08/02/2020

El apocalipsis de YPFB

La palabra griega “apocalipsis”, al margen de la acepción de “catástrofe” que se le asigna en el lenguaje corriente, significa “revelación”. Por tanto, el título de esta columna se refiere a las revelaciones recibidas de parte del actual presidente de YPFB acerca de la “salud” de la principal empresa pública. 

En verdad, para los expertos del ramo no ha habido grandes revelaciones; sin embargo, lo relevante es que se trata de apocalipsis “canónicos”, oficiales, y no de las versiones que hemos estado dando a lo largo de los últimos 14 años, tildadas de “apócrifas” por el anterior gobierno.

¿Y cuáles son las revelaciones sobre la “buena salud” de YPFB (como dijo el ministro Zamora mirando sólo la lengua y no los análisis de laboratorio del paciente)? Los análisis están en el Primer informe nacional de situación entregado por el presidente de YPFB y descargable del sitio: www.ypfb.gob.bo/images/ypfb/otros/YPFB_2020_transicion.pdf

El informe revela que en los últimos años nos ha gobernado una sarta de autoridades mentirosas, manipuladoras de cifras, incompetentes y, en algunos casos, corruptas, sin ninguna visión holística del sector energético. Sus prácticas favoritas incluían ocultar datos, dejar de publicar información estadística periódica, negociar contratos a espaldas del país y hablar (zonceras) más de la cuenta, queriendo imitar en eso a su líder “incombustible’, cuando en la realidad lo único incombustible es el gas que no se tiene.

A la espera de una certificación transparente de reservas, salen a la luz cuadros y números de la fallida exploración, postergada ante la angurria de monetizar las reservas recibidas en herencia y despilfarradas en elefantes y llamas blancas. En síntesis, no tenemos reservas suficientes para cumplir contratos y obligaciones asumidas y por eso renegociamos periódicamente acuerdos que otrora eran de largo alcance.

Encontramos revelaciones dolorosas como el tamaño del fiasco de la industrialización. De los dos proyectos ejecutados, el LNG vía “gasoductos virtuales” está parado por ser antieconómico y técnicamente inviable (son 150 M$us al agua). A su vez, la planta de úrea y amoniaco, al margen de las especulaciones sobre su verdadero propósito, es un proyecto fracasado que produce al mínimo de su capacidad: está mal ubicado, no tiene mercados ni posibilidad de cumplir contratos (ni de hacerlos cumplir, como ilustra el confuso incidente con Cuba). En suma, un verdadero dolor de cabeza para las autoridades que deberán decidir qué hacer con esa planta.

La baja producción de gas tiene como efecto un mayor déficit de líquidos, a tal punto que el 50% de los ingresos del gas (siempre más barato) se destinan a la importación de combustibles líquidos (a un costo más alto). La “solución” del etanol, aun siendo una gota en el mar no ha funcionado y sus ventajas económicas y ambientales son fuertemente cuestionadas.

Por todo lo mencionado, no sorprende que YPFB tenga un déficit contable de 443 M$us al 30/9/2019, un déficit que será arduo revertir. Para lograrlo, YPFB deberá abandonar su rol de agencia de empleos, cortar los gastos suntuarios, extirpar los aportes políticos, eliminar la duplicidad de funciones al interior de la corporación y, sobre todo, atraer inversiones de riesgo para incrementar las menguantes reservas.

No se puede exigir a las actuales autoridades transitorias que solucionen problemas estructurales, pero sí podemos obligar a los candidatos a la Presidencia a debatir su plan de gobierno sobre estos temas. Por su parte, el candidato “blanco sano” deberá explicar su complicidad y participación protagónica en el descalabro técnico y económico de YPFB, amparado en el inefable rótulo de la “nacionalización”.

Francesco Zaratti es físico. Twitter: @fzaratti