30/11/2018
Vuelta

De viejas y nuevas “megas”

Hernán Terrazas E.
Hernán Terrazas E.
Bastó que la COB revelara que negoció cuotas de poder con el MAS para sumarse a la campaña Evo/Alvaro 2019 y de inmediato otras organizaciones sociales comenzaron a hablar de “precios” con el todavía principal partido de gobierno.
Los micro y pequeños empresarios, los gremiales y los cooperativistas mineros también figuran en la lista de los que quieren más curules en la futura Asamblea Legislativa Plurinacional, alentados por la extrema generosidad con la que actúa el Presidente.

No hay que olvidar que, últimamente, Morales anda muy desprendido entregando vehículos a movimientos sociales aparentemente para asegurar lealtades en el mediano y largo plazo.


Al paso que va, el MAS, que había disimulado desde hace mucho su estructura de “mega” social, se podría convertir en una nueva Mega, al estilo de las que precisamente criticó en el pasado, porque los acuerdos y pactos que celebra con organizaciones sociales estarían basados en el cuoteo antes que en afinidades ideológicas.

Los pactos de otros tiempos, especialmente los de los primeros años de la democracia, sirvieron al menos para fortalecer la institucionalidad y resolver después los graves problemas económicos heredados de las dictaduras.

El presidente Hernán Siles representó la transición entre dictadura y democracia y Víctor Paz, cuyo gobierno fue también resultado de un acuerdo, fue el símbolo del ajuste y de la reforma del Estado.

Aunque polémica y cuestionada duramente desde la izquierda, la alianza de ADN y el MIR que hizo presidente a Jaime Paz Zamora representó para muchos también el cierre de viejas heridas. El primer gobierno de Sánchez de Lozada profundizó los cambios en la estructura del Estado y el de Banzer el impulso a la institucionalidad.

Los acuerdos fueron útiles hasta ese momento. Que se hayan desnaturalizado después ya es otra cosa.

Los pactos de hoy, esos que se concretan en medio de una gran parafernalia sindical y con la imagen del Che Guevara como fondo, no tienen otro objetivo que el de reproducir el poder por el poder mismo, o más bien por los beneficios que entraña, tal cual ocurrió con los últimos y patéticos intentos que se hicieron en el último gobierno de Gonzalo Sánchez de Lozada en 2002-2003, cuando casi todos abordaron el Titanic y se hundieron con él.

La “Mega- Social” que se va gestando ya no es resultado de la visión romántica de aquellos que pensaban que los ‘desheredados unidos jamás serán vencidos’ o que había llegado finalmente el turno de los que proclamaban ´Somos más´.

Tras casi 13 años de ejercicio continuo y a veces abusivo del poder, los románticos se volvieron bastante prácticos y los revoltosos conservadores.

La ‘frescura’de las imágenes y consignas que hicieron de Morales algo diferente y del MAS la insinuación del cambio parece haber desaparecido con el paso del tiempo, de la acumulación de casos de corrupción y de la ambición de poder que se desprende del desconocimiento de los resultados del 21F.

De los sectores que inicialmente acompañaron a Morales, los “genuinos” están fuera. Es el caso no sólo de algunos intelectuales de clase media, sino sobre todo de los indígenas del oriente y de muchos del occidente, para quienes la alternabilidad de poder es parte esencial de su cultura de representación. En eso, el actual Presidente demostró que tiene más de dirigente sindical que de indígena.


Morales, como antes Banzer, Jaime Paz Zamora y el propio Gonzalo Sánchez de Lozada no supo, o no quiso más bien apostar por la renovación dentro de su partido y la promoción de nuevos liderazgos, capaces de heredar la conducción y la representación electoral del MAS. Si esa actitud tuvo un costo para sus antecesores, no es difícil que lo tenga también para él.

La agenda del MAS parece agotada y su discurso de cambio sin insumos que lo sustenten. Del otro lado, la oposición no tiene mucho tiempo para construir una propuesta/agenda clara de futuro. Por ahora, todo es diagnóstico, pero es insuficiente.

Desde el lado de la ciudadanía, no se advierte un impulso de ajuste de cuentas, sino propuestas que reflejen el complejo y diverso tejido de expectativas de un país distinto al de hace doce años e inscrito en un entorno global con discursos diferentes, nuevos protagonistas y enormes desafíos.

Hernán Terrazas es periodista.




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