08/09/2019
Informe Especial

La quimera de la soberanía alimentaria

Amalia Pando
Amalia Pando
Hace poco el presidente Evo Morales manifestó que después del incendio el gobierno se va a preparar para lo que viene después y a declarar la pausa ecológica. Obvio. ¿Después de semejante tragedia querían meterse a producir de inmediato? No se puede producir nada todavía porque el área que se quemó es un bosque.
Más explícito fue el ministro de Tierras, César Cocarico, quien dijo que pese a los incendios la dotación de tierras a grupos de campesinos va a continuar porque ellos “garantizan la producción de alimentos”. Luego mencionó que el 70% de los alimentos que consumimos los bolivianos lo producen los comunarios.

Ello es falso. En nuestro país no hay comunarios, lo que sí existen son familias campesinas, que representan un tercio de la población económicamente activa. No hay campesino que no quiera ser dueño de su tierra y su producción. Pero la ley para la dotación de tierras exige el requisito de “comunidad” y los campesinos se asocian en un sindicato, para cumplir con el requisito, que solo formal.

¿Los campesinos producen el 70% del alimento que consumimos? Falso, resulta que en el gobierno de Evo Morales la importación de alimentos para el consumo se multiplicó por cuatro, esa es la prueba de que los campesinos cada vez producen menos alimentos. La producción en el agro va cayendo y lo único que sube son los productos de exportación.

Incluso la quinua, que es un producto tradicional, se produce para mercados externos, no para el consumo. El maíz tiene relación con nuestros ancestros, pero ya no se consume tanto en la mesa de los bolivianos, aunque sí es utilizado para alimentar a los pollos. Incluso hay que importarlo porque no satisface la demanda de la industria avícola. La producción de trigo, que es la base del pan y se produce en Santa Cruz, está estancada, sin incentivos. Más del 50% es importado.

De tal modo que la producción agrícola no es incentivada por el Gobierno pese a las metas de producción que se impusieron. Por ejemplo, para 2025 pretenden producir 45 millones de toneladas de alimentos; y en 2017 dijeron que tenían 17 millones de toneladas de alimento, lejos de la meta.

Si se va al mercado verá que los productos son importados y que de cada cuatro de ellos, tres entran de contrabando. El viceministro de Lucha Contra el Contrabando informó que se interceptó camiones con 48 toneladas alimentos; de ellas 40 eran de cebollas. La cebolla peruana inundó todos los mercados y los productores nacionales no tienen cómo competir.

Otro caso es el del arroz; se supone que Santa Cruz es productor de este alimento y debería ir en aumento; pero los productores del norte cruceño dicen que producen menos que antes porque el mercado está lleno de arroz importado o de contrabando y por ello prefieren producir soya que tiene mercado y un buen precio. La esperanza de producir el 100% de nuestras necesidades de arroz está más lejos.

El precio del dólar fijo es un desincentivo y el productor se da cuenta que es difícil producir en el país. Al final, resulta más económico importar esos productos.

Argentina, por ejemplo, es el proveedor del 44% de las importaciones de alimentos; el Perú tiene, cada vez, mayor participación: nos vende desde huevos y papa, hasta cebolla y espárragos. El grueso entra de contrabando. Todo esto hunde a la producción nacional. Los estudiosos dicen que aumentó tanto la importación y hay una inseguridad alimentaria crónica.

Este es el modelo venezolano: ese país tenía tanto dinero que no se molestó en producir. Hubo años de bonanza por los hidrocarburos –al igual que en Bolivia– y gastaron divisas en comprar alimentos del exterior. Según datos del IBCE, del total de los productos de importación, los alimentos que servían para la industria alimenticia eran mucho más de la mitad, es decir se compraban alimentos para ser procesados en nuestro país; ahora es al revés, gastamos cerca de 4.000 millones de dólares en alimentos y la mitad de ellos son productos de consumo.

El único producto que es excedentario es la coca. Por ello es el único producto en expansión, y crecimiento. Y todos sabemos para que se emplea. Cuando los campesinos logren tierras en la Chuquitania, producirán coca con la misma mentalidad colonizadora del Presidente.

El gobierno debería ayudar a producir alimentos en los valles, en lugares que son óptimos para ese fin; el Ministerio que dirige Cocarico destinó 500 millones de bolivianos al programa de “soberanía alimentaria”. Revisamos la planilla y el grueso se gastó en campaña electoral. Cada vez que hay elecciones se da más presupuesto para el programa de soberanía alimentaria porque se supone que regalan semilla de papa. Esto genera un negociado tras otro. Por ejemplo, compran vacas a un precio alto para luego regalarlas en la campaña electoral.

Lo concreto es que después de poner en marcha el programa de soberanía alimentaria no se incrementó la producción de camélidos, papa ni nada. Este es un programa fracasado que sirvió para dilapidar nuestro presupuesto. Pero al MAS les sirvió para la campaña electoral.

La primera estafa de estos proyectos colonizadores lo realizó Juan Ramón Quintana. El ministro llevó un grupo de personas a Pando antes de las elecciones, les asignaron varias hectáreas, los hicieron dormir en carpas, en medio de la Amazonía, para producir lechugas. Al final de cuentas sólo sirvieron para votar por el MAS y después todos volvieron a La Paz.

Acá parece que ese es el objetivo, les darán tierras a cambio de que voten por el MAS con la esperanza de transformar el mapa electoral cruceño y volverlo masista.

Estamos ante una doble tragedia, por una parte, el incendio de la Chiquitanía. Por otra, porque parece que el Gobierno está contento ya que logró provocar un gran chaqueo en vez de muchos pequeños.

Esta es una razón, más de fondo, que debe motivarnos a votar contra de Evo Morales. Nuestro último chance de sacarlo es este 20 de octubre, porque necesitamos preservar los bosques, no queremos más asentamientos en áreas donde no se producen alimentos. Esto no lo va a hacer Evo Morales. Se convirtió en un depredador y por eso tenemos el chance de decirle “no”.

Tomado del programa Cabildeo

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por internet