21/09/2018
Vuelta

Las trampas en el camino a 2019

Hernán Terrazas E.
Hernán Terrazas E.
El Tribunal Supremo Electoral dejó sin personería jurídica a SOL.Bo, el partido del alcalde Luis Revilla, y lo privó no sólo de una interesante carta de negociación de cara a futuras alianzas con candidatos que no tienen organización política, sino también ante la necesidad de tocar otras puertas para participar en las elecciones primarias.

El TSE aduce que SOL.Bo no alcanzó el número de firmas necesarias para ser un partido político. El minucioso proceso aplicado para la verificación de las firmas tomó más tiempo del esperado y resulta bastante curioso que se hubiera producido justamente cuando líderes y organizaciones políticas se encuentran en un inédito proceso de acercamiento previo a las elecciones previstas para el 27 de enero de 2019.

Revilla observó manipulación en la decisión de la Corte porque se produce, dijo, después de que anunciamos que estábamos en conversaciones con fuerzas de oposición y que nos interesaba Carlos de Mesa”, mientras que el ex mandatario calificó de arbitrariedad “incomprensible” la postura de los vocales de la TSE.

Lo cierto es que las decisiones o indecisiones del TSE han sido llamativas en los últimos meses. Mientras que, por un lado, algunos de sus miembros avalan el carácter vinculante de los resultados del referéndum del 21F y, por lo tanto, admiten que una eventual candidatura de Evo Morales sería ilegal, otros parecen poner el freno a cualquier pronunciamiento definitivo al respecto y optan por mantener una posición sospechosamente cauta y funcional al interés del gobierno de sortear cualquier escollo legal en el camino a la repostulación.

Lo mismo en el caso del carácter obligatorio de las elecciones primarias, incluso a sabiendas que en las actuales circunstancias tal imposición sólo servía para complicar y presionar a las organizaciones de oposición y acortar el tiempo de la presentación de candidatos a más de un año de las elecciones generales.

Sin embargo, no hay ambigüedades y mucho menos contradicciones cuando se trata de evaluar los trámites de las organizaciones políticas de oposición. SOL.Bo presentó más de 131 mil firmas para tramitar su personería nacional cuando sólo necesitaba poco más de 100 mil, pero luego de la verificación se identificaron menos de 70 mil registros válidos. El resto cayó en la canasta de las más diversas observaciones: desde supuestas firmas de menores de edad, datos duplicados y demás problemas no subsanables.

Es correcto que el TSE aplique las normas de manera escrupulosa, pero sería deseable que lo haga en todos los casos. Si es riguroso en la evaluación de cada una de las firmas que sostienen el trámite de personería de un partido, debería hacerlo también con el mismo celo para pronunciarse sobre un asunto de semejante relevancia como es el de la reelección indefinida, toda vez que existe como antecedente el pronunciamiento mayoritario de los bolivianos, en un referéndum organizado por el propio TSE, en contra de esa figura.

Por ahora, el camino a las elecciones está sembrado de dudas. Si el máximo organismo electoral quiere recuperar algo de la confianza perdida y sus miembros preservar su prestigio personal y profesional, harían bien en trabajar sus decisiones desde la perspectiva de la autonomía de los poderes y no desde la lógica de un sometimiento inadmisible a los intereses de quienes transitoriamente ejercer el poder del Órgano Ejecutivo.

La resolución que hoy afecta a un partido como SOL.Bo no generaría ninguna suspicacia si los actos de los vocales se hubieran ceñido antes a una clara independencia. Lamentablemente, por ahora, la pobre credibilidad de esa institución pone en duda la neutralidad de sus pronunciamientos y genera una comprensible alarma ante lo que parecen ser una sucesión de trampas en el camino a los comicios del 2019.

Hernán Terrazas es periodista