22/01/2019
Tinku Verbal

La pregunta

Andrés Gómez V.
Andrés Gómez V.
El pasado jueves, cuando iba por la calle Coroico de La Paz, un señor que se identificó con su apellido: Poma, me dijo a bocajarro: ¿por qué los periodistas tienen miedo preguntar a los masistas? Esta pregunta me motivó a recordar las preguntas periodísticas que cambiaron las cosas.
Hace años, el periodista Jaled Abdelrahim rememoró la pregunta en secuencia que aceleró la caída del muro de Berlín. Sucedió el 9 de noviembre de 1989. Ese día, el periodista italiano Riccardo Ehrman asistió a la rueda de prensa que ofreció Gunter Schabowski, uno de los comunistas más poderosos de la República Democrática Alemana (RDA).

Schabowski anunció -como si no fuera importante- que los alemanes del Este podían viajar con más facilidad al Oeste (prohibido esa vez). Los otros periodistas no tomaron en serio la información. Pero Ehrman estaba atento y preguntó: “Señor Schabowski, ¿cree usted que fue un error introducir la Ley de Viajes hace unos días?” (Ehrman se refería a una ley de permisos de viaje muy confusa que había provocado un éxodo de miles de alemanes a través de Checoslovaquia y Hungría).

Schabowski se puso nervioso y contestó que con esa ley los ciudadanos de la RDA podrían ir al Oeste sin pasaporte ni visado, sólo mostrando el carnet de identidad. Ehrman clavó la repregunta de acción: ¿A partir de cuándo? Schabowski huyó la mirada del periodista y casi tembloroso respondió: “Inmediatamente”.

Apenas acabó la rueda de prensa, cientos de miles de las dos Alemanias acudieron hasta el muro de Berlín para tirarlo abajo. Cuando el corresponsal acudió hasta allí para ver qué sucedía, un alemán lo reconoció y dijo: “Ese es el periodista que hizo la pregunta”. Una multitud lo levantó en brazos.

El día que el expresidente de EEUU, Barack Obama, visitó Oslo para recibir el Premio Nobel de la Paz, una periodista sueca le hizo una pregunta de contraste: “Señor Presidente, ha dado charlas muy elocuentes sobre la fuerza moral de la no violencia. ¿Podría describir el dilema de ser el ganador de un Premio Nobel de la Paz y prepararse para atacar Siria?”. Obama casi perdió los papeles y dijo lo que no quería confesar: “Le remitiría al discurso que di cuando recibí el premio Nobel. Creo que empecé diciendo que, en comparación con anteriores galardonados, claramente no me lo merecía”.

En los años del primer gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada, Johnny Fernández, jefe de UCS, era aliado del MNR y cada vez que buscaba algo expresaba su oposición a algún proyecto. Fue el caso de la Ley de Hidrocarburos. Había llegado a una reunión en Palacio y un enjambre de periodistas rondábamos el centro de poder.

El político llegó y ¡zas!, la pregunta explicativa: ¿Por qué se opone al proyecto de Ley de Hidrocarburos? El político respondió generalidades. ¿A qué artículos del proyecto se opone?, taladró la pregunta de precisión. “No tengo el proyecto a mano”, vino la réplica. “Aquí hay uno, ¿puede por favor señalar los artículos?”, apretó la pregunta torniquete. El político no señaló ninguno. El título de portada estaba listo.

Tras el fracaso en La Haya, el periodista Alexander Quispe lanzó una pregunta de precisión a Evo Morales que se esforzaba por negar su derrota. “Presidente, Chile ha gastado más de 24 millones de dólares en todo este proceso ante la Corte de La Haya, ¿cuánto gastó Bolivia?” Morales quedó descolocado, masculló un interminable ummm, extravió su mirada en su escritorio donde no hallaba respuesta. La tensión en sus labios, su nerviosismo y su titubeo se extendieron al infinito y nunca respondió.

En diciembre pasado, la periodista Yolanda Mamani puso en figurillas al vicepresidente Álvaro García con una inocente pregunta ilustrativa: “El reglamento del Tribunal Supremo Electoral para habilitar a los candidatos dice que uno de los requisitos es hablar dos idiomas oficiales. Usted ¿habla quechua o aymara? ¿Puede dar un saludo en un idioma nativo?”.  El Vicepresidente brincó como un caballo espantado, buscó entre sus 70.000 millones de neuronas la respuesta que nunca encontró. Cric, cric, cric el segundero iba más lento que el mundo. “¡Ah! Fíjese cómo están en mis papeles entregados al Tribunal”, dijo. Pero los papeles no hablan y él tampoco. La mesa (periodística) estaba servida.

Sí, algunos periodistas tienen miedo a perder la propaganda estatal, otros no conocen la técnica de la pregunta y unos están desinformados o no tienen su objetivo de entrevista, respondí al señor Poma. Él y muchas ciudadanas intuyen que el poder de la pregunta puede cambiar la cara del poder y el curso de la historia cuando el periodista pregunta lo que el ciudadano quisiera preguntar.

Andrés Gómez Vela es periodista.