15/08/2019
Informe Especial

Evo y Sole cruzaron ríos de sangre

Amalia Pando
Amalia Pando
Impresionante la fotografía de la visita de Evo Morales a la alcaldesa Soledad Chapetón, en El Alto. La visita del Presidente a la alcaldesa es un salto a los ríos de sangre.
Morales aparece como el presidente demócrata al visitar a una alcaldesa opositora a quien le dice que le va a dar 120 millones de bolivianos para obras. En estos cuatro años de gestión, Chapetón sufrió varios intentos de golpe, pero el principal río de sangre corrió en febrero de 2016: a través del Ministerio de Gobierno se organizó la toma de la Alcaldía, que terminó en un incendio en el que murieron seis personas. Hubo un atentado criminal con una Policía que se negó a socorrer a las víctimas.

¿Será que Chapetón se olvidó? La tradición del MIR –del que viene Samuel Doria Medina, jefe del partido de Chapetón– es la de saltar ríos de sangre. No es gratis, Jaime Paz Zamora llegó a la presidencia gracias a Hugo Banzer y éste obtuvo el título de demócrata. Ahora está pasando lo mismo. Chapetón puede ser que reciba el dinero y salva su gestión y Morales sería un demócrata.

Morales visita a los opositores que se someten o a quienes derrotó. No es la primera vez en hacer este tipo de alianzas, incorporó al MAS a las Juventudes Cruceñistas o la CAINCO, quienes mientras no hablen de política recibirán millones de bolivianos. Morales espera que Doria Medina no apoye a Mesa y que Chapetón le sea útil.

Mientras tanto, Morales camina con la chequera bajo el brazo ofreciendo obras a todo aquel que le garantice votos.

Carlos Mesa visitó siete veces las instancias judiciales por uno y otro tema. Lo están acusando de todo y de nada, y en vez de hacer campaña debe desmontar las acusaciones que arma Evo Morales a través de sus fiscales y jueces. Está claro que no quieren meterlo preso, pero sí lo tienen acorralado.

Lo acusaron de que su papá vendió una casa al policía Gonzalo Medina. En ese momento, el uniformado era un policía intachable a tal punto que el Gobierno lo nombró tres veces de forma seguida como la cabeza de la FELCC de Santa Cruz. Era mano derecha del ministro de Gobierno, y en vez de acusar a Carlos Romero, acusan a Mesa.

Es interesante cómo el Gobierno, a través de sus medios de comunicación, fija la idea de que Carlos Mesa está involucrado con el acusado de narcotráfico, Pedro Montenegro.

También lleva adelante un proceso contra Revilla, que no puede salir del país, el concejal Fabián Siñani está detenido y también se acusa a la esposa del alcalde, Maricruz Rivera, quien organizó el movimiento Soy Mi Primer Amor y moviliza a centenares de mujeres. La escuela cubana de inteligencia dice que para afectar al acusado debe atacarse a los familiares. Eso es lo que está sucediendo.

El otro acusado es Adrián Oliva, gobernador de Tarija. Lo imputaron porque habría comprado cemento asfáltico para una carretera; la autoridad se quejó y dijo que hizo un centenar de denuncias contra el exgobernador del MAS, acusado de robar millones.

Rubén Costas aceptó hacer un acuerdo con la ministra de Salud, Gabriela Montaño, para la implementación del SUS. Este es un acto demagógico porque en 13 años no puso un peso nada para la salud y ahora pretenden realizar un Sistema Único a costa de las gobernaciones y alcaldías. Costas se resistía, pero entre él y el exgobernador del Beni, Ernesto Suárez, suman 60 procesos; entonces, cuando la autoridad cruceña se porta mal reaniman uno de los procesos. Lo propio hizo el gobernador de La Paz.

Qué contraste con el exalcalde de Cochabamba, Edwin Castellanos. Serán cuatro años de que se vino abajo un puente cuando él era alcalde y el MAS manejaba esa alcaldía. Castellanos nunca estuvo preso, en un contraste total con José María Leyes. Un informe de la Fiscalía de Sucre afirma que Leyes no tiene responsabilidad en el caso de Mochilas chinas y pese a ello se le abre un nuevo proceso.

En otro caso, Evo Morales gastó de nuestra plata 240 millones de bolivianos para un nuevo palacio. El antiguo, cuyo frontis da a la plaza Murillo, le quedó chico; entonces construyó un edificio de 28 pisos destruyendo toda la arquitectura del centro. Solo amoblarlo costó 2,4 millones de bolivianos. Compró 363 muebles, hay mesas de reuniones, esquinera, rectangular y de todos los tamaños.

También le quedó chica la casa de San Jorge, pero en el nuevo Palacio tiene a su disposición 1.068 metros cuadrados de su suite presidencial y para ella compró una cama –a través de un contrato directo– por la que pagó 21.600 bolivianos; más de tres mil dólares cuesta la cama de Morales. Dijeron que no es un lujo, que tiene el derecho. Todo su séquito defiende ese derroche.

Esta será una de las causas para procesar a Evo Morales porque no puede gastar esa cantidad de dinero para beneficio propia. No son camas de hospital. Como antecedente, el presidente procesó al exprefecto de La Paz, Chito Valle, yerno del expresidente Banzer. Chito Valle compró una cama –más modesta que la de Morales– y por otras cosas más le dieron ocho años de prisión.

El contraste es dramático y entre tanto, Morales sigue durmiendo en su camita de 21.600 bolivianos, en su casita modesta de 28 pisos, de 240 millones de bolivianos. Creo que este caso, como muchos otros, ameriten un proceso contra Morales. Si sentenciaron a Chito Valle por la cama de la prefectura, creo que lo miso amerita con Evo.

Tomado del programa Cabildeo

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por internet