reservado para pacientes críticos. Como ejemplo, el Hospital de Clínicas de La Paz, una referencia del departamento y el más grande de Bolivia, tiene 362 camas de internación y solo 3 camas para pacientes críticos: el 0,8 por ciento.

Similar situación ocurre con el Hospital San Juan de Dios en Oruro, con 172 camas de internación y solo seis para terapia intensiva. El director del centro, Edmundo Guibarra, anunció que hasta agosto el hospital ampliaría la unidad a 10 camas, para un mejor servicio a la población, pero hasta la fecha no lo concreta.

Otro parámetro que es utilizado para medir la cantidad de camas críticas en una población es el establecido por la Organización Mundial de la Salud (OMS), que señala que por cada 10.000 habitantes debe haber una para pacientes críticos.

Con esta medición Bolivia amplía la brecha de déficit sobre camas críticas, que “no es cubierto ni al sumar las unidades de los hospitales del seguro ni del sector privado”, señala Adrián Ávila, presidente de la Sociedad de Medicina Crítica y Terapia Intensiva.

De acuerdo a este indicador, Bolivia, con 11.469.896 habitantes para 2019, debería contar con 1.146 camas o unidades de terapia intensiva, pero solo cuenta con 220. Eso hace que tenga un déficit de 926, es decir 81 por ciento. Una cifra que significa una sentencia de muerte para muchos pacientes.

Una unidad de terapia intensiva está conformada por una cama especial, monitor multiparamétrico, ventilador mecánico y bombas de infusión continua, como elementos básicos.

Las unidades de emergencia y de terapia intensiva del hospital Japonés de Santa Cruz dan fe de esta situación deficitaria. La unidad de reanimación de adultos habilitada para cuatro camas acoge a nueve. Es un lugar atiborrado de pacientes invadidos por agujas y sondas, y con camas improvisadas hasta en el pasillo de ingreso. Todos esperan un espacio en terapia intensiva que siempre está llena. Su director, Víctor Hugo Zambrana, sabe que la espera prolongada de los pacientes agravará su situación de forma crítica, pero dice que no puede hacer nada.

Otro problema es la falta de personal de enfermería especializada. En los hospitales de la Mujer en La Paz, con tres camas, y el Percy Boland de Santa Cruz, con igual cantidad en funcionamiento pese a que tiene siete, por turno hay una enfermera y debería haber tres, según la OMS. Una enfermera por cada paciente al tratarse de personas asistidas con ventilador mecánico.