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Si el boxeo es un deporte practicado bajo ciertas reglas entre oponentes de una misma categoría, se entiende que no debe ser ejercitado en desigualdad de condiciones.  Los expertos señalan que al entrenar el cuerpo para atacar o defenderse, están preparándolo cual, si fuese un arma y, por tanto, no es lícito enfrentar a adversarios de distintos rangos o, entre uno que sabe y otro que no.

Las escuelas de prácticas de contacto se basan en principios y normas disciplinarias.  Las infracciones que se contravengan derivan en sanciones o incluso en la expulsión de los deportistas.  Los casos extremos escapan a la tuición de las escuelas y se abordan desde el ámbito legal.

En los últimos meses dos boxeadores cruceños galardonados por sus destrezas, fueron sometidos a procesos penales justamente por haber propinado golpizas durante actividades sociales  a personas comunes. Su conducta se apega al Art. 271 CP bajo el rótulo de Lesiones Graves y Leves.

G.A.R.R.  ganador de 70Kg del “TEAM VIOLENCIA CEC” está detenido preventivamente en el penal de Palmasola tras haber ocasionado un impedimento de 40 días a su ex compañero de colegio.  Este ganador atacó a su amigo solo porque  se negó a recibirlo en su casa a fin de consumir bebidas alcohólicas.  Fueron necesarias tres operaciones para el herido y por ellas, estuvo impedido de alimentarse, ver y oler durante largos meses. Totalmente inmovilizado, el agredido tuvo que dejar de trabajar y sin ingresos económicos, le es imposible pagar otra necesaria cirugía en la nariz y un costoso tratamiento médico para recuperar la sensibilidad en su rostro. En tanto el campeón de boxeo no acudió a ninguna de las citaciones policiales, fiscales ni judiciales; no aportó a los gastos de curación de su víctima y no tuvo mejor idea que huir durante un año en el que el joven torturado agotó sus últimos recursos buscándolo. Finalmente tras esos angustiosos doce meses, el brillante campeón de boxeo  fue capturado el pasado 20 de agosto  por la policía cuando ingresaba a entrenar a un prestigioso gimnasio en vísperas de un publicitado concurso del cual debió formar parte.

El otro caso se refiere a una joven de 22 años, destacada boxeadora que agarró a golpes a una señorita que creyó era “responsable” de cuidar a una  amiga  en común, y quien  fue atendida de emergencia  supuestamente tras ingerir  antidepresivos con alcohol en una fiesta. Lo llamativo de este caso es que la agresión fue captada por las cámaras de seguridad del hospital y aún con esa prueba irrefutable procesada por el  IITCCUP (Instiuto de Investigciones Técnico Científicas de la Universidad Policial), la boxeadora refirió al  fiscal que ella no era una profesional en ese deporte y que  a la señorita,  “solo la había tirado de la ropa” .Profesional o amateur, lo cierto es que N.R. ganó varios torneos de boxeo y ejerció su brutal  fuerza en la humanidad de  una frágil joven  quien se animó a denunciarla.

Es evidente la ausencia de calidad humana en estos malos  representantes del boxeo siendo que un deportista es, ante todo, un ser de impecable trabajo físico, mental y espiritual.

 Mentir, huir y negar auxilio a sus víctimas son agravantes que no pueden pasar por alto ante denuncias con pruebas por demás suficientes que los involucran en hechos delictivos. Lamentablemente en ambos casos, los amigos o familiares de los boxeadores se ofrecen oficiosamente como testigos de los hechos, cuando en realidad se convierten en cómplices y encubridores.

Estos deportistas también son un pésimo referente para aquellos centros o gimnasios que los albergan.  En el caso de G.A.R.R  le permitieron  practicar la disciplina durante un año, a sabiendas que era requerido por la justicia debido a una querrella presentada en su contra por el delito de  Homicidio en grado de tentativa. Resulta que justamente en ese primer gimnasio en el que se buscó al  abusivo boxeador, fue donde la policía lo capturó 12 meses después.  Lo correcto hubiese sido, si no  la expulsión inmediata por la  presunción de inocencia,  por lo menos el retiro temporal del presunto delincuente  por un principio ético que hace al noble deporte.

Mientras el Estado despliega esfuerzos por generar una cultura de “no violencia”, quién diría que hay boxeadores que se dan el lujo de repartir golpes a siniestra, aunque parezca paradójico. En cuanto a sus víctimas no solo quedan afectadas a consecuencia del daño físico y psicológico, sino que deben constituirse en motores impulsores de sus procesos ya que les requiere agallas, tiempo, y básicamente dinero.  Habrá que estar pendientes de las resoluciones que emane la  Justicia  respecto a estos  mal llamados deportistas, además de seguir los pasos de algunos centros o gimnasios “tan permisivos”  con este tipo de  campeones.

Ximena Guzmán Pinilla es abogada.

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