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27/04/2021
Articulista Invitado

El voto del 7 de marzo fue claro: gobernabilidad si, violencia no

Hernán Cabrera
Hernán Cabrera

Bajo la mirada atenta de alrededor diez organizaciones nacionales e internacionales; en medio de la dura pandemia y cuarentena y el temor de la gente; con restricciones presupuestarias y teniendo en sus espaldas el peso de la responsabilidad de devolver la credibilidad del ente electoral, el pasado 7 de marzo se realizaron las elecciones subnacionales y luego la segunda vuelta para gobernadores en Tarija, Chuquisaca, La Paz y Beni.

Entre los observadores internacionales han estado la Unión Interamericana de Organismos Electorales, el Parlamento del Mercosur, el Consejo de Expertos Electorales de Latinoamérica, con sede en Guayaquil, Observa Bolivia y Observación Ciudadana para la Democracia, entre las más importantes, que llegaron a conclusiones similares: destacan el alto nivel de participación ciudadana para elegir a las nuevas autoridades departamentales y municipales.

Sin duda, la ciudadanía dio un claro ejemplo de democracia a todos los candidatos, partidos políticos, agrupaciones ciudadanas y agrupaciones de los pueblos indígenas.

Bolivia es el único país que fue a dos procesos electorales complicados, intensos y duros durante la pandemia: las elecciones nacionales de octubre de 2020 y las subnacionales de marzo de 2021. Bolivia respiró, aspiró, practicó y ejerció su derecho a elegir y ser elegido, sin mucho temor al contagio. Bolivia dijo que la solución de cada conflicto es en democracia.

Ambos procesos democráticos que han tenido por fin la estabilidad política con la elección de un presidente, un vicepresidente, 130 diputados, 36 senadores a nivel nacional, y 583 autoridades departamentales, 27 autoridades regionales y 4.352 concejales, entre titulares y suplentes, además de los actores políticos importantes, como los candidatos, sus propuestas, los partidos políticos y organizaciones ciudadanas e indígenas, han tenido su pilar en la institucionalidad electoral, que vino muy golpeada desde las frustradas elecciones de noviembre de 2019.

Es decir el Tribunal Supremo Electoral y los tribunales electorales departamentales, cuyos integrantes fueron bombardeados con pedidos de renuncia, denuncia de fraude, manipulación del voto, estar al servicio de una opción política y muchas otras arengas al calor del proceso electoral, a pesar de ello, la institucionalidad electoral capeó los temporales y planificó, organizó y realizó ambos procesos electorales, que el próximo 3 de mayo de 2021, cerrará un ciclo histórico, con la posesión de las nuevas autoridades electas departamentales, municipales y de las NPIOC.

Con seguridad, el cuarto poder del Estado, el electoral, sabrá sacar lecciones y enseñanzas de las dos elecciones, con el objetivo de generar más confianza, credibilidad y profundizar los niveles de la democracia intercultural que instituye la Constitución Política del Estado.

A nivel de las asambleas departamentales y varios concejos municipales, el resultado que dejaron las elecciones, ha reflejado un dato muy importante: el equilibrio de las fuerzas políticas, precisamente para evitar abuso de poder y falta de gestión, pero a la vez, tiene otro mensaje claro: la gente quiere gobernabilidad en las nueve gobernaciones y en los 336 municipios del país.

La situación se complica en algunos de ellos, como la Asamblea Departamental de Santa Cruz, en la que las dos fuerzas políticas adversarios, como CREEMOS tiene 11 asambleístas; el MAS, también once y los pueblos indígenas cinco curules, los que se constituyen en factores determinantes para generar los espacios de la gobernanza en función del interés colectivo. Un tema apasionante para los estrategas políticos, que pondrá en prueba su vocación democrática,

Otro caso simbólico es lo ocurrido en la ciudad de Camiri, donde ganó la Alcaldía el candidato de Comunidad Ciudadana, pero en el Concejo Municipal, tiene mayoría la oposición, CREEMOS, con cuatro concejales y CC, tres concejales. Camiri arrastra un proceso traumático a nivel municipal, que en cinco años ha tenido tres alcaldes y muy pocas obras para la gente.

En el gobierno municipal de Santa Cruz de la Sierra la situación se torna caliente, toda vez que UCS y CC tienen cuatro concejales; el MAS, dos y Demócratas, uno. El MAS es la llave para la gobernabilidad de la próxima gestión.

Casos como éstos hay muchos, pero refleja dos elementos centrales: un reto para las autoridades electas de pensar y actuar en función de los temas prioritarios que hoy reclama la ciudadanía, como salud, empleos, seguridad ciudadana, educación, reactivación económica, antes que hacer estrategias políticas para tumbar o dar golpe a algún gobernador, alcalde; y el otro es el mensaje que deja el ciudadano con su alta participación en las urnas: ya no quiere más conflictos ni que se generen  acciones de violencia y enfrentamientos en ningún espacio de poder a nivel subnacional.

Así como fue a las urnas de forma responsable, así las nuevas autoridades deben tener la capacidad y la honestidad de responder a ese mandato popular.

El voto del 7 de marzo nos deja un claro y contundente mensaje ciudadano: ya no más conflictos, ya no más golpes bajos, ya no más ingobernabilidad, ya no más maniobras maniqueas en los gobiernos departamentales y gobiernos municipales del Estado Plurinacional de Bolivia.

Hernán Cabrera es periodista y Lic., en filosofía.



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