06/02/2019
Informe Especial

Eugenio Rojas, el perfil del político bajo las sombras

Amalia Pando
Amalia Pando
El gobierno trató de acallar el desfalco del Fondo Indígena con una actitud de protección incondicional con la señora Nemecia Achacollo. Ella terminó detenida unos meses gracias a la acción de un diputado opositor Rafael Quispe, y luego fue liberada.
Gracias a eso, el denunciante se ganó unos procesos y amenazas de que será detenido. En el manejo de esos recursos estuvo involucrado el Ministerio de Desarrollo Productivo hasta el fondo. Esta entidad, de la que Eugenio Rojas fue ministro entre 2017 hasta enero de este año, estuvo al servicio de la captación de dirigentes indígenas y campesinos al servicio de la corrupción y su presupuesto, destinado a las campañas electorales. Conocí una planilla de este Ministerio, vi cómo se gastaba el presupuesto y era evidente que todos aumentos de las compras tenían que ver con etapas electorales.

Por ejemplo, se compraban mil vacas. Aparte de aprovecharse el sobreprecio, el destino de los animales era regalarlos en época electoral. Lo propio ocurrió con las ovejas de cabeza negra; Felipa Huanca obtuvo un proyecto del Fondo Indígena para dotar a la provincia Aroma, especialmente a mujeres. Entonces iban comunidad por comunidad y las regalaban una por una.

Luego se descubrió que el proveedor era Juan Pablo Vásquez, quien las trajo de contrabando. Las compraba a 500 bolivianos y las vendía al proyecto de Felipa Huanca por el doble de su precio. Lo interesante es que después de la distribución de las ovejas –con foto y todo el acto– Vásquez aparecía nuevamente en la comunidad y le compraba la oveja a la beneficiaria y otra vez la misma oveja era entregada hasta a cinco comunidades. Es decir, nunca compró las 600 ovejas. Además, las ovejas comenzaron a morir por lo enfermas que estaban. Fue un escándalo y Huanca nunca fue procesada por esto. Vásquez devolvió el dinero.

De los 100 millones de dólares que se robaron del Fondo Indígena gracias a esta rosca indígena que generó el ministro Eugenio Rojas y de la que fue parte muy importante, no se recuperó nada. Este es el escándalo del Fondo Indígena del que Rojas salió ileso.

En 2017 lo nombraron ministro y tuvo problemas porque nunca pasó pensiones a su pareja por el hijo que tenía. La señora Alicia Mamani dijo que consiguió una pensión familiar y el ministro le dio 1.000 bolivianos. Además, el monto que fijó el juez por todos los años que no atendió a su hijo fue de 22.000 bolivianos. Él no quiere pagar.

Gracias a la intervención de radio Deseo se habló con el Ministerio y la asistente del ministro hizo un alegato a favor de Rojas –hablo de una funcionaria pública en un asunto familiar– diciendo que el ministro va a apelar la decisión del juez y que sólo va a pagar 15.000.

Regateó la deuda por pensiones familiares por su hijo. ¿Se imaginan?  No se sabe si vio o no al menor, pero queda claro que no hay ningún afecto familiar o paternal. Entonces hay una conducta de marcada crueldad en este hombre que parece un santo, de tono calmado en sus declaraciones. Parece una persona paciente, pero debutó en política degollando y colgando perros en la entrada de Achacachi. Luego vino esa actitud con su descendencia. Si él no quiere a su propio hijo, ¿qué otro sentimiento noble podría albergar en su alma?

Fue nombrado ministro de Desarrollo Productivo y se desataron una serie de acontecimientos en su pueblo natal Achacachi, del que fue alcalde. Desde su nuevo cargo organizó una serie de acontecimientos denunciando al grupo de Ponchos Rojos.

Él siempre esta agazapado, no va a salir a dar la cabeza en una manifestación, pero su actuación estuvo coordinada con el presidente Evo Morales. Tomó posesión del Ministerio en enero y un mes después Achacachi se subleva contra el alcalde Édgar Ramos –quien en 2015 ganó las elecciones por el MAS– y en 2017 es acusado de malversación, corrupción y otras cosas. La gente le pidió cuentas porque por ejemplo gastó 100 mil dólares en la construcción de letrinas, las más caras del planeta, y medio millón de bolivianos en un portón.

Si los alcaldes opositores hubieran cometido estas fechorías estarían fusilados, pero Ramos fue protegido. La gente le pidió rendición de cuentas, se negó a hacerlo y le quemaron la casa y el vehículo. Eso aconteció un 15 de febrero del 2017. Al día siguiente resulta que a la cabeza de David Tezanos, el que se hacía llamar Defensor del Pueblo, llegó un grupo al municipio y con apoyo de la Policía –que refleja que fue organizado al más alto nivel– llegaron supuesto ponchos rojos del gobierno de Warisata, que es una organización que compite en actividad económica e importancia con Achacachi.

Entonces Edgar Ramos entró a Achacachi con los de Warisata, asaltaron todo lo que pudieron, quemaron otras cosas, descapitalizaron el pueblo, robaron desde equipos electrodomésticos, tiendas de celulares hasta domicilios, llevándose polleras, joyas, dinero en efectivo. Luego de cometer un delito con víctimas, los ponchos rojos regresan a Warisata protegidos por los policías.

Fruto de este acontecimiento siguieron las protestas, Ramos no volvió a pisar Achacachi y en agosto, pidiendo su renuncia, aparece nuevamente Felipe Quispe. Quispe organizó bloqueos durante 20 días hasta que, comenzando septiembre de 2017, el ministro de Gobierno decidió la intervención del bloqueo: gasifican a los manifestantes y los golpean, con un saldo de 40 dirigentes detenidos. De ellos fueron seis en la cárcel.

Así se protegió a un alcalde masista, corrupto, pero hombre clave del poder político de Eugenio Rojas. Para recuperar Achacachi, el MAS inició varias acciones. Evo Morales, para agosto de 2017, antes de la masiva detención de los dirigentes, organizó una parada militar en Achacachi. Pensaba que como iban a llegar las FFAA, los pobladores se iban a doblegar, pero ello no ocurrió. Dejaron entrar a los militares, pero no a Evo Morales, quien al final tuvo que hacer su parada militar a un kilómetro de Achacachi.

Estaban furiosos en el pueblo y entonces Eugenio Rojas optó por enfrentar a los comunarios con los pobladores de Achacachi para hacer una contradicción campo-ciudad. Entonces Eugenio Rojas organiza junto con el canciller Fernando Huanacuni un congreso en febrero de 2018 para elegir a las nuevas autoridades de Omasuyos. El evento termina con 22 heridos porque los comunarios se negaron a ser sometidas. El ministro y el canciller tuvieron que salir corriendo. Omasuyos hizo un nuevo congreso una semana después en Ancoraimes y allí declararon a Eugenio Rojas enemigo y lo desconocieron como ministro por entrometerse en sus actividades.

Achacachi sigue sin alcalde, puesto que Ramos opera desde El Alto. El pueblo está esta sin obras, sin presupuesto y sin que nadie reponga el daño por el asalto del que fueron objeto. En premio a todo eso, Rojas fue ahora nombrado como nuevo gerente general de la estatal Empresa de Apoyo a la Producción de Alimentos (Emapa).

Tomado del programa Cabildeo

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por internet