11/09/2018
Informe Especial

Los fraudes electorales y la reacción popular

Amalia Pando
Amalia Pando
Tomado del programa Cabildeo, 11|9|18
Cada vez que se abrió un periodo democrático en la historia del país fue uno de fraude. Hubo magos que cambiaron la voluntad popular y a todos ellos les fue mal cuando decidieron quebrantar la ley.

En la primera época del MNR –que duró 12 años y con distintos presidentes– se volvieron maestros para el fraude electoral. Por entonces, la elección se realizaba con papeletas que tenían un solo color y cada partido debía llevarlas a las mesas electorales. En ese tiempo sólo desaparecían las de la Falange Socialista.

Por si fuera poco, el Gobierno subía a los campesinos –afines al MNR– a camiones y los hacían votar las veces que la jornada electoral les permitiera. Finalmente, cambiaban las ánforas por otras que sólo tenían papeletas rosadas. Un dirigente de la Falange Socialista admitió que el MNR tenía un apoyo mayoritario, pero dijo que en determinada ánfora él había votado por su partido y pedía que, al menos, apareciera en el acta ese único voto.

Cuando se abrió el periodo democrático, en 1982, hubo nuevos fraudes electorales. Los partidos mayoritarios ADN, MNR y MIR eligieron una Corte Electoral cuyos miembros eran militantes de estos partidos y se la llamó “la banda de los cuatro”. Negociaban entre ellos; era imposible saber quién ganaba las elecciones porque en la Corte Electoral transaban la anulación de votos y el fraude.

La democracia maduró y se impuso la papeleta multicolor y multisigno. Se prohibió que se pueda anular el voto; se incorporaron las computadoras. En 1991, fruto de la desconfianza popular, los partidos acordaron sacar sus manos de la Corte y eligieron un grupo de notables que duró hasta la asunción de Evo Morales.

Esa Corte de notables nos acostumbró a que los resultados fueran intachables y a respetar los resultados. Pero esa historia cambió con Evo Morales, que volvió a asaltar la Corte Electoral. Todos los miembros de ese Tribunal pasaron a ser funcionarios que no respetan la ley, sino la voluntad de Evo Morales. ¿Recuerdan la Corte encabezada por Wilma Velasco? Ella, sin asco, vetó la participación de algunos diputados que querían candidatear para alcalde como Rebeca Delgado; rediseñó las jurisdicciones para que la votación en el campo –donde Morales tiene mayor apoyo– tenga un peso gravitante.

Lo más vergonzoso fue cuando Velasco anuló a 228 candidaturas y la de Ernesto Suarez en Beni. En Chuquisaca hicieron fraude para evitar la segunda vuelta electoral y se pueda ratificar a Esteban Urquizu del MAS.

Pese a todas las previsiones, sigue el fraude. Ahora se cambian las actas, se las adultera o en la transcripción de datos se voltean los resultados.

También es posible cambiar la situación. Si la oposición rápidamente elige un candidato y en torno a él se hace un frente que logre capitalizar la aspiración democrática y se pueda ganar a Evo Morales, muchos creen que éste no entregará el poder.

Si Morales desconoce el voto popular en la elección de 2019 como está sucediendo con el referendo, si se niega a entregar el poder o reconocer los resultados electorales, lo único que estará haciendo es que lo echemos a la mala. Nadie quiere esa opción, pero la historia plantea a veces salidas inevitables.

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por radio Líder y por internet



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