INASET | 16/03/2019

Los contradictorios rasgos estructurales del crecimiento

Una economía es saludable no por su tasa de crecimiento, sino por su capacidad de dar respuesta a las necesidades básicas de bienestar de la sociedad. Entre estas necesidades básicas, está el acceso a empleos dignamente remunerados para que las familias tengan los recursos suficientes para acceder, en condiciones de equidad y sostenibilidad, a los bienes y servicios que genera la economía.

El sentido común –y todas las experiencias registradas en la historia económica moderna, concuerdan en que, la capacidad de crear empleo e ingresos para las familias, requiere la existencia de una demanda efectiva para lo que el trabajo produce mediante el aparato productivo; por ello, es condición necesaria que la producción esté acompañada de los mecanismos directos de distribución del ingreso que aseguren a los empleados y a los trabajadores la capacidad de consumo compatible con los niveles de producción.

El grado en que se alcanza este “equilibrio dinámico” básico entre empleo-producción-ingreso-demanda-consumo es una medida de la salud de la economía, y del grado en el que el crecimiento se traduce en desarrollo.

Con este modelo conceptual como referencia, el Ensayo analiza el comportamiento de las cuentas nacionales del gasto y del ingreso, buscando identificar cambios en las tendencias que se puedan asociar a cambios en las políticas, y estimar el efecto de tales cambios en los indicadores asociados con la calidad social del crecimiento. 

En el período analizado (1990 – 2016), la demanda global interna es el factor de mayor incidencia en el crecimiento del PIB. Sin embargo, desde 2006 hay importantes cambios en el comportamiento de 2 de los 3 componentes de la demanda interna: con el gasto en consumo del Estado prácticamente constante en todo el período, cae el gasto en consumo de los hogares y, prácticamente en la misma proporción, aumenta la inversión. En las cuentas del ingreso, el excedente bruto empresarial permanece también relativamente constante desde 1990, pero a partir de 2006 las recaudaciones tributarias crecen en directa proporción a la reducción de la remuneración al trabajo.

La simultaneidad de estos dos hechos sugiere que, bajo el MESCP, el crecimiento tiene como base a la inversión pública, por el lado del gasto, y a la presión tributaria por el lado del ingreso. Pero, por la naturaleza regresiva de prácticamente todos los impuestos que se aplican en el mercado interno, la creciente presión fiscal ha reducido la participación de las remuneraciones en la distribución del ingreso, la que se ha reflejado en la caída del gasto en consumo de los hogares.

Este enfoque, si bien resulta en un “crecimiento contable” de la economía, tiene muchos efectos negativos en la calidad –y sostenibilidad del crecimiento. Por ejemplo, con los datos oficiales, el Ensayo muestra que:

·  la relación entre el ingreso nacional destinado a la remuneración al trabajo respecto al excedente empresarial, lejos de aumentar, ha caído significativamente, con lo que aumenta la desigualdad;

·  la producción nacional tiene cada vez menos participación en la oferta total en el mercado interno, lo que señala que no ha mejorado la diversificación productiva ni la creación de empleo productivo formal;

·  el incremento de las recaudaciones tributarias afecta (“casi”, en el mejor de los casos) exclusivamente el ingreso neto disponibles de los empleados y de los trabajadores (asalariados o autoempleados) mientras que el excedente bruto de las empresas se mantiene constante; y,

·  la eficiencia (la “productividad”) de las inversiones públicas financiadas con la presión tributaria creciente es menor que en los modelos precedentes, lo que sugiere que tampoco está contribuyendo a fortalecer la capacidad productiva interna.

Estos resultados son fuertes indicios de la falta de capacidad de la economía para reducir la pobreza, para eliminar la informalidad, el subempleo o el cuenta-propismo forzado en actividades de baja productividad que el neoliberalismo promueve –bajo el eufemismo de emprededorismo– como forma de ocultar la incapacidad estructural de la economía para generar oportunidades de empleo digno.

Finalmente, es indudable que la expansión nominal de la economía boliviana entre 2005 y 2015 supera episodios previos de bonanza en los últimos 70 años, pero también es cierto que a pesar de haber tenido episodios de alto desempeño, Bolivia se mantiene entre las cuatro menores economías de América Latina (es la menor en Sudamérica), y los avances en la reducción de la pobreza que el auge de precios trajo a toda la región, parecen haberse frenado o estarían en peligro de reversión, como concluye el Ensayo precedente. 

El modelo de crecimiento vigente concentra ingresos en el Estado y en las empresas (sean públicas o privadas) a costa de los (auto) empleados y trabajadores, formales o informales pero, en general, la reciente bonanza no ha roto las tendencias estructurales históricas asociadas a la persistente pobreza, desigualdad y estancamiento: el extractivismo, la precarización del empleo y concentración del ingreso, no solo persisten, sino que se han acentuado en algunos aspectos.

Estas son “luces de alarma”; los efectos estructurales del actual modelo de crecimiento, al no haber roto tendencias estructurales, exponen contradicciones básicas en los discursos políticos y en sus justificaciones académicas (conclusiones de estudios similares han sido comunicadas regularmente a niveles de gobierno en los últimos 25 años).

Pero a pesar de la contundencia de los datos, para significativos sectores de la sociedad, nunca antes hubo tanta estabilidad económica ni tanto acceso a los bienes y servicios, por lo que tienen una muy agradable “sensación térmica” del actual estado de situación. Con esta percepción, ignoran o ponen en duda todas las opiniones y datos que la contradicen, negándose a ver los peligros que implican las tendencias reales.

Para quienes entendemos que la frustración es el resultado natural del optimismo infundado, y que conocer el problema es 90% de la solución, el Ensayo nos alienta a buscar alternativas; y para quienes prefieran no “hacer olas” que perturben la placentera sensación térmica, debería recordarles que mientras el agua se caliente lentamente, las ranitas en una olla no harán ningún intento de salir para evitar convertirse en sopa.

Documentos adjuntos

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