21/03/2019
Informe Especial

20 casos de grave corrupción policial

Amalia Pando
Amalia Pando
Policías y ladrones, más ladrones que policías. La Policía protagonizó hechos muy graves que sobrepasan los delitos de robo, hurto y asalto, pasando a atentados contra la vida, asesinatos muy graves, violaciones. Este 2019 es el año en el que la corrupción que se fue incubando en la Policía de Evo Morales estalló en un sinfín de actos de corrupción que aparecen como noticias aisladas, pero todas suman un conjunto que tiene que ver con que la Policía ocupa esos cargos para el enriquecimiento ilícito.Solo en los últimos años existen alrededor de 20 casos de grave corrupción policial. Uno de los más destacados y que involucra a varios altos jefes de la Policía, sino al Comando Nacional en su totalidad, es el caso de ANAPOL, con cobros irregulares a los aspirantes a policías para que poder ingresar a esa institución. El estallido del caso refleja cómo la Policía no sólo educa a sus nuevos alumnos en la escuela de la corrupción; pero que la Policía –tan mal pagada– es un punto de atracción para los jóvenes, que podrían dedicarse a otras cosas pero que aspiran a la Policía porque existen ingresos irregulares.

Los jóvenes miran la gran oportunidad de ser policías para hacerse ricos. No es precisamente el sueldo el atractivo para ser policía, pero es el trampolín para hacer grandes negocios. La corrupción en la entidad existió desde que tenemos memoria. Pero nunca como ahora, porque ya es estructural, nunca los comandantes de la Policía habían sido involucrados de forma tan contundente.

Desde 2006 a 2015 encontramos nueve comandantes de la Policía involucrados en actos de corrupción. Entre ellos, el caso más grande fue el de René Sanabria, quien cayó detenido por la DEA como el traficante de las drogas número uno. Luego cayó Oscar Nina y su hijo, detenidos en 2015 por narcotráfico. Oscar Farfán fue acusado de clonación de placas y que vehículos incautados eran adjudicados a policías. Jorge Santiesteban es el primer campanazo de corrupción en el ingreso a Anapol. Alberto Aracena fue procesado en el sobreprecio en la compra de camisas. El siguiente, Luis Enrique Cerruto, cayó por 83 mil quintales de azúcar y arroz.

De ahí para adelante, todos los comandantes fueron acusados de corrupción. El más importante tiene que ver con Anapol y se constata que seguían negociando los cupos para el ingreso a la Policía. Se habla de que cobraron entre 10 mil y 18 mil dólares por postulante. De cada 10 aspirantes, siete pagaron. Hay 70 implicados y el cargo más alto, Adolfo Mendoza –otro comandante de la Policía– fue acusado de encubrimiento.

Una diputada denunció que la unidad de Lucha Contra el Narcotráfico, entre 2013 y 2018, de 46 licitaciones, 42 se las adjudicó la misma empresa. Se supone que ésta firma pagó coimas Debía hacer el mantenimiento de los vehículos. El ministro de Gobierno está conteniendo la información.

Otro caso tiene que ver con el contrabando. En Chile se dijo que robaban camiones y en el país se declararon como héroes nacionales. Sin embargo, una nota publicada en El Comercio de Lima afirman que agentes de la Policía boliviana quemaron dos camiones con sandías en Puno. El presidente de la comunidad dijo que los policías bolivianos confundieron los camiones de fruta con los de contrabando.

También está el caso de que dos ciudadanos chilenos encontrados muertos en la frontera. Un grupo de policías bolivianos les robaron el auto, los mataron y dejaron los cadáveres. Después de este hecho, la alcaldesa de Antofagasta dijo que la Policía incursiona a su territorio para robar vehículos. Parece una acusación injusta si no existiera el caso del coronel Rommel Raña, quien fue comandante de la Policía en Oruro. El subcomandante Agustín Moreno lo denunció de encabezar una red de corrupción que se encargaban de cobrar coimas a los camiones que metían contrabando. Además, para que los policías sean designados en esos puestos, debían pagar a Raña entre 5.000 y 10.000 dólares.

Entonces, el acusado Rommel Raña denunció que no sólo él está metido en esto, sino que todo el comando de la Policía de las gestiones 2018 y 2019 están metidos en el contrabando. Lo concreto es que no hay lucha contra el contrabando. Los ingresos de productos se pueden hacer solo con la venia de la Policía.

A esto se suma los bochornosos casos de violación en recintos policiales, que sobrepasan lo imaginable y lo tolerable. Las detenidas de las carceletas de Reyes y Rurrenabaque denunciaron que sufrieron continuas violaciones. En Rurrenabaque, la que tuvo el coraje de denunciar, es una joven brasileña de 21 años; en Reyes, dos jóvenes denunciaron a la Policía por violación y el caso no avanzó. Es decir que hay un encubrimiento.

El Gobierno le enseñó a la Policía a delinquir. Primero los comandantes son elegidos por lealtad y no por ser mejores del curso. No debe ser el abanderado del curso, sólo tiene que ser leal al Gobierno y eso le significará ascensos, el cargo de general y después ser comandante policial. Para ser leal, debe encubrir las fechorías del Gobierno.

Por ejemplo, en 2009 el Gobierno instruyó hacer un operativo en el Hotel Las Américas, la Policía se entrenó para ello e hicieron maquetas de cómo asaltar y matar. Todo fue encubierto por jueces y hasta ahora no hay sindicados.

En 2011 tras la represión en Chaparina se intentó acusar a 11 policías, pero todos quedaron exonerados. Quedó como culpable el excomandante policial, quien dijo que no se había roto la cadena de mando; y el que instruyó la represión, Víctor Maldonado, fue ascendido a comandante Policía.

El bloqueo en Panduro dejó al viceministro Rodolfo Illanes sin vida y cinco cooperativistas muertos. El comandante de la Policía, José Luis Aranibar, acusado de ser el responsable de la muerte del viceministro, dijo que recibió órdenes de Romero, aunque lo acallaron y el proceso no avanza.

La Policía está hundiéndose en el fango de la corrupción.

Tomado del programa Cabildeo

Amalia Pando dirige el programa Cabildeo, que se emite por internet