06/08/2019
Filia Dei

Investigación, desarrollo e innovación

Cecilia González Paredes
Cecilia González Paredes

Hace un mes, el diario El Mundo de España reportaba que este país iba a reducir su inversión  en investigación + desarrollo + innovación (I+D+i) en un 10.2%, en contraste con el aumento de inversión total de los 28 países de la Unión Europea de un 17%. El reporte concluía que en España, destacan negativamente el porcentaje de empresas innovadoras, y el escaso número de patentes con respecto a los países de la UE-5.

De acuerdo con el Instituto de Estadística de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), el 2016 España  gastó de su producto interno bruto el 1,19% en investigación y desarrollo. Para el mismo año, Alemania gastó el 2,94%, Argentina gastó 0.53%, Brasil el 1.27%, Chile con 0.36%, China el 2.11% y Estados Unidos el 2.74%. Bolivia no registra datos para el 2016 y el monto reportado corresponde a 2009 con un gasto de 0.16% para el área de I+D.

Mario Molina, el único premio Nobel de México (Química en 1995), declaró también hace poco: “La situación económica es muy importante si tenemos una visión a largo plazo de fomentar la ciencia y la innovación; sabemos que los países que invierten más en esos rubros son los que más han progresado económicamente”. El reconocido científico, realizó estas declaraciones, lamentando que su país tenga tan pocas patentes de innovación registradas.

A diferencia de Bolivia, México cuenta con el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACYT), creado en 1970 como un organismo público descentralizado del Estado. Entre sus objetivos está el de articular las políticas públicas del gobierno y promover el desarrollo de la investigación científica, el desarrollo tecnológico y la innovación a fin de impulsar la modernización tecnológica del país.

Sin embargo, Raúl Rojas González, profesor de Inteligencia Artificial en la Universidad Libre de Berlín (Alemania), en declaraciones realizadas el pasado 24 de mayo, reconocía, que un país como Corea del Sur, con una economía basada en el área agrícola y que alguna vez tuvo un PIB per cápita menor, rebasaron a México en el campo de I+D en dos generaciones. México, en su etapa de “cuarta transformación”, modelo del partido MORENA, ha realizado cortes en distintos rubros, desde salud, educación y también al sector ciencia y tecnología. Reconoce que no se puede hacer más ciencia con menos recursos como sostiene la actual directora del CONACYT, Elena Álvarez Buylla.

Cuando se dan estos recortes, en el caso nuestro donde ni siquiera se considera fomentar el desarrollo científico, lo que sucede es que los científicos de estos países buscan la oportunidad en el extranjero. No debería sorprendernos que tenemos físicos, matemáticos, bioquímicos, biólogos y tantos otros más, viviendo y realizando investigación en otros países y sin mucha perspectiva de poder volver al país.

Este fenómeno, no es exclusivo de México o Bolivia. Argentina, también ha tenido recortes en la inversión en I+D en los últimos años, lo que ha provocado un alto en el retorno de investigadores al país. Antes regresaban 130 investigadores con postgrados y en los últimos tres años, solo regresan seis. El equipo científico se deteriora porque no hay personal para operarlo o insumos. Todo esto sucede en un país que tiene tres premios nobel en el área científica.

Hace pocos días, revisé sin mucho detalle los planes de gobierno de los partidos que lideran las encuestas. Lamentablemente parece que aún no se comprende la importancia de impulsar el área de I+D desde la educación básica. Brasil y Argentina, a pesar de los recortes en presupuesto, aún califican en el top 50 del índice Bloomberg de Innovación el 2018. Nuestro país, ¿algún día podrá potenciar a sus jóvenes y ser reconocido por sus propuestas innovadoras en la ciencia y tecnología? O, ¿es que los que quieran desarrollar ciencia deberán continuar el éxodo al exterior?

Cecilia González Paredes M.Sc.

Especialista en Agrobiotecnología