07/12/2018
Columnista Invitado

El previsible desempeño del organismo electoral

Eduardo Leaño
Eduardo Leaño
Cuanto más se habla (peor si mal) del árbitro electoral, menos legitimidad tiene el juego electoral. Se habla demasiado mal del organismo electoral cuando este no preserva su autonomía e independencia respecto de los otros poderes del Estado, cuando la gestión y administración de los procesos electorales no son transparentes ni imparciales y cuando los resultados electorales no son confiables.
En criterio de la oposición política, la decisión de los miembros del Tribunal Supremo Electoral de habilitar a Evo Morales y Álvaro García es una clara muestra de que el organismo electoral carece de autonomía e independencia en relación a los otros poderes. En su cuenta de Twitter Carlos Mesa, candidato de Comunidad Ciudadana, ilustra esta postura subordinada del TSE: “La acción sumisa ante este gobierno autoritario, la expresa el TSE, que como quien lee un instructivo intrascendente, le ha dado un golpe de muerte a nuestra democracia, habilitando como candidato al dueño de todos los poderes, Evo Morales”.

La decisión de habilitar al presidente y vicepresidente asumida por la mayoría de los vocales del organismo electoral es una medida que corresponde a la gestión y administración del proceso electoral. Dicho fallo, en criterio de un alto porcentaje de ciudadanos, carece de imparcialidad y es contraria a la opinión de una amplia mayoría de personas.

Según una encuesta realizada por IPSOS para la televisora RTP el pasado año, el 68% de las personas consultadas no estaba de acuerdo con esta habilitación (Los Tiempos, 24 de octubre de 2017). Otra encuesta más reciente efectuada por Mercado y Muestras para Página Siete, destaca que el 65% de los encuestados considera que el fallo del Tribunal Constitucional que posibilita la reelección de Morales Ayma y García Linera es ilegal. (Página Siete, 7 de octubre de 2018).

Aquellas paradojas en el desempeño del organismo electoral explican y justifican las protestas sociales a nivel nacional en su contra. Quizá, en los siguientes días la tensión en torno a este tema disminuya significativamente debido a que se trata de un conflicto con menos capacidad de movilización comparado con otros (autonomías departamentales y TIPNIS) y debido a que difícilmente un conflicto se puede sostener demasiado tiempo. Como último recurso de protesta es probable que, en las elecciones de octubre de 2019, aquel elevado índice de ciudadanos descontentos con el binomio oficialista habilitado se incline a favor del candidato opositor que se presenta como mejor opción electoral.

Con semejantes antecedentes, un organismo electoral sumiso y que asume decisiones ilegales e ilegítimas, no se garantiza que los resultados electorales de octubre del 2019 sean confiables.

Eduardo Leaño es sociólogo con especialidad en temas electorales.