17/03/2019
Otro Estilo

El Chapare y su relación con el narcotráfico

Mario Espinoza O.
Mario Espinoza O.

En el video distribuido ampliamente de la emboscada en el Chapare muchos quedaron horrorizados de la actitud de gente que repele a los efectivos del orden. Se escucha decir a los cocaleros por qué los efectivos militares no usaban los caminos principales y preferían ingresar por senderos. “Parecen maleantes”, les dijeron a los uniformados, mientras los acosaban y los amenazaban. Dos uniformados estaban heridos a bala.

¿Esa es una nueva ley que se impuso en el Chapare? Esta región tiene una larga historia de lucha. Vi algunos documentos muy viejos al respecto, algunos datan de los años 60. En esa década lo escuché a mi papá referirse a la cocaína como “la pichicata”. Así se referían las autoridades. La cocaína no era tan conocida en los ámbitos citadinos.

Pero las cosas cambiaron, en noviembre de 1962 hubo una convención en Nueva York y luego se hizo el acuerdo de Viena en el que el Estado de Bolivia se comprometió a erradicar los hábitos de masticar coca en un plazo de 25 años. En 1987 debimos dejar el acullicu y la erradicación de hojas de coca, sustituyéndolos con otros cultivos.

Es decir que debió darse una disminución progresiva en 25 años hasta la desaparición del hábito que era considerado nocivo. La Convención de Nueva York determinó combatir el tráfico de drogas y realizar un censo sobre las plantaciones de coca y era prohibido realizar nuevos cultivos. Me refiero a 1962 y no se pudo hacer nada.

Ahora demos un salto. La dictadura de Hugo Banzer Suárez (1971-1978) ratificó su compromiso frente a la comunidad internacional y emitió la ley de Sustancias Controladas y Peligrosas. Esa primera ley atacaba directamente a las sustancias controladas y se creó la Dirección Nacional de Sustancias Peligrosas encargada de la producción de la hoja de coca. Además, se crearon otras instituciones como el Proyecto de Desarrollo Chapare Yungas que eran y siguen siendo; las principales regiones productoras de coca.

Recuerdo el PRODES que funcionó de 1975 a 1980. La idea era crear una base económica para promover la colonización de personas hacia esa zona. Se hizo un censo en el Chapare y había 40.000 personas en un área de 25.000 kilómetros cuadrados. El área estaba abierta a la colonización y entonces metieron sus narices de USAID, los norteamericanos.

La idea era que los colonizadores tengan servicios adecuados, nuevas tecnologías, crédito, había un plan quinquenal, créditos. Se habló de una inversión de 20 millones de dólares, la construcción de 200 kilómetros de caminos y la mejora de otros 200 kilómetros.

Es decir, para esa población de 40.000 habitantes había todo y el Chapare es una hermosa región, con bosques subtropicales, mucha agua, una región escasamente poblada. El Gobierno determinó el área de prioridad para la colonización. Así que comenzaron a ver que había una capacidad agrícola subutilizada, servicios limitados, mucha dependencia de la coca.

En 1976, con Banzer, el cultivo de coca era del 6% del total del Chapare. Había un 23% de plátano, un 11% de cítricos, un 4% de otros productos. El informe de los EEUU dijo, sobre los 40.000 habitantes de esta región que: “la mayoría son indios que hablan quechua y que no se adaptaron completamente al clima. El resto son entre 600 a 800 indios nómadas de raza aymara y familias aborígenes forzados a instalarse en áreas boscosas no colonizadas”.

Eso decía el informe de USAID, así que comenzaron a llegar al Chapare un montón de instituciones y a principios de los 80 ya se contaban 54 entidades nacionales, regionales, de desarrollo y todo se complicó.

En 1980 algunos nombres comenzaron a sonar muy fuertemente como Isinuta, Sinahota. Recuerdo un documental francés que mostraba que la gente vendía droga, a la luz del día, en las calles de Sinahota.

Por eso hubo ese golpe sangriento contra la presidenta Lidia Gueiler Tejada y ese totalitarismo alcanzó límites no previstos por el Gobierno de EEUU. El ministro de Gobierno Luis Arce –hoy preso en Chonchocoro– no sólo manejaba grupos paramilitares, sino que negociaba y fomentaba los cárteles del narcotráfico de forma directa.

¿Y se acuerdan del narcovideo que el capitán Paredes entregó a los medios de comunicación? Se veía a un general, un empresario y otras personas visitando en su casa al rey de la cocaína Roberto Suárez Gómez. Fue un escándalos de proporcionen insospechadas. El doctor Hernán Siles Zuazo envió al jefe de la lucha contra el narcotráfico, Rafael Otero, a negociar con él.

Roberto Suarez creó una leyendo al afirmar que tenía combatientes libios, aviones de despegue vertical y el combate al narcotráfico seguía sin éxito, y entonces en 1986, el recientemente elegido Víctor Paz Estensoro determinó detener a Roberto Suarez Gómez.

Ya en los años 90, recuerdo el plan de sustitución de cultivos y de desarrollo alternativo; se promovía la producción de aceites esenciales y de unos cinco a seis productos estrella. Había planes de impacto inmediato como ganadería, y los ministros Carlos Sánchez Berzaín y Víctor Hugo Canelas entregando fajos de dinero para que dejaran sus cocales y se dedicaran a otra cosa.

Las instituciones competían por ver quién tenía mejores logros porque les encantaba mostrarlo a la comunicad internacional y seguir recibiendo dinero. Cuando trabajaba en PAT, muchas autoridades pedían entrevistas para intentar demostrar lo bien que lo estaban haciendo en el Chapare. Era por conseguir más dinero de sus auspiciadores y claro, incauto, les dábamos cobertura y decían cualquier cosa.

Luego, los despidos de las minas llevaron al Chapare a miles de obreros –no solo intelectualizados sino también combativos–. Otros llegaron para buscar mejores condiciones de vida. Entre ellos llegó un muchacho llamado Evo Morales, un joven que le gustaba el fútbol y comenzó a ascender, luego a bloquear caminos y después, hace 13 años, alcanzar la presidencia de Bolivia.

Mario Espinoza O. es periodista

Tomado del programa De Nueve a 12, radio compañera