16/03/2019
Sin Máscaras

Chapare, territorio sin ley. ¿ Y su presidente?

Gregorio Lanza
Gregorio Lanza

El presidente Evo Morales presentó en Viena lo que es un modelo exitoso de lucha antidroga a replicar en otros países. Convengamos que el discurso se asiente en el relativo éxito del control de las extensiones de coca, que si bien aumentan, no llega a los niveles de Colombia o de Perú. Sin embargo, detrás de esos datos se oculta la convivencia entre productores de coca y pasta base del Chapare con los transportistas (avionetas y otros medios), los refinadores y exportadores de cocaína. Así, los “cocaleros” son parte de la cadena del narcotráfico, que además tiene la protección del Estado. 

Es una asociación ilícita que ha quedado nuevamente al descubierto con lo sucedido hace una semana en el municipio de Villa Tunari, donde los colonizadores del Sindicato San Rafael, en comunidad con sicarios de la nave, protegieron el despegue de una avioneta, hiriendo a efectivos de Umopar. A la semana del hecho, detuvieron a 10 comunarios y por las investigaciones se conoce que serían más miembros de la comunidad que estarían involucrados en el hecho.

¿Los detendrán un tiempo y cuando pase el escándalo, en unos meses, saldrán libres? ¿O será una señal para que efectivamente los cocaleros dejen de producir pasta base cuando se dan cuenta de que la enfermedad los puede devorar? Completo la trama: el operativo Halcón, realizado por las fuerzas antidroga, se dice encontró 12 pozas de maceración, algunas antiguas… y cuatro kilos de droga.

La primera pregunta que deben responder las autoridades es ¿cuál es la relación entre los comunarios del sindicato y los operadores de la avioneta? ¿Quiénes son propietarios de la pasta base que se trasladaba en esa avioneta? Si la respuesta es que son los “cocaleros” del Sindicato San Rafael, que además parece obvia, estamos frente a una nueva realidad que se ha ido gestando a lo largo de estos 13 años del gobierno del MAS, tiempo en el que se han producido sustanciales cambios en la producción de droga (tecnológicos) y en el rol de los actores de la producción.

Antes los cocaleros producían la coca y la vendían en uno de los siete mercados regionales que existían a lo largo y ancho del Chapare. Eran galpones donde vendedores y compradores realizaban la transacción. Los intermediarios (foráneos) una vez en poder de las bolsas de coca, la trasladaban –en vagonetas– monte adentro. Cuando llegaban al lugar escogido, armaban su pequeña poza de maceración con plásticos y estacas de madera. Entonces, seis o siete peones pisaban la coca, mezclándola con gasolina o detergentes y sacaban la pasta base.

En ese tiempo había una clara separación entre los productores de coca y los de droga, a diferencia de lo que sucede actualmente, cuando una mayoría de productores transforma su coca en pasta base, lo que aumenta su ingreso. El avance tecnológico, carreteras asfaltadas y energía eléctrica permiten una producción rápida y eficiente. Y no es que esos productores de coca sean perversos, sino que actúan como actores económicos racionales que buscan maximizar sus ingresos, más aún cuando el riesgo es menor, pues tienen la protección del Estado.

Los hechos nos muestran que estamos frente a la presencia de una republiqueta que tiene como epicentro el Chapare y que irradia a todo el departamento de Cochabamba, donde el año pasado se encontró el 50% de las fábricas de clorhidrato de cocaína, tal como señala el informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

En la realidad existe en el trópico una organización con mucho poder que controla todo lo que sucede. Los “cocaleros” no permiten la presencia de extraños, revisan lo que entra y sale, tal como señaló un efectivo de la Policía a un medio de comunicación. Estamos en realidad frente a un territorio sin ley.

El mayor problema radica en que estos “productores de coca”, que deberían ser asediados por la ley, tienen a Evo Morales como presidente de sus federaciones y del Estado Plurinacional y de esa manera el entramado de producción ilícita tiene su conexión directa con la cabeza del Ejecutivo. ¿Será este modelo de lucha contra el narcotráfico que el Jefe de Estado mostró en Viena ante las Naciones Unidas?

Después de todos estos sucesos, si el presidente Evo Morales quiere recobrar algo de credibilidad en su lucha contra el narcotráfico, lo primero que tendría que hacer es renunciar a su cargo de presidente de las seis federaciones de productores de coca, ¿no les parece?

Gregorio Lanza es economista con maestrías en políticas públicas.