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10/07/2021
Articulista Invitado

La violencia política va ganando terreno en el Estado Plurinacional

Hernán Cabrera
Hernán Cabrera

Brújula Digital|10|07|21|

Esta es una mirada desde la opción de los derechos humanos y eso implica por la paz, por la vida, por la justicia, la igualdad, la libertad y contra la discriminación, el racismo, el odio racial, la violencia, la intolerancia, que va ganando más espacios y adeptos. Pero estamos a tiempo de neutralizarla.

Varios hechos o señales de la violencia política e intolerancia en el país que se están dando en oriente, en occidente, en los grupos de izquierda, derecha, en los comités cívicos, en los medios de comunicación, en las redes sociales, en las universidades, en las familias, en las instituciones del Estado, etc.

La violencia política, sus orígenes y consecuencias no es privativa de personas o grupos particulares. Es una lacra social que nos involucra como sociedad y Estado.

Veamos esas señales:

La justicia es uno de esos escenarios de violencia política, con fiscales y jueces que no están haciendo bien su trabajo. Que bailan al ritmo del poder de turno y obedecen órdenes políticas. Cuando la justicia falla tenemos una democracia miserable y una sociedad temerosa y en pánico.

Esto no solo en el plano político, sino en los otros campos: alarmantes hechos de feminicidios y pocas sentencias. Jueces que permiten el avasallamiento de instituciones. La justicia ha dejado de ser un derecho humano, para convertirse en lo que Platón sentenció: "La justicia es el poder e interés del más fuerte".

La UAGRM con un comité electoral que se aparta de sus estatutos y de la Constitución, vulnerando los derechos políticos de más de 60 docentes, que  los inhabilitaron de cajón, a pesar de cumplir con los requisitos. Hay peleas, tomas, marchas y pugnas duras.

Desde la cuna del debate político, un diputado y senador se agarran a golpes, antes que sea una batalla de ideas. Una ex diputada es agredida en una  reunión de cocaleros.

La tierra como espacio de confrontación racial, regional y política. Y valgan varias preguntas: ¿De quién es la tierra en Bolivia? ¿De quien la trabaja? ¿De quien la avasalla? ¿De quien tiene poder e influencia? ¿De quien tiene dinero y la compra? ¿De quien la ocupa y luego la vende?

¿De quien cumple la ley y paga impuestos? ¿De quien la explota y saca enormes ganancias? ¿De quienes viven años y siglos en los territorios?

Se viene otra madre de las batallas: la tierra.

El abrazo del rector de la Universidad de El Alto con el presidente de la CAO y el compartir el sombrero de sao con el poncho, generó amenazas violentas de parte de los llamados ponchos rojos, que desconocían ese hecho y exigían la renuncia del rector.

La arenga permanente que se hace desde los círculos cívicos de Santa Cruz, bajo el discurso de la defensa de Santa Cruz, como si acá estuviéramos en guerra permanente y tienen que defenderse de un enemigo invisible o visible. El permanente llamado a la cruceñidad, como elemento de unidad y de confrontación.  Desde el INRA también se alimenta la confrontación al priorizar a los colonos para que ocupan tierras en el departamento de Santa Cruz.

La tierra será otro tema de confrontación entre el gobierno y la gobernación, que con seguridad medirán fuerzas, como ya lo están haciendo.

En los grupos de whastapp los mensajes son permanentes contra unos y contra otros, y todos cargados de racismo, discriminación, odio racial, de ambos lados. Los extremistas de izquierda y de derecha quieren algo más entre los bolivianos. No solo quieren violencia política, quieren heridos, sangre y peleas.

Las redes sociales son espacios del ciudadano, pero a la vez, de instrumentos de confrontación a niveles políticos e ideológicos. Si comentas algo contra el gobierno, te dicen facho, derechoso, oligarca, Si hablas contra el comité te dicen masista, traidor, etc.

La polarización es un caldo de cultivo para la violencia política y la intolerancia y así estamos en Bolivia. Confrontados, divididos, polarizados, violentados.

Y otras señales mas que con seguridad existen y se están germinando, frente a lo cual, habrá que preguntarse seriamente y ser honestos intelectuales, porque no se trata de acusar, ni lavarse las manos por el alto nivel de violencia política que estamos viviendo cada día.

¿Qué origina el actual  tensionamiento político desde el MAS y la gobernación si las  urnas hablaron dos veces? Y sin duda, el voto se debe respetar en todas las instancias.

¿Cual es el rol de las ex autoridades para bajar el clima de crispación, el cual se puede ir a mayores?

¿Qué responsabilidades tienen el Estado: municipio, gobernación, gobierno central,  los medios de comunicación, las redes sociales, las organizaciones sociales en el clima de violencia política que vive el país?

¿Qué grado de responsabilidad tienen los administradores de la justicia para esta polarización intensa en la que estamos enfrascados, que han coadyuvado a dividir la realidad en dos: hubo golpe de Estado o hubo fraude electoral?

¿Los ciudadanos somos conscientes de nuestros derechos y deberes?

¿Las universidades, convocadas a ser espacios de debates y de referencias para la sociedad, están aportando en algo a bajar los decibles de la violencia política?

¿Qué hacer frente a este panorama dialéctico que cada día nos toca que vivirlo, palparlo, mirarlo?

No nos puede ganar la violencia política y la intolerancia, mucho más si asumimos que vivimos en un Estado Plurinacional que es diverso en todos los aspectos, pero que desde su Constitución apuesta por la paz, la democracia, los derechos humanos. Tenemos una batalla política pendiente frente a la intolerancia.

Es decir que frente a todas esas amenazas se trata de reconocer que el campo de batalla está también aquí, en nosotros mismos y en nuestras instituciones.

Hernán Cabrera M. Periodista y Lic. en Filosofía*



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