07/08/2020
Otra vuelta

Antiecologismo verde

Marco Gandarillas
Marco Gandarillas

La comprensión de un país en el que quienes administran el poder pueden permitirse a diario decir una cosa y hacer lo contrario, demanda un mayor esfuerzo para ir más allá de las formas discursivas.

Evo es, desde hace décadas, el máximo líder del sector alto andino colonizador de las tierras bajas. En particular, de aquel vinculado a un negocio transnacional criminal: el narcotráfico. Su mandato dirigencial consistió en eludir las limitaciones políticas (nacionales e internacionales) a la expansión territorial y mercantil de la coca.

La historia de esta colonización muestra que es una de las principales causas del cambio de uso de suelo forestal a agrícola desde el último cuarto del siglo XX (Killen y otros 2007). Es decir, está estrechamente vinculada a la depredación de los bosques. La ecología política del extractivismo de la coca/cocaína (Manzano, 2006) muestra que los insumos de la elaboración de la droga son extremadamente dañinos al medio ambiente de los ríos y suelos, efectos que se agravan por su presencia en áreas ecológicamente sensibles.  

Eso explica por qué para Evo y el MAS lo ambiental e indígena estuvo reñido estructuralmente con su sector/partido. Debido a que la base de reproducción cocalera supuso, desde la temprana colonización de los 70, la severa degradación del medioambiente y el exterminio del hábitat de los pueblos indígenas que vivían en armonía con la naturaleza. Una tensión que permanece hasta nuestros días.

Entonces ¿cómo es que se construyó el mito de Evo indígena defensor de la madre tierra? Sostengo que, a través de una paulatina puesta en escena discursiva orientada a la exportación, aunque muy reñida con las acciones en lo interno.

El despliegue del marketing Evo-Defensor de la madre tierra fue promovido en su primer gobierno a despecho de sus propias medidas. Por ejemplo, en 2006, como nos recordó en su momento Pablo Villegas (2015), se deshicieron del Ministerio de Desarrollo Sostenible. Tras ello, numerosas funciones esenciales de control ambiental quedaron en el limbo, en particular aquellas relacionadas con los límites a la expansión colonizadora sobre las áreas protegidas y territorios indígenas. El resultado fue una creciente expansión de la mancha cocalera a expensas de los bosques como el TIPNIS.

No obstante, Evo acuñaba logros internacionales para su imagen de presidente indígena ecologista. En 2009 fue nombrado por la ONU como “Héroe Mundial de la Madre Tierra”. Nadie ha sabido explicar qué concretamente, además de dar discursos, hizo por la Madre Tierra hasta entonces como gobierno o líder político.

La puesta en escena tuvo su cenit en la cumbre de Tiquipaya 2010. Con cargo al Estado se costearon un evento multimillonario para consolidar “la marca indigenista ecologista”. El único problema para este propósito fue la instalación de la rebelde “Mesa 18” conformada por grupos indígenas asediados por políticas extractivistas y antiecologistas de Morales. Mesa que, ante el rechazo a su presencia crítica en la cumbre, se tuvo que instalar en una chichería, lejos del activismo ecologista mundial.  El resultado fue que la imagen interna de “Evo-ecologista” quedó expuesta, pero la externa no tanto (a pesar de su speech sobre la Coca Cola y los pollos).  

Tras la derrota de la Media Luna, el MAS avanzó en la consolidación de sus bases de apoyo en el oriente y en ese afán se vincularon a las cabezas del agronegocio. Son abundantes los estudios (baste señalar los de Probioma y F. Tierra) acerca de los incentivos a la expansión de la soya transgénica y la ganadería sobre tierras forestales y áreas naturales. Tanto que trepamos en los rankings internacionales de deforestación per cápita por encima de Brasil (la capital de la república de la soya).

Con su decidido apoyo, los agronegociantes (entre otros los grupos transnacionales) se tomaron por asalto casi todas las tierras bajas sin importar la vocación mayor del suelo. El gobierno se puso a su servicio modificando o desactivando casi todos los instrumentos de ordenamiento territorial (como muchas veces denunció Alicia Tejada). Además, pasaron casi todas las cosechas de oleaginosas a variedades transgénicas por encima de las restricciones constitucionales y legales.

Se convirtieron en el gobierno del agronegocio. Esa es la razón detrás de los incendios de 2019. Quemaron medio país para plantar soya, maíz, caña (para etanol) y pastos transgénicos porque nada ni nadie podía impedírselos. Ese fue el precio del apoyo electoral a la candidatura inconstitucional y explica que nadie haya sido sancionado por esa catástrofe.

Operó la consigna de votos por fuego. Sin embargo, como ha quedado evidenciado por los resultados de la movilización social poselección fraudulenta: los agronegociantes no son equivalentes al pueblo cruceño. El proselitismo del fuego les generó un efecto boomerang, quitándole al MAS los ansiados votos. 

El actual gobierno, cuyo núcleo dirigencial proviene de la capital del agronegocio, ha seguido con el mismo proselitismo. Desde su ascenso pusieron a la cabeza de los asuntos agropecuarios a cuadros del agronegocio sin importar que algunos de ellos estuvieron altamente vinculados al gobierno de Evo (el caso del primer ministro de desarrollo rural de Añez).  

Su política consiste en continuar cebando al agronegocio con permisos ilegales para introducir nuevas variedades transgénicas y otorgándoles nuevos fondos estatales, esta vez bajo la excusa de la recuperación económica poscovid. Al respecto, Stasiek Czaplicki advierte que el monto previsto para este sector sería de 873,9 millones de dólares hasta 2022. Después de la banca, el sector más favorecido.

Nuevamente, el gobierno, abandera la política de decir una cosa y hacer lo contrario. En 2019, en el marco de los incendios en la Chiquitania, la entonces senadora y ahora presidente Añez salió al frente exigiendo abrogación de los decretos incendiarios de Morales. Medida que, tras casi nueve meses al frente del gobierno, no se han dignado a realizar.

¿Por qué? La razón es sencilla: están en campaña y, al igual que el MAS en 2019, confía en los votos del agronegocio. A esto obedece la última designación de Marinkovic, su significado es un atrincheramiento electoral en el agronegocio. ¿Van a jugar a quemarse en el proselitismo del fuego? Al parecer siguen pensando que las elites garantizan los votos cruceños.

En estos días de asfixia por la pandemia, permitir una sola quema de bosque es tan criminal como bloquear el paso a las ambulancias o a los tanques de oxígeno. Los grupos masistas autoconvocados hacen esto último. Por su parte, el gobierno está mostrando que su tinte “verde” podría ser tan antiecológico como el pachamamismo de Evo.

Marco Gandarillas es sociólogo.