Reportajes | 02/10/2018

Un cura español descubrió el petróleo del Chaco boliviano en el siglo XVII

Un cura español descubrió el petróleo del Chaco boliviano en el siglo XVII

Gráfico colonial que muestra indígenas de tierras bajas.

Carlos Antonio Tenorio
En esta última década, el eje central de la economía nacional giró alrededor de los hidrocarburos. Se constituyó en la más importante debido a los beneficios ampliamente favorables que generó. Su importancia trascendió más allá de lo financiero, plasmándose, para nuestro interés, en tareas culturales, entre ellas la edición de muchas propuestas de investigación.

De ahí, precisamente, surgió la necesidad de inquirir sobre algunos temas en torno a los hidrocarburos, pongamos por caso, los primeros registros existentes que hagan referencia a hallazgos o a la existencia de petróleo en el actual territorio boliviano.

En la bibliografía contemporánea sobre el petróleo, el hallazgo de este hidrocarburo quedó descrito con bastante síntesis, sin mucha profundidad e inscrita con algunos errores.

Según Rafael Ulises Peláez, fue el capitán Fermín Núñez quien le mostró al padre Alonso de Barba “las muestras de estos ‘betunes’ recogidas a 80 leguas de Tarabuco”.

Debemos hacer notar que la versión sobre Fermín Núñez tiene por origen una fuente literaria y no histórica. Aquel protagonista es figura central de la novela “Los betunes del padre Barba”, escrita en 1958 por Rafael Ulises Peláez.

Sin la intención de menoscabar lo realizado en el pasado, consideramos que ha llegado el momento de retomar el tema histórico y reescribir esa parte de la historia. En lo que sigue del artículo, se intentará realizar una aproximación a la información existente sobre el petróleo en el periodo colonial. Obviamente, la obra sine qua non para el análisis será el “Arte de los metales”, escrita por el propio padre Barba.

¿Qué escribió Álvaro Alonso Barba?

Alonso Barba nació en 1569 en Villa de Lepe, en la Andalucía española. Optó por estudiar Teología y la carrera eclesiástica, de la cual se doctoró. Emprendió viaje a América, llegando en los primeros años del siglo XVII. Cumplió funciones evangelizadoras en la Audiencia de Charcas y desde 1635 lo hizo en la Villa Imperial de Potosí, en la parroquia de San Bernardo.

Estudió, observó y recogió información de manera sistemática sobre la minería potosina. Escribió el libro “Arte de los metales”, en que se enseña el verdadero beneficio de los de oro y plata por azogue: el modo de fundirlos todos y cómo se han de refinar y apartar unos de otros, editado en Madrid en 1640.

Luego de medio siglo dedicado a la misión apostólica y de investigación científica en América, el padre Barba regresó a España y, al poco tiempo de haber llegado, el eximio metalurgista murió en Sevilla en 1662.

Alonso Barba afirmó que los metales, sobre todo la plata, fascinaban a los colonizadores en América: “Y aunque en este reino, como no se ha tratado en él hasta ahora, sino de buscar riqueza de oro y plata, no se ha reparado mucho en esta u otras curiosidades…”.

Aquella afirmación es indiscutible; no obstante, en el transcurso de los siglos otra sustancia se constituiría en un elemento tanto o más influyente que los minerales: el petróleo, y cuyo valor económico los españoles nunca imaginaron que sería en el futuro incluso superior al de la plata.

El padre Barba llamaba al petróleo con palabras como “jugos”, “grasa de la tierra” o “betunes” (término empleado de manera genérica para referirse a los compuestos por carbono e hidrógeno). Clasifica el petróleo en 12 géneros sin entrar en detalles ni distinguir su origen (Asphalto, Pissasphanto, Napta, Piedra Gagate, Azabache, Ampelites, Maltha, Piedra Tracia, Carbones de mina, Ámbar o Cuentas, Ámbar olorosa y Alcanfor).

Menciona la existencia del asfalto en Oriente Medio. “En el lago Sodomeo o Mar Muerto de Judea, el que entra el río Jordán, tres leguas de la ciudad de Jericó, no es otra cosa sino cierta grasa, que nada sobre el agua de este dicho lago, y llevada del viento y de las ondas a la orilla, se condensa y endurece”.

Interpretación bíblica

Por su formación espiritual y la época del escrito, el autor no pudo prescindir de una interpretación bíblica casi obligatoria relacionada con el betún: en las “nefandas ciudades Sodoma, Gomorra, Adama y Seboio, abundaba todo aquel fertilísimo valle en que ellas estaban de pozos de betún, como consta de la sagrada historia en el Génesis cap. 14”.

La crónica ubica el área geográfica, dentro la Audiencia de Charcas, donde afirma la existencia de este elemento: “…los materiales que de este betún hay en la cordillera de los Chiriguanaes, en la frontera de Lomina, aunque no muy comunicados, por estar entre los Indios de guerra”.

Esa zona corresponde a las últimas estribaciones de la cordillera Oriental, en el sudeste del país, en los actuales departamentos de Chuquisaca, Santa Cruz y Tarija, precisamente la zona considerada tradicional para la explotación petrolera y gasífera de Bolivia.

Desde épocas prehispánicas se le confirió al petróleo propiedades curativas y Alonso Barba cita aquella peculiaridad indicando que el “Oleo Petreolo, de admirable virtud para curar dolores antiguos, procedidos de causas frías. Atrae el fuego á si, como la Piedra Imán al hierro, con tanta fuerza, que aun estando lejos de él se enciende”.

En esta apretada síntesis solo se excluyó algunas pequeñas partes de la crónica que guarda relación con el petróleo. Es necesario mencionar que Alonso Barba no escribió más de lo que le atribuyen de manera errónea. Ahora el reto es reescribir éste y otros temas respecto a los hidrocarburos, y hacerlo considerando el itani, como llamaban al petróleo los chiquitanos y guaraníes.

Carlos Antonio Tenorio es historiador.



Encuesta

¿Usted está de acuerdo con la habilitación de Evo Morales y Alvaro García Linera como candidatos?

VOTAR