22/03/2019
Otro Estilo

Este 23 de marzo será distinto

Mario Espinoza O.
Mario Espinoza O.

Quiero referirme a una fecha importante para los bolivianos. ¿Cómo será el 23 de marzo? Recuerdo que por estas fechas, el año pasado, estábamos prácticamente electrificados, imbuidos con un excesivo optimismo en torno a lo que sería el fallo del Tribunal de la Haya sobre la demanda marítima boliviana.

Estábamos optimistas, salvo algunas personas que sí sabían lo que iba a suceder, pero no las escuchábamos, como Karen Longaric. Ella dijo que el fallo no podría ser beneficioso para Bolivia. No le creíamos, pensábamos que era un exceso de negativismo, pero la mayoría estábamos convencidos de que los expresidentes que acompañaron a Evo Morales en la demanda contra Chile no podían estar equivocados.

Ese era el punto de partida para lograr lo que todos los bolivianos queríamos. Mi razonamiento hace un año y el de la mayoría de los ciudadanos era: “Cómo una Corte Internacional podía negarnos la posibilidad de que se pueda iniciar una negociación con Chile”. No pedíamos que ese país devolviera el mar y por ello estábamos optimistas.

El libro “La historia del mar boliviano” de Carlos Mesa, publicado en 2016, es relativamente corto, pero muy completo. El prólogo lo escribió Juan Ignacio Siles del Valle, quien fue canciller de Bolivia. En el texto, Mesa se refiere en forma breve lo que fue la historia de los dos países, sin ir más allá de lo que es necesario saber. Ahí está el “lloriqueo” eterno de los bolivianos en torno al tema del mar, que si bien podría ser tomada esa palabra desde el punto de vista peyorativo, es verdad que gente como yo y que bordea los 40 a 50 años nos metieron, marcaron a sangre y fuego la historia del mar.

Ahí está el “Litoral usurpado”, y lo que Mesa llama el “equívoco sobre nuestra política de Estado entorno al mar” y una serie de asunto que comienzan hace 10 mil años. Es decir, que el mar es parte integral de la cultura prehispánica de Bolivia. Ahí están los urus, charcas, incas, tihuanacotas, que conocieron y se relacionaron con el mar antes de los españoles.

El libro también habla de la conquista y la colonia españolas, que también unieron a Bolivia al mar. También habla del mar boliviano en la independencia de Bolivia, la soberanía de Bolivia sobre el Litoral, la importancia de Arica y los inicios de la República.

En el libro, Carlos Mesa no hace otra cosa que ubicarnos en el contexto histórico. Se menciona la primera guerra con Chile, que envió un ejército para combatir a la Confederación Perú Boliviana y que terminó con una capitulación vergonzosa para los chilenos en Paucarpata.

Bolivia cometió el error de estar inerme en el mar, así lo destaca Carlos Mesa. No había una presencia genuina de autoridades y ciudadanos allá hasta que no les quedó más que hacer las primeras concesiones guaneras que determinaron, de alguna forma, la antesala de la guerra.

También hubo problemas gravísimos, como un maremoto en 1877, la sequía de 1878 y que determinó que los bolivianos impusieran el impuesto de 10 centavos a Chile y esa fue la pueril excusa del Gobierno de Chile para iniciar la guerra.

Llegó el Tratado de 1904, que no tiene más de 12 artículos. El primero dice que se establecen las relaciones de paz y amistad entre Bolivia y Chile; pero el segundo es el más terrible para el país y que nos obligaron a firmar: “Por el presente Tratado quedan reconocidos del dominio absoluto y perpetuo de Chile y los territorios ocupados (…) quedan bajo la soberanía de Chile”.

Este tratado impuesto y ratificado por el Congreso boliviano es producto de esa prepotencia chilena a la que nos habíamos referido. Posteriormente hubo una demanda, un memorando a la Sociedad de las Naciones, notas diplomáticas en 1950 y desde 1952 hasta 1970 hubo una nueva visión de los mandatarios porque por primera vez los presidentes de ambos países se visitaron mutuamente.

Luego vino el abrazo de Banzer y Pinochet en Charaña en febrero de 1975. Firmaron una declaración en la que reafirmaron su plena adhesión a la declaración de Ayacucho, resolvieron continuar el diálogo a diversos niveles para buscar fórmulas de solución a diversos temas, como la mediterraneidad que afecta a Bolivia. Este documento fue empleado por Evo Morales en su demanda a Chile en La Haya.

En 1979 vino el triunfo boliviano en la OEA, que fue torpemente empleado por algunos movimientistas, quienes dieron el golpe contra Wálter Guevara. Otra vez a lamentarse. Posteriormente hubo los acuerdos de Ilo, firmados por Jaime Paz Zamora, que lamentablemente no se materializaron.

En este contexto histórico apareció Carlos Mesa con el referendo del gas, que lo ganó; hubo un encuentro muy duro entre Mesa y Ricardo Lagos en Monterrey y ahí se cerraron las opciones para Bolivia. Luego vino la agenda de los 13 puntos con Evo Morales, que no se cumplían, hasta que vino la demanda a en La Haya. Ya sabemos lo que pasó y el Gobierno torpemente nos pretende vender la historia de que hemos ganado, pero no lo hicimos.

Por todo ello, no creo que este 23 de marzo tenga las mismas características del que vivimos el año pasado, cuando vimos la gran cantidad de desfiles y corazones encendidos; e incluso hubo quienes se disfrazaron de jueces de La Haya. Hicimos un papelón, un ridículo y se acabó todo.

Mario Espinoza O. es periodista

Tomado del programa De Nueve a 12, radio compañera