27/05/2019
Informe Especial

La deseada unidad

Amalia Pando
Amalia Pando
¿Es posible la unidad de la oposición? No. ¿Es necesaria la unidad de la oposición? Sí.En días pasados, con motivo del cambio de posición de Luis Almagro con relación a Evo Morales y la bendición a esa ilegítima candidatura, los ciudadanos bolivianos en Italia se reunieron frente al consulado boliviano exigiendo unidad. Es un grito desde Milán a los oídos de los candidatos en Bolivia: “Únanse por favor”.

Almagro, al pasar al bando de Morales, mostró que la candidatura presidencial se fortalece y el ciudadano que quiere liberarse de él pide que la oposición se robustezca. El pedido de unidad no es de todos los candidatos de oposición. No piden que Mesa se una a Ruth Nina o Israel Rodríguez, que son candidatos a los que tal vez usted no conozca. La gente pide la unidad de Carlos Mesa y Óscar Ortiz.

Los Demócratas acusan a Mesa de ser el causante de la división y en parte tienen razón. En diciembre del año pasado, por algún motivo, gran parte del pueblo opositor a Evo Morales identificó a Mesa como el candidato para derrocar a Morales. En diciembre del año pasado, la encuesta de Página Siete le daba puntos de ventaja a Mesa. Esa simpatía –con la que arrancó en ésta campaña– lo ubicó como un candidato de gran fuerza.

Él mismo encarnaba la unidad del pueblo, que lucha por la democracia, el resto era una formalidad con candidatos que representan una minoría. El otro aspecto es que Carlos Mesa creyó que aliarse con Ortiz u otros personajes que jugaron un rol en gobiernos anteriores lo iba a perjudicar con las etiquetas de “neoliberal” y “privatizador”, un pasado que el pueblo boliviano enterró con Morales.

No deja de ser extraño el argumento porque Mesa tampoco es un líder nuevo. Ya fue Vicepresidente del Presidente más odiado del país, Gonzalo Sánchez de Lozada, fue Presidente en una gestión que no pudo concluir y es un político que jugó un rol en el pasado, al igual que Evo Morales, que también es del pasado.

Carlos Mesa tiene un liderazgo indiscutible y su base electoral pensó que sería el candidato ganador. En diciembre no importaron sus pecados del pasado, lo que valió fueron sus virtudes que se reflejaron con un su apoyo electoral.

Sin embargo, la última encuesta ubica a Mesa con un 28%. Alcanzó a estar con 39%. Me duele preguntar “¿qué pasó?”. Perdió 10% y el porcentaje de indecisos se mantiene en un 20%. Es decir, perdió a las personas que apostaron por él. Por otra parte, Ortiz se consolida como un segundo candidato de oposición, pero por debajo. Se aproxima al 10% de una candidatura con un discurso más frontal contra Morales, pero los votantes no lo van a identificar como el instrumento para derrocar al Presidente.

¿Por qué surge de nuevo el pedido de unidad? Porque su base electoral percibe debilidad en la candidatura de Mesa. Lo único que vimos en cuatro meses es que Mesa fue conciliador con Morales, hubo algunos episodios en los que se lo vio firme, frontal y recibió aplausos, como ser en los casos Quiborax y en el intento de involucrarlo al excoronel Gonzalo Medina. En esas oportunidades, Mesa reaccionó con firmeza porque el MAS lo atacó de manera personal. Todo el mundo espera que cumpla su deber y se enfrente a Morales, pero ello no sucede. Es más, sus militantes recibieron la instrucción de no enfrentarse. Parece que existe la teoría que dice que se podría ganar parte de ese 20% de indecisos sin atacar a Morales. Pero en lugar de lograr más apoyo, Mesa está perdiendo a las personas que en un inicio apostaron por él.

Cuando la gente ve esa debilidad, pide unión, que en lugar de dos puños exista uno, que sea sólido. Los electores creen que los separan solamente visiones personales –aunque no creo que sea así, más bien son visiones políticas– y por ello piden que luchen por la democracia. No importa. El 30% de Carlos Mesa y el 10% de Ortiz hacen un 40%. En este caso, ¿una alianza le restará votos a uno de los dos? Creo que no, pasaría lo contrario, será una sumatoria que va a aumentar la potencialidad de la oposición.

Lo importante es que Morales no garantiza la estabilidad y por ello hay que cambiar el Gobierno. Hoy es un peligro para la democracia, las instituciones y para la economía del país. Para enfrentar esos males hay que cambiar el Gobierno y para ello Mesa debe ser una opción fuerte, decidida. Esa posibilidad de alianza para los indecisos será mucho más grande y las personas creerán que se puede derrotar a Evo Morales. Pero parece que ello no se va a poder conseguir.

El plazo para la inscripción de candidatos a senadores y diputados también lo adelantaron para el 22 de julio y para entonces se sellará la división o unión de estos dos frentes: Mesa-Ortiz. Lo más probable es que no se unan, no hay el menor indicio para que ello suceda.

Corrió mucha agua bajo el puente, desaires que no se olvidan, cicatrices y otros obstáculos para acercarse y priorizar lo urgente que es derrotar a Morales. Lo que queda pendiente es ver cómo va a actuar el electorado. Los indecisos dejaron las filas de Morales, pero Mesa y Ortiz no los convencieron hasta este momento. Llegado el momento en que abran la papeleta buscarán la papeleta para decirle “no” a Evo Morales.

Lo peor que pueda suceder es la división de la votación, lo que nos haría perder. Es decir, si Mesa sigue perdiendo adeptos, se fortalece Ortiz y ambos llegarían a un 20% cada uno. Así, perderíamos en primera vuelta.

Por eso la división de la votación de la oposición es el triunfo de Evo Morales, o Carlos Mesa arrasa o se requiere la unidad de las dos fuerzas. Tienen hasta el 22 de julio para pensarlo. La responsabilidad es de los candidatos. Al menos reúnanse.

Si Mesa considera que no va la unidad, pues debe convencerse de que él es el comandante de una lucha sin cuartel. Si muestra fuerza, va a ganar a todos los indecisos. Si tiene una actitud conciliadora, se genera un empujón de los indecisos hacia el partido de Gobierno.

Tomado del programa Cabildeo

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por internet