18/02/2021
Articulista Invitada

La verdadera sorpresa en Ecuador, los valores cuentan en política

María José Rodríguez
María José Rodríguez

La votación de Yaku Pérez rompe varios mitos anidados en las élites políticas y económicas de Ecuador, como que el voto indígena es solo identitario y no franquea las fronteras citadinas o costeñas. Las elecciones del 7 de febrero le dieron al voto por Pachakutik un marco axiológico. Yaku encarna, hoy, los valores de quienes practican y proyectan una forma de vida distinta, cercana a la naturaleza, la armonía, la justicia, la equidad, el consumo responsable y la participación. Una ideología que va más allá de la reivindicación del movimiento indígena. Su propuesta está solventada en su propia práctica diaria, los siete libros que ha escrito, los cuatro posgrados que ha vencido y algunos pocos éxitos de su corta actuación en la Prefectura de Azuay. Son un conjunto de evidencias y valores que le permiten a los jóvenes de hoy mirarse en ese reflejo y proyectar su ideal de futuro.

La otra gran sorpresa de los comicios es Xavier Hervas, un empresario que se hizo a sí mismo con mucho talento y trabajo. Un tipo desconocido que contó durante tres meses su historia en TikTok e Instagram y se llevó el voto de los milenials. Y ojo, no hablamos del niño-grande, con televisor de 60 pulgadas para sus necesidades de gamer, sino del milenial hijo del “proceso de cambio”, empoderado y harto del paradigma tradicional y que ya no cree en la polarización ni en las barreras culturales ni sociales. Así se explica el voto de Hervas en provincias interandinas como Carchi y Pichincha, donde se ubicó a solo dos puntos del ganador regional, Guillermo Lasso. Dirán que se trató de una “buena campaña”, creativa y juvenil. Y sí, es cierto. Pero el alma de esa campaña también está en los valores que muestra. Valores del siglo XXI, de inclusión, lucha contra el machismo, el racismo y el clasismo. Su visión empresarial es la de un emprendedor mediano y cumple el sueño de quienes quieren alcanzar sus objetivos sin vender sus almas al diablo capitalista. Por ello pudo ir sin problemas como candidato de la izquierda democrática.

Yaku obtuvo 19,4% de votos y todavía disputa el segundo lugar y la posibilidad de pasar al balotaje con el exbanquero Lasso, de quien lo separaron sólo décimas en la votación. El organismo electoral todavía no decide cómo ni dónde realizar un recuento de votos que dirima la situación. Hervas consiguió un muy importante 15,7%. El ganador fue el correísta Andrés Arauz, con 32%. Al no haber conseguido el 51% de los sufragios, ni 40% y 10 puntos de diferencia con el segundo, se debe acudir a una segunda vuelta.

Las sorpresas de estas elecciones no están en la cantidad de votos, ni en si hubo o no un nuevo outsider. Eso es un debate del pasado. El descubrimiento está en el cambio paradigmático que lleva a una lenta, pero segura caída de la hegemonía populista correísta. Ahora se viven valores distintos con los que las nuevas generaciones consienten y entienden un mejor estilo de vida. Son valores que también han sido dibujados desde la pandemia y el horizonte gris que ella pinta aún en el escenario promisorio y nada cercano (al menos para los bolivianos) de que la vacuna llegará a una gran mayoría. Los jóvenes la tienen difícil. Los mares invadidos de plástico, la mayor parte de las ciudades y poblados sin conciencia ecológica sobre el manejo de la basura (y carentes de respuestas para ese problema), el acecho de problemas por el cambio climático y un capitalismo voraz que parece ahogarlos. Su mirada no es optimista. Y la respuesta de la generalidad de los líderes está afincada en la mera coyuntura económica y política actual. Pero esos jóvenes quieren propuestas que pasen del “ahorita” porque saben que tienen por delante una vida empedrada.

La votación de Yaku no es una casualidad ni es un evento aislado, proviene de un proceso de cambio de valores. Los jóvenes, despojados de los prejuicios casi fundacionales de las élites blancas, han conectado con los valores verdes y de equidad del discurso de Yaku y votaron por ideología en el más puro y estricto sentido de la palabra. Luego de la pandemia y la crisis mundial, las prioridades han cambiado y la perspectiva también, al menos para las generaciones nuevas. Hervas, por su lado, dice lo que muchos sienten, que “el gobierno y el sistema les ha fallado”. Apela a la desilusión y propone la edificación de un futuro nuevo. Ya no basado en el pasado, ni en la felicidad perdida ni en recetas pasadas, sino en un sistema de valores acorde a la realidad.

Esta elección nos enseña que la población se cansó de la polarización iniciada hace 15 años, que los problemas de “ahorita” son asfixiantes, pero que aún hay quienes pueden mirar más allá del minuto, que las necesidades son importantes pero que los valores pesan fuertemente. Hervas y Yaku salieron a jugar en otra cancha, introdujeron el factor de futuro en sus ideales, no solo en su oferta. Con ello, hay seguridad de que un sistema de valores distinto conducirá sus eventuales gobiernos. No tienen que decirlo, lo dejan saber con sus acciones y su comunicación blanda (soft).

Esa es la fuerza mística que en el siglo pasado derrotó a dictaduras y produjo cambios estructurales. Esperanzador es saber que se dibuja una ideología capaz de dejar atrás la más clásica lucha de clases, el maniqueísmo y la polarización, cartas base del socialismo del Siglo XXI en toda la región. Y es que Yaku y Hervas van más allá de las reivindicaciones de su clase y sus orígenes. El primero demostró que sí se puede ganar con un pensamiento más soft y místico (aunque ponga en jaque los sistemas económicos tradicionales); el otro nos invita a atrevernos a cambiar la política y nuestras vidas. Ambos hacen (no sólo dicen) cosas que muchos jóvenes abrazan de corazón: preferir la bicicleta, hacer yoga, comer sano, emprender, soñar…

Pase quien pase a la segunda vuelta, la Asamblea será escenario de esta nueva lucha de valores (axiológica) y miradas de futuro. Esa es la ganancia de las elecciones del 7/2, una esperanza sobre la lógica de polarización y división que profesan, impulsan y practican los líderes mal llamados progresistas. Una nueva luz alumbra el, hasta hoy, árido panorama político ecuatoriano.

María José Rodríguez B. es directora de la empresa Rodríguez-Baudoin.



Post IG BD