27/08/2020
Articulista Invitada

El Chivo y su cohorte

María José Rodríguez
María José Rodríguez

Los rumores eran fuertes. “Evo siempre está con jovencitas”, decían. Aunque el hecho se tipifica como estupro, las reacciones eran mínimas en lo moral y ausentes en lo legal. Movimiento condenatorio de cabeza o risitas pícaras de los más lamebotas, o los que veían en ello un acto de hombría. Las pruebas se atisbaban. Denuncias de hijos no reconocidos, paridos, casi todos, por niñas entre 14 y 17; o voces anónimas señalando casos concretos. Y, otra vez. Sonrisitas y desaprobación muda.

Al escuchar esas historias, inevitablemente en mi cabeza se dibuja la violación de Urania Cabral, de 14 años, entregada en ofrenda obligada al infame Leonidas Trujillo, dictador dominicano. Urania es el personaje central de la novela “La fiesta del Chivo” de Mario Vargas Llosa. Es un personaje inventado, pero inspirado en historias reales, cuchicheadas. Se decía que el Chivo (Trujillo) obligaba a la entrega de “vírgenes” casi niñas para saciar sus apetitos. El miedo al generalísimo y el machismo del momento normalizaban esas violaciones.

El triple asesinato de las hermanas Mirabal, ocurrido en 1960, se produjo en parte porque Minerva, la más linda de las hermanas, rechazó las pretensiones de Trujillo. El horrible crimen implicó el asesinato, seis meses después, del dictador.

“Qué tiempos de mierda para las mujeres”, pensé después de leer la novela. Hoy, en pleno siglo XXI, ante las fotografías en el celular incautado de una de la adolescente pareja, no puedo dejar de pensar en cuántas Uranias habrá en los 14 años de la era de Evo. Y cuánta complicidad bajo el brazo de esta sociedad.

Las evidencias y los testimonios de madres de algunas de las afectadas superan la capacidad de la “derecha” de inventar y crear este tipo de cuentos contra el político acogido en Argentina. El dedo de la política no puede tapar los viajes de la niña pareja a México y a Argentina ni la descripción de un periodista estadounidense de la chica que, callada, observaba al Jefazo y que luego le pide una foto con el hombre pareja 41 años mayor que ella.

Algunas “hermanas” o “compañeras” del Movimiento Al Socialismo cuentan que estaban obligadas a asistir con sus hijas de entre 12 y 15 años a las reuniones a las que la presencia del Jefazo estaba programada. Así, él podría elegir alguna a su antojo. Vírgenes en ofrenda obligada como al viejo Trujillo.

“No es cierto, son viles inventos de la derecha”, dicen aún algunos. La negación no solo es de hombres del partido evista, sino de mujeres. Imagino que ellas reaccionan como las madres de otras niñas abusadas, negando el hecho. Ellas suelen defender al amante o marido que ultraja a las hijas para no enloquecer al ver de frente el horror. A ese mismo mecanismo de defensa habrán recurrido ministras, asambleístas y asesoras que, desde alguna esquina, dudarían calladamente sobre los hechos. Que miraran a Evo como el Chivo boliviano debió ser atemorizante y, de hacerlo, no habrían podido detener el vértigo y la náusea. Seguirán siendo tiempos de mierda, y ya no solo para las mujeres, si el silencio moral y legal se mantiene.

María José Rodríguez B. es periodista y consultora. Dirige la empresa Rodríguez & Baudoin.