19/09/2019
Informe Especial

Campesinos interculturales en la Chiquitania

Amalia Pando
Amalia Pando
Un manto de ceniza lo cubre todo, están sobre los caminos, campos, senderos, sobre los cuerpos de los animales y donde antes había verde. Si el chaqueo inicial de hace dos meses beneficiaba a los ganaderos, ahora está matando ganado y lo seguirá haciendo por fuego o por hambre, porque ya no quedan pastizales. El fuego no dejó nada.Nos llegó un video en el que se puede ver cómo el fuego avanza y un tropel de vacas sale en estampida, confundidas, sumidas en el terror y en ese desconcierto regresan al fuego y los hombres miran desde lejos sin nada que hacer. Si estas vacas sobreviven del fuego no tendrán qué comer.

Cuando llegó el fuego a los bosques chiquitanos, ni los animales más veloces lograron escapar y al que le fue peor fue al oso hormiguero. El humo es lo primero que ataca y lo que más se expande. Cuando envuelve esa nube gris es difícil respirar y caminar y el fuego los atrapa. Tras el fuego, se vieron escenas dramáticas de esos osos hormigueros calcinados, uno de ellos aferrado a su cría. Esa es partes de la descripción de un artículo publicado en Los Tiempos.

El gobierno cumplió todos los requisitos para el incendio de la Chiquitania. No sólo las cinco leyes y decretos que permite las quemas; sino que puso la gente para hacer cumplir el decreto. El INRA distribuyó tierras y permitió el asentamiento de 1.000 nuevas comunidades en la Chiquitania. Eso lo hizo conocer el Comité Cívico de Concepción, uno de los tres más afectados de esa región.

Según un informe de la CSUTCB de Santa Cruz, entre marzo y abril de este año se entregaron 26.000 hectáreas a los campesinos en ocho municipios y la mayoría de esas tierras eran forestales y en las que había que prender fuego. Cada grupo les coloca el título de “comunidad” pese a que son interculturales, y se les entregan entre 1.000 y 2.000 hectáreas. Cada familia recibe 50 hectáreas y, en conclusión, son 35.000 familias que llegaron a la Chiquitania en los pasados meses.

Cuando llegan esos campesinos, prenden fuego, no les interesa el bosque, salvo para talar. Un dirigente del MAS, Rolando Cuellar, dijo que de 15 municipios que tiene la Chiquitania, sólo dos son del MAS, San Ramón y Pailón.

Por tanto, los nuevos asentamientos tienen un objetivo político y es tomar el control de los 13 restantes municipios de la Chiquitania.

Los campesinos no ven nada malo en el fuego; hasta Evo Morales dijo que chaqueó dos hectáreas y todo agricultor y ganadero deben hacerlo. El ministro Juan Ramón Quintana añadió que el “fuego es hijo natural de la agricultura, un epifenómeno”.

Todas las personas recientemente llegadas a esa región, empujadas por la política del MAS, deben prender fuego. Se han visto escenas de una voluntaria en Concepción cuando encara a tres campesinos interculturales con una lata de alcohol en las manos.

Enrique Bruno, del Centro de Operaciones de Emergencia de la Gobernación de Santa cruz, dijo que la situación es preocupante porque nacen nuevos focos de incendio. Pidió a las autoridades y que detengan a las personas que están causando esta situación. Es decir, que no sólo es el viento quien causa este problema.

Los asentados van a las reuniones, ahí se enteran dónde van a ir a trabajar los voluntarios y prenden nuevamente fuego en otra parte. Ya son cuatro bomberos que perdieron la vida. El último informe detalla que hay 379 nuevos focos de calor; es decir, que los interculturales trabajan de manera eficiente para aviar las llamas. Desde agosto se han quemado más de cuatro millones de hectáreas de bosque y pastizales.

El dedo acusador apunta a Evo Morales por los asentamientos y porque se niega a declarar desastre natural, además del paquete de cinco leyes que provocaron esta tragedia nacional. Además, actúa con un cinismo porque viaja fuera del país y se muestra como el campeón en defender la naturaleza, el bombero número uno y quiere hacer ver que el incendio es un hecho fortuito.

Fue a Colombia y firmó un compromiso para defender la Amazonía, irá a la ONU, pero sus discursos chocan contra la realidad.

Otro bombero voluntario, cansado de apagar las llamas para que nuevamente las prendan los campesinos interculturales, decidió abandonar su labor. “Vimos a comunarios en motos, conteníamos en una zona y cuando vamos a otra zona, otro comunario se molestó porque apagáramos el fuego y nuevamente aparecían focos de calor. Todo el trabajo que hacíamos no sirve de nada”.

El Gobierno dice que gastó 11 millones de dólares en la campaña de contener los fuegos. Y ¿cuánto gastaron en los viajes de presidente para hacer las tomas? Ese dinero se gastó para que no se apague su campaña electoral; pero es evidente que habrá una factura que deberá pagar así se produzca esta grieta que va creciendo.

En Roboré, por ejemplo, la bronca del pueblo es grande y más porque se instaló el gabinete para decir que todo está controlado. Las personas salieron de un cabildo pidiendo la declaratoria de desastre nacional o que se rebelarán.

Cuando se acabe el fuego sólo quedará ceniza, hambruna, desierto y se necesitarán décadas o siglos para recuperar esa reserva forestal. Hay tal bronca contra el cinismo, la mentira, la soberbia del gobierno de Morales, de García Linera, que cualquier cosa puede pasar. Ya vimos la violencia en Santa Cruz cuando el MAS fue a provocar en la denominada “toma de las rotondas”.

La forma más grotesca también ocurrió en Roboré cuando llegaron masistas en buses y se pusieron a bailar en la plaza frente a un pueblo indignado.

Tomado del programa Cabildeo

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por internet