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11/05/2021
Articulista Invitado

Narcotráfico y drogadicción, delito y pandemia social que no paran

Hernán Cabrera
Hernán Cabrera

El 6 de septiembre de 1986 el país se estremecería por el asesinato del científico cruceño, Noel Kempff Mercado, precisamente en el centro de uno de los tesoros naturales más hermosos de Bolivia: las serranías de Caparuch.

Pero el escándalo sería mayor porque los asesinos eran los narcotraficantes que operaban de forma libre e impune en esas serranías, y lo hacían con laboratorios de fabricación de cocaína con alta capacidad de producir la droga. El gobierno de entonces sabía de esos movimientos, pero no se hizo nada.

En los círculos sociales de Santa Cruz de los años ochenta, los narcos se paseaban por fiestas, reuniones sociales, eventos artísticos y hacían ostentación de su poder económico. La muerte de Noel Kempff nos interpeló y nos  hizo reaccionar para rechazar y cuestionar al Estado de su indiferencia y negligencia criminal. En homenaje a el luego se denominó a ese entorno natural como Parque Noel Kempff.

Hace algunos días los medios de comunicación informaron del descubrimiento de dos enormes laboratorios en el Parque Noel Kempff Mercado, los cuales tienen una capacidad de producir media tonelada de cocaína por día. Es hartísima droga, una superproducción, que no solo se destinaba al mercado local, sino  también a los mercados de Estados Unidos, Latinoamérica y Europa.

Todos los días la prensa informa de operativos referidos al decomiso de cantidades enormes de cocaína. ¿Qué significa ello? Que la fabricación y la producción de la pasta base y el clorhidrato de cocaína no ha parado ni un solo día, generando una oferta a gran  escala.

En el último informe sobre el consumo mundial de drogas, la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC por su sigla en inglés) en Bolivia, alerta que ha habido un crecimiento importante del consumo de varios tipos de drogas, debido al encierro de la cuarentena, las nuevas rutas del narcotráfico y sin duda, la superproducción.

“Los grupos marginados y en situación de vulnerabilidad, jóvenes, mujeres y personas en situación de pobreza pagan el precio por el problema global de las drogas. La crisis por el COVID-19 y la recesión económica amenazan con agravar aún más los efectos de las drogas en un momento en que nuestros sistemas sanitarios han sido llevados al límite y nuestras sociedades están luchando para hacer frente a esto”, afirmó la Directora Ejecutiva de la UNODC, la Señora Ghada Waly.

Pero más allá de los datos que puedan arrojar informes oficiales, la sociedad y el Estado Plurinacional debemos reconocer que en Bolivia hay una realidad concreta y pavorosa: la drogadicción que va en aumento, constituyéndose en la otra pandemia que no la queremos asumir en su magnitud y en sus consecuencias que viene acarreando.

El descubrimiento de fábricas, de camiones llenos de droga, de decomisos diarios de cocaína, solo significa un dato concreto: se está fabricando en sus diferentes formas y modalidades la cocaína, para ser distribuida, vendida, comercializada y consumida en los mercados nacionales, siendo las ciudades de El Alto, Sucre, La Paz, Cochabamba y Santa Cruz, los de mayor incidencia.

Si no reconocemos esta realidad social es que vamos a mirar de frente a las futuras generaciones. Precisamente en mi libro “Desgarrados por la cocaína, vidas y sueños de adictos”, que se sumergió al infierno de la drogadicción, teniendo como protagonistas a hombres y mujeres que optaron como una forma de vida el estar abandonados, rechazados, odiados y marginados por su adicción, decidieron contar sus experiencias, sus sueños, sus problemas, sus hazañas y lograron sobrevivir, no todos, fundamentalmente para decirle a usted amable lector estas profundas palabras, que se las debe grabar, para evitar ser atrapado o que su hijo sea absorbido por los cantos de sirena de la cocaína:

“Porque si reconoces que eres drogadicto, que necesitas la droga para estar bien, que a veces tienes que delinquir para conseguir el éxtasis a través de un gramo de cocaína, la verdad te perforará los intestinos y caminará por tu alma y se afincará en tu cerebro. La verdad, siempre la verdad”, testimonio de Richard.

“No hay palabras para describir esa fuerza poderosa que te invade, quizás pueda compararse con ver a Dios o estar en la punta del universo”, testimonio de Jorge Arturo.

“La droga te encuentra a vos, si quieres y si gustas, y la puedes adquirir en el lugar menos indicado”, testimonio de Luis.

Durante años nos hemos dejado atrapar por el vicio y nos resistimos a que ustedes nos cobijen y atrapen,, si solo hacernos el bien a nosotros, que somos desgraciados y en esta sociedad, que nos ha empujado hacia esta realidad infernal”, testimonio de Silvia.

Estos testimonios son poderosos, son reales. Ahí están el narcotráfico y la pandemia, delito y pandemia que van de la mano, y sigilosamente avanzan y se incrustan hasta el fondo de la sociedad y del Estado Plurinacional de Bolivia.

Hernán Cabrera M.

Periodista y Lic. en Filosofía

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