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11/04/2021
Articulista Invitado

Padre Juan Pablo Zabala, carisma y pedagogía

Willy W. Chambi
Willy W. Chambi

Cuán arriesgado para un simple hombre como quien escribe estas líneas, encontrar las justas palabras que han de resumir la vida y consagración de un siervo de Dios que, a ejemplo de Don Bosco, decidió servir y entregar hasta su último aliento a la consagración de su apostolado: P. Juan Pablo Zabala Tórrez, sdb (1965-2021). Seguro de que en vida habría rechazado cualquier intento de resaltar sus talantes, pues en el remanso de su humildad repelía honesto la adulación personal, no consentiría siquiera una frase de halago a su nombre, ni un gesto de zalema a su áurea labor; por el contrario, honrábase digno de escuchar alientos por la causa del servicio que abrazó en vida: los jóvenes, especialmente, los más necesitados.

De sonrisa entrañable y palabra esperanzadora, el P. Juan Pablo, como todos le llamaban, entregó sus últimos días en inmerecida pesadumbre, tal misterio en que la ciencia se muestra débil y la fe próspera. Job, fiel servidor de Dios, representaría indudable esta última pascua de su vida ¿por qué un hombre justo tuvo que pasar por esta angustia? A no dudar por la fe puesta en su entrega; los trazos de su ahora silenciosa respuesta la habríamos conocido de propia voz, “Doy gracias a Cristo Jesús, que me hizo capaz, se fio de mí y me confió este ministerio”. (TIM, 1:12)

En los últimos años de su viaje por este mundo, embarcó su servicio en la animación y gobiernode la Universidad Salesiana, obra que quiso y cuidó con amor incondicional, comprometiendo toda su labor al fecundo acto de la siembra, para que, justos los hombres que le vayan a suceder, sigan su impronta, resguardando así latrascendencia de este servicio educativo-pastoral, conferido para el bien del pueblo de Dios. Se había impuesto a sí la causa noble de que cada acto suyo sería la semilla que, con la misericordia de Dios, brote frutos en tiempos venideros y manos fecundas. Se negaba siempre a ser testigo de cualquier vertiginoso fruto de su labranza, pues en su mansedumbre, no ver los frutos de una siembra brotada del corazón era el gozo de la redención eterna, anhelado en demasía por él y escasa entre los hombres de nuestros tiempos.

Su carisma y pedagogía al frente de la comunidad de consagrados y fieles, inspirada en la vida de San Francisco de Sales, desconocía el reproche, la crítica y el recelo, mas dejaba brotar en abundancia la confianza sincera, virtud que, en palabras de San Agustín, solo hombres con el alma en paz podrían brindar. Con seguridad, su paseo y animación por el patio salesiano podría resumirse en una simple palabra, infinita en el seno de los buenos corazones y longánima en el cotidiano servicio, ¡ánimo!...

Fiel y consecuente en su apostolado, huía de las grandes responsabilidades, pero éstas, por gracia de su entereza, se anticipaban a sus planes y confiaban en él cometidos que ha de cumplirlos en última instancia con amorevolezza y, dócil en su obediencia a los designios de Dios, encomendose plácido a quien lo había hecho todo, María Auxiliadora.

¡P. Juan Pablo, anímanos como solías mientras gozas de la pascua eterna del Señor, nosotros, acaso, te extrañaremos más que de costumbre!

Willy W. Chambi es profesor universitario.



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